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Martin Schulz, candidato socialista a presidir la Comisión: librero, eurodiputado y ambicioso

21/05/2014 07:34 CEST | Actualizado 21/05/2014 11:58 CEST
GETTY IMAGES

No puede decirse que la candidatura de Martin Schulz a presidir la Comisión Europea haya pillado a nadie por sorpresa. Desde que hace cinco años los populares y socialistas se repartiesen la presidencia de la Eurocámara, este alemán militante del SPD, librero y parlamentario europeo desde 1994 se colocó en la línea de salida de una carrera que está a punto de terminarse.

Schulz (1955, Eschweiler, cerca de Aachen) lleva cogiendo impulso dos años y medio. Como presidente del Parlamento Europeo, el "otro alemán de Europa", como lo definen algunas publicaciones en contraposición a Angela Merkel, nunca ha ocultado su proyecto y ganas de convertirse en el presidente de la Comisión, el verdadero Ejecutivo comunitario.

Schulz habla alemán, francés e inglés con fluidez, y tiene nociones de otras lenguas, como el español. Es vehemente y a veces colérico. Hace gala de un lenguaje más fluido y directo que muchos de sus compañeros de partido, pero es un europeísta con mucha carrera en el establishment comunitario. No en vano lleva 20 años como eurodiputado y fue ocho años presidente del grupo parlamentario socialista, por lo que ha sido clave en muchas de las decisiones tomadas con el consenso de otros grupos durante la crisis económica o la construcción europea.

Jefe de filas del SPD en la Eurocámara desde el año 2000, ha leído mucho, pero no tiene carrera universitaria. De pequeño quería ser futbolista hasta que una lesión lo apartó del camino a la Bundesliga. En la localidad de Würselen fue librero durante doce años y alcalde durante otros doce.

Su momento más mediático en la Eurocámara, donde despliega una agenda frenética, fue en 2003. Un discurso en el plenario de Silvio Berlusconi, entonces presidente de Italia, desató el malestar de los eurodiputados, siendo Schulz la punta de la lanza contra la arrogancia del cavaliere. La respuesta de Berlusconi fue todo un trampolín para el hoy candidato a la Comisión

"Señor Schulz, sé que en Italia hay un productor que está trabajando en una película sobre los campos de concentración nazis. Le vería bien en el papel de capo. ¡Sería usted perfecto!"

La respuesta del muy alemán Schulz, que había acorralado a Berlusconi por su política, aliados e intereses privados, fue no responderle "por respeto" a las víctimas del Holocausto.

Sus críticos lo acusan de practicar la oratoria pero no lo que predica y de ser muy dócil con Angela Merkel, sensible a los intereses de EEUU en Europa y de practicar un parlamentarismo pragmático y dogmático. No en vano, Schulz es un creyente convencido en la Eurocámara como institución democrática y uno de los mayores defensores de las candidaturas a la presidencia de la Comisión, estrenadas con estos comicios.

Su discurso socialdemócrata ha sido defendido con pasión desde las filas socialistas y habilidad desde la presidencia del Parlamento y ha sabido sacarle jugo a un cargo hasta entonces meramente ornamental y protocolario. Lleva dos años viajando a los países de la UE, dando entrevistas y prometiendo "cambiar Europa" para ponerla al servicio de los ciudadanos.

Asegura sin rubor que no son los electores quienes han abandonado a los socialistas, sino al revés, y promete como residente de la Comisión "dejar de hablar de miles de millones" y más de las necesidades concretas de los ciudadanos.

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