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Luis Landero: "Lo de Cataluña no hay quien lo pare"

04/10/2014 10:03 CEST | Actualizado 04/10/2014 10:03 CEST

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Una venda aparatosa cubre la mano derecha del escritor Luis Landero (Alburquerque, 1948). “Me la dañé en un combate contra un adjetivo rebelde”, esgrime entre risas. Toda la conversación está trufada de referencias a libros, personajes novelescos y citas de obras maestras de la Literatura.

Se siente satisfecho de su último libro, El balcón en invierno, una novela que contiene mucha memoria y toneladas de literatura. También lo está de Juegos de la edad tardía, de la que no modificaría ni una coma, y no tanto de Caballeros de fortuna, su segunda incursión en la novela.

Sostiene con un punto de coquetería que se acerca a “la edad provecta” —pese a tener 66 años—, y se muestra melancólico al auscultar la España de 2014. No le gusta lo que ve.

Habla lento, pensando mucho las respuestas. Cuidando, mimando, el lenguaje.

EL INVIERNO DE LA EDAD

“Quizás sea una privilegio poder contar la vida desde el balcón de invierno, desde el invierno de tu edad. Contar la vida cuando uno está llegando a una edad provecta, que es ese momento en el que puedes tener una visión panorámica. Tengo 66 años, pero seamos realistas: me acerco a los 70, y de ahí a la edad provecta no hay tanto”.

LA VIDA

El balcón en invierno estaba escrito secretamente dentro de mí y sólo hacía falta pasarlo a limpio. Lo he escrito a lo largo de la vida, aunque apenas tardase seis meses en terminarlo. Mientras lo escribía tenía una sensación de existencialidad, de que lo que escribía era lo que tenía que escribir, que eran las cosas más justas y más puras de lo que ha sido mi vida. A media que me iba acercando al final iba viendo mi vida desplegada: la infancia, la adolescencia, mis padres, mi abuelos… Fue como si todas las piezas de mi vida, que ha sido un poco caótica, hubieran tomado sentido”.

CUMPLIR LOS SUEÑOS

“Uno nunca está del todo conforme con su vida y siente nostalgia de lo no vivido. Me hubiera gustado ser guitarrista, ajedrecista, científico aventurero, me hubiera gustado vivir muchos tipos de vida. Pero en realidad la del escritor es la que contiene todos estos tipos de vida. Es un oficio muy consolador de ese afán que uno tiene por apurar la vida, de vivirla de muchas maneras, de decir esto dura un rato y me gustaría que la vida tuviera muchos argumentos, como en el cine. Me gustaría haber sido el cazador del rey Salomón. O detective privado, estilo Marlowe. El desnivel entre lo que uno desea y lo que acaba teniendo es desmesurado".

LA NOVELA BUSCADA

"Cuando escribes una novela quieres superar El Quijote, eres muy ambicioso, aspiras a meter mucho mundo. Pero una cosa es la novela que tienes en la cabeza y otra la que luego nace. La vida es así: sueñas con algo maravilloso, es la condición humana. Y luego la realidad te pone en tu sitio. Uno pelea por sus sueños, aunque generalmente no se cumplen. Fracasado es el que no intenta las cosas. Del Quijote nunca diríamos que es un fracasado".

HARTAZGO DE LA FICCIÓN

"Sí, he pasado por esa fase. Puntualmente aparece el desánimo y una de las fases es que no te gusta la ficción, ¡incluso no te gusta la vida! Que no estés satisfecho con lo que escribes, pasar de la euforia al abatimiento, es muy propio del escritor, sobre todo para los que somos personas inseguras. Es la cosa más normal del mundo, lo hablo con otros escritores y a todos nos sucede igual".

LA ESPAÑA DE 2014

"El panorama social es sombrío. Por la crisis, por el paro, por los niños desnutridos… es escandaloso que no coman debidamente, es de locos. Encuentro una sociedad poco luchadora, con poca conciencia, incapaz de rebelarse, de gritar contra ese sistema corrompido en el que vivimos. Es una sociedad cómplice de todos los pecados, existe un mal gusto generalizado por todas partes. En este país hemos ido tumbos por la historia. Sí ha habido momentos de racionalismo, de ilustración. Cuando llega la Transición nos miramos en el espejo y nos vemos guapos, pero es todo un sueño porque ha vuelto la España eterna, la cainita, la clerical, dominada por los valores más rancios, el mal gusto, el caciquismo, los viejos pecados, defectos y vicios de este país que parece que no tiene remedio".

LOS INTELECTUALES

"El papel del intelectual no sirve para nada, ha dejado de ser escuchado del mismo modo que se ha desprestigiado el papel del profesor, del crítico literario, del cura… Se ha producido un desprestigio generalizado de las humanidades. El intelectual ha sido reemplazado por el opinador. Hoy la gente se guía por lo que escucha en la tertulia de la radio, de ahí el éxito de algunos políticos y partidos. Vivimos instalados en la actualidad de forma compulsiva y ahora opinamos muchos, porque para opinar no necesitas pensar".

LOS LECTORES COMO CRÍTICOS

"En la literatura se ha aplicado ventajosamente el término de democracia, se ha utilizado de forma perversa defendiendo que se puede elegir tanto a Dostoievski como a Corín Tellado, del mismo modo que se puede elegir entre Coca-Cola y Pepsi. Tiene que haber algo prescriptivo, un canon, unos referentes. Ahora vivimos en un totum revolutum en el que vale igual Schopenhauer que Luis Rojas Marcos. La cultura era pobre en tiempos, no producía mucho dinero, pero llegaron los grandes medios y pasó a ser rica y a ser gestionada por la gente del marketing. Y el dinero impone sus reglas: todo lo abarata y vulgariza y crea el espejismo de que todos somos consumidores. ¿Dónde están los orientadores, los educadores?".

LA FIGURA DEL PADRE

"Aunque ya no esté lo preside todo. Si no fuera por él no hubiera sido escritor, a él le debo todo, se sacrificó mucho por mí. Tenía ambiciones para sus hijos y por eso emigramos a Madrid. Lo que pasa es que mi padre era muy mal pedagogo, quería que fuera alguien, pero ya. Recuerdo que a los cinco años me preguntó qué quería ser de mayor, inocularme una especie de ambición, de afán... “Qué quieres ser, cuenta conmigo, lo que quieras…”, me decía. Teniendo en cuenta que yo estaba a lo que estaba, que me encantaba la vida golferas del barrio, hubo un desencuentro evidente".

EN POCAS PALABRAS

  • Libro electrónico: “Una oportunidad”.

  • Pablo Iglesias: “Prometedor y difuso. No tiene precio como agitador. Ha removido la charca infecta de la política española. Fuera de ahi me parece confuso y difuso”.
  • Pedro Sánchez: “Es como una pieza de Lego”.
  • Felipe VI: “Me inspira ternura, porque intenta agradar a todo el mundo y todo el mundo le mira como diciendo ‘¡de qué va a este!’”.
  • Cataluña: “Estoy no hay quien lo pare. La tribu nunca estuvo cohesionada en España. Si acaso lo estuvo durante la Transición, pero ahora se ha desmadrado”.
  • 50 sombras de grey: “No la he leído”.
  • Juegos de la edad tardía: “Saber que lo he escrito es un consuelo porque ahí metí muchas de mis inquietudes, de mi mundo. Y eso me ha liberado, me ha pacificado”.
  • José Ignacio Wert: “Habría que repetir la frase de Unamuno de ¡Vaya melonar! Le veo en una película de los hermanos Cohen haciendo de mafioso. Que sea ministro de Educación es una cosa completamente surrealista, porque no tiene nada que ver ni con la educación, ni con la cultura ni con nada, no sé de dónde ha salido este hombre”.

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