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21/11/2012 12:16 CET | Actualizado 21/01/2013 11:12 CET

Irán tiene la culpa de lo que pasa en Gaza

¡Alto! No se me echen encima. Es solo un titular para llamar la atención. La culpa de lo que pasa en Gaza la tiene Hamás, como responsable político de la Franja y por haber disparado -o haberlo permitido- un buen número de cohetes y la tiene Israel, por una reacción abrumadoramente desproporcionada.

¡Alto! No se me echen encima. Es solo un titular para llamar la atención. La culpa de lo que pasa en Gaza la tiene Hamás, como responsable político de la Franja y por haber disparado -o haberlo permitido- un buen número de cohetes y la tiene Israel, por una reacción abrumadoramente desproporcionada. La culpa la tienen los de siempre pero, a menudo, no solo ellos.

Ya se sabe que la bestia negra israelí estos días -estos últimos años- es Irán. Neutralizado el terrorismo palestino por un muro ignominioso, pero tremendamente eficaz, dividido y debilitado el frente político de la Autoridad Nacional Palestina y con carta (casi) blanca de cara a Estados Unidos, Israel tiene ahora en el régimen pre-nuclear de los ayatolás identificado al enemigo; un enemigo que, además, está convencido, supone una amenaza directa a su supervivencia.

Los meses pasados han visto una escalada de tensión entre Irán, Israel y Estados Unidos a cuenta del programa nuclear iraní pero las diversas citas electorales han generado una cierta tregua. La primera, claro, las elecciones americanas. Pese a las innumerables embestidas de los halcones republicanos, ni el presidente Obama ni Estados Unidos podían permitirse en estos momentos otra aventura bélica. Luego vendrán las israelíes. O no. Benjamín Netanyahu decidió adelantar la fecha nueve meses, al 22 de enero de 2013. La excusa ha sido la imposibilidad de aprobar el presupuesto para el próximo año, que deberá incluir medidas impopulares. En las próximas horas sabremos si se mantiene la cita o no: si triunfan los esfuerzos negociadores de Egipto y sus apoyos para declarar un alto el fuego, habrá elecciones en enero; si por el contrario fracasan y el ejército israelí acaba invadiendo por tierra la Franja, habrá que posponerlas. Nadie quiere ir a votar con los muertos propios tan frescos en la memoria.

En junio, por último, los iraníes acudirán a las urnas para elegir presidente. Las sanciones económicas impuestas por Occidente parecen haber comenzado a dar sus frutos -al menos en el terreno financiero, con la depreciación del rial en más de un tercio de su valor-, pero no está claro que sus efectos se mantengan a medio plazo. En lo que sí están de acuerdo todos los ciudadanos del país es en su independencia y su derecho a desarrollar la tecnología nuclear dentro del marco del Tratado de No proliferación suscrito por Irán y no por Israel, por cierto, una prueba más del doble rasero de la comunidad internacional ante ciertos temas. De momento algunas voces cercanas al poder ya han optado por empezar a bajar el tono de la confrontación. Una incógnita no menor es quién sustituirá a Mahmud Ahmadineyad en la carrera electoral, ya que la constitución iraní no permite un tercer mandato.

En este contexto, algunos malpensados creerán que en realidad lo que ocurre es que Israel necesita mantener la tensión, y que al no poder centrar su atención en Irán, han vuelto la cabeza a sus más cercanos vecinos. Razones no les faltan. Además, algunos de los cohetes lanzados desde Gaza son, según el ejército israelí, Fajr5 de fabricación iraní. Ahí acaba la vinculación real entre Irán y este conflicto específico.

Pero es cierto que detrás de todo ello también hay un complejísimo juego de intereses y de lucha por el poder dentro del propio Hamás, entre Hamás y las diversas milicias que operan en la Franja, entre Hamás y la ANP, y entre Irán y su satélite en Líbano, Hezbolá, y su pupilo en Gaza, Hamás. Todo ello agudizado por el conflicto en Siria, que ha alterado por completo el equilibrio de poder regional dominante en las últimas décadas, y por la decisión de Mahmud Abbas de romper la parálisis del proceso negociador con Israel y presentar su solicitud ante la ONU para ser admitido como "Estado no-miembro". A todo esto, como siempre, la Unión Europea ha emitido grandilocuentes llamadas a la paz y poco más. Si llega a celebrarse, la próxima votación en la ONU -pese a las amenazas directas por parte de Netanyahu y pese a que Estados Unidos ha manifestado su absoluta oposición a la idea- volverá a contar con el voto de los 27 bien repartido entre todas las opciones posibles: si, no, abstención. ¿Quieren que hagamos una porra?

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