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Snapchat explicado a mayores de treinta como si fueran niños de diez

29/04/2016 21:48 CEST | Actualizado 14/06/2016 18:17 CEST

Snapchat tiene una doble capacidad para aquellos que no son millennials. Por un lado, hacernos sentir en la onda, rejuvenecer unos años, notar que formamos parte de la modernidad más avanzada. Por otro lado, es capaz de frustrarnos, de hacernos sentir viejos a los 30, viendo cómo chavales imberbes manejan a la perfección una aplicación en la que nosotros no somos capaces de dar una. "¡Pero si yo fui pionero del Messenger en 2º de BUP!" Ok, serenidad. Empecemos por el principio.

¿Para qué sirve realmente Snapchat?

Snapchat es, ante todo, una red social y aplicación de mensajería. ¿Y qué la diferencia de Facebook, por ejemplo? Que el contenido es efímero. Nada dura más de 24 horas en ella.

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Tenemos una doble opción con Snapchat: o bien usarla para comunicarnos con nuestros amigos de forma privada mediante texto, fotos o vídeos (y el mensaje se borra una vez visto o leído), o bien usarla para compartir Historias (fotos o vídeos, con texto o filtros superpuestos si se desea) con todo aquel que nos siga. En este segundo caso, las historias se borran a las 24 horas de su publicación, automáticamente, salvo que nosotros queramos hacerlo antes.

¿Cómo funciona exactamente?


Y la pregunta más importante… ¿qué demonios comparto en Snapchat?

Snapchat parte de la premisa de la inmediatez, pero también de lo efímero. Al contrario que en Instagram, las fotos y vídeos que compartamos serán eliminadas y nadie podrá volver a verlas al día siguiente. Esto tiene una consecuencia natural en la forma en que utilizamos Snapchat: todo es más espontáneo, menos trabajado. Es bastante normal repetir varias veces una foto antes de subirla a Instagram, y pasar unos cuantos minutos editándola, probando filtros, modificando ajustes. Esto apenas existe en Snapchat: todo es para ahora mismo, de forma rápida. Para qué preocuparse en perfeccionar algo que morirá en 24 horas. Siempre hay excepciones, claro, pero el comportamiento normal suele ser más improvisado.

Hay quien comparte sus avances en el gimnasio, sus recetas, sus outfits, sus opiniones sobre la actualidad, sus noches de fiesta o desenfreno o simplemente su día a día en general.

Sobre una red social que todavía es joven no hay nada escrito, y es un gran lugar para experimentar. Con una ventaja sobre Facebook o Twitter: nada queda indexado en Google, nada queda a la vista de cualquier usuario, y todo es eliminado a las veinticuatro horas de su publicación. Con Snapchat, la privacidad colectiva ha dado un buen paso hacia adelante.

Un reportaje de Javier Lacort e Hipertextual

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