El alquiler se comía su sueldo, así que ahora cuidan una isla de 4 habitantes y 500 ovejas y ahorran la mitad de lo que ganan: "Queríamos estar cerca de la naturaleza y vivir de forma sostenible"
Una joven pareja galesa relata su radical cambio de vida tras abandonar la ciudad para instalarse en un remoto paraje natural.

El mercado inmobiliario español lleva varios años con unos precios exorbitantemente altos. Una asfixiante realidad que ha provocado que las nuevas generaciones tengan serias dificultades a la hora de independizarse y sostenerse financieramente. Para muchos jóvenes, el simple hecho de comprar o alquilar una vivienda digna en la ciudad se ha convertido en una misión prácticamente imposible.
Ante este panorama, no son pocos los que han decidido dar un giro radical a su estilo de vida para esquivar el enorme pozo sin fondo que supone el pago de un alquiler. Y es que la crisis de la vivienda no es un problema exclusivo de nuestro país.
A través de un reportaje publicado recientemente por el diario británico The Sun, se ha dado a conocer la historia de una joven pareja en Gales que ha decidido hacer las maletas e instalarse en una zona rural aislada para fulminar los gastos de su hogar. Gracias a esta decisión, ahora ambos ahorran casi la mitad de sus respectivos sueldos.
Un anuncio de trabajo que lo cambió todo
os protagonistas de esta aventura son Lois y Aron Llywd, dos jóvenes que hasta hace poco vivían inmersos en la rutina de Cardiff y que ahora residen en la remota isla galesa de Ynys Enlli, un minúsculo paraíso terrenal que cuenta con un censo de apenas 4 habitantes y unas 500 ovejas.
El punto de inflexión llegó cuando la pareja se topó por casualidad con una peculiar oferta de empleo que rezaba el siguiente mensaje: “Se necesitan guardas de la isla para el mantenimiento de jardines y 10 casas rurales de vacaciones a cambio de una vivienda gratuita y un salario”.
Los jóvenes no se lo pensaron dos veces, se lanzaron a la piscina y comenzaron una nueva etapa vital lejos del asfalto. Lejos de arrepentirse, la pareja no oculta su inmensa felicidad tras la mudanza. “Siempre habíamos soñado con vivir de forma autosuficiente. Queríamos estar cerca de la naturaleza y vivir de forma sostenible”, explican.
Desconexión mental y nuevas aficiones
Esta experiencia inmersiva ha alterado por completo su perspectiva del mundo. Ahora, confiesan ser muchísimo más conscientes del valor de los recursos naturales. “Ahora sé exactamente de dónde provienen nuestra agua y nuestra electricidad, y soy cuidadoso con la cantidad que usamos porque es un recurso precioso”, apunta.
Por último, destacan que vivir a kilómetros de distancia del estrés urbano se ha traducido en un alivio impagable para su salud mental, regalándoles un tiempo libre de calidad que antes ni imaginaban
“En la ciudad, rara vez tenía la tranquilidad mental para sentarme a aprender cosas nuevas durante horas. Desde que me mudé aquí he aprendido a tejer, a hacer telares, a hacer cianotipias [una técnica de impresión fotográfica artesanal] e incluso a tocar el banjo”, concluye.
