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Historia de una escalera: el testimonio de tres años de viaje hasta saltar la valla de Ceuta

02/03/2014 09:32 CET | Actualizado 02/03/2014 13:31 CET
GTRES

Esta es la historia de una persona que subió una escalera. Y de lo que le ocurrió durante los tres años que lo estuvo intentando.

Mahmud Traoré ocupó titulares en 2005. No con su nombre y apellido, sino como los que ocupan ahora los protagonistas de los asaltos -o saltos- a la vallas de Ceuta y Melilla o las de aquellos que tienen algo más de dinero y se la juegan en una patera, a veces previo pago de miles de euros. "La valla es la solución de los más pobres", dice este senegalés al otro lado del teléfono, desde Sevilla.

"La imagen de Europa ahí es como la imagen de África aquí: pobrecitos niños que no comían de pequeños y vivían con leones, y no tenían madre o padre y con moscas en los ojos y ayúdales por favor. La de Europa allí es un cochazo, playita, mujeres guapísimas...", responde a El HuffPost. Y afirma que ha querido compartir su historia porque "los peligros de la emigración empiezan desde que cruzamos el desierto, no al atacar la valla".

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partir para contar Portada de Partir para contar. En la foto, Bruno Le Dantec y Mahmud Traoré

Partir para contar (Ed Pepitas de Calabaza) empieza en 2002, cuando poco antes de cumplir 20 años se marcha de su casa familiar. Se va sin despedirse de su madre, que no le apoya en el viaje, y que morirá mientras él sobrevive como clandestino. Escrito a partir de una serie de entrevistas por el periodista Bruno Le Dantec, cuenta las etapas de la emigración subsahariana rumbo a Europa.

[PDF con las primeras páginas del libro]

Durante casi toda la travesía se moverá en grupos. Por economizar gastos y por seguridad. Al llegar a cada punto buscar "hogares" con su gente, casas gestionadas por emigrantes que suelen estar organizadas por nacionalidades y en las que manda el que más tiempo lleva. "Los hogares y los guetos están vinculados de una ciudad a otra. cada nacionalidad teje sus propias redes, sus itinerarios y sus contactos locales", explica en el libro.

Será explotado, humillado, robado y maltratado, también por otros emigrantes. Antes de finalizar su viaje, habrá cruzado y visto morir a compañeros en el Sahel, el Sáhara, Libia y Magreb. Descubrirá el racismo hacia su piel negra en el norte de África: "Hasta en la mezquita nos miran mal y nadie quiere rezar a nuestro lado en la alfombra". En cada etapa trabajará para costearse la siguiente. Y todo lo que le pasa en el camino será lo que le hará intentar una y otra vez subir la escalera y cruzar una frontera con vallas con cuchillas.

Cuando ya esté a las puertas de España no conseguirá cruzar a la primera. Será deportado hasta tres veces al desierto de Argelia ("te dan una palmada en la espalda y te dicen ¡vuelve cuando quieras!"), desde donde tardará dos semanas en volver a pie de la escalera. Primero lo intentará en Melilla, después en Ceuta. Eso, tras meses de "vida salvaje", con días enteros sin comer. "No somos tontos. Sabemos que puede haber muertes al intentarlo. Pero has pasado por todo eso antes... ". Lo conseguirá en septiembre de 2005, cuando participará en un salto masivo con la esperanza de que "el sacrificio de algunos garantice la victoria de la mayoría", como recoge en su libro.

Y así, en un relato plagado de anécdotas y en el que intercala breves pasajes sobre su pasado, sobre su vida antes de ser clandestino, Traoré desgrana todo lo que no cabe en los titulares. Pasan 100 páginas del libro -son unas 250- antes de que diga que por primera vez se siente tratado como un ser humano. Porque también se cruza con gente buena, con personas que le abrirán las puertas de su casa o le darán ropa y comida e incluso otros "pobres entre los pobres" que le ayudarán.

"SI SUPIERAN QUE VAN A ACABAR EN UN CAMPO DE PLÁSTICO..."

"Hay muchos de nosotros que cuando llegan quieren pasar página, por el dolor de la experiencia, los maltratos... No quieren hablarlo. Y tienen mucho rencor en el corazón. Y no pueden ser amigos de un marroquí por lo que les pasó allí. Y no son capaces de abrirse con la gente de aquí. No tienen confianza porque no la han podido coger", explica por teléfono. "Me jodía lo que escuchaba sobre inmigrantes en la televisión o en los bares. Hay mucha hipocresía. Es importante hablar de lo que pasa antes de la frontera. En Marruecos te hacen firmar papeles que son lo mismo varias veces, nos multiplican haciendo mucha foto. Luego dicen que han repatriado a muchos más y eso es financiación de la Unión Europea ", dice.

Acaba de completar una formación de tres años como carpintero. Sigue intentando regularizar su situación y busca trabajo mientras le salen apaños para ir tirando. Si se ve muy desesperado pide ayuda a otros amigos instalados en España porque, de momento, no piensa en volver a Senegal.

En el libro indica que no quiere formar parte de ese efecto llamada de espejismos. Incluso le cuesta discusiones con su hermano, que lleva años amenazando con seguirle, sobre todo cuando Traoré no tiene dinero que enviar a casa. "No quiero cerrarle a nadie la puerta, a esos chavales, porque yo he estado ahí y quería mejorar. Pero en el camino, si alguien me hubiera informado, me hubiera preparado de otra manera", dice. Y añade: "La mayoría no quiere trabajar en el campo. No lo quieren hacer en su tierra. Si supieran que van a acabar en un campo de plástico igual no vendrían".

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