POLÍTICA

"Simplemente, Raúl no era mío"

La historia de Nikki, vientre de alquiler de una pareja española

22/03/2017 07:39 CET | Actualizado 22/03/2017 12:01 CET

"Dios me dio la habilidad de tener embarazos sencillos por una razón. La maternidad subrogada es una forma de usar ese don".

De esa manera tan sencilla, Nikki Kuska, estadounidense de 36 años y residente en Chicago, decidió volver a gestar. Ya había traído al mundo a cuatro hijos en tres partos: Carter, de 8 años; Marie, de 7 y las mellizas Alice y Dorothy, de 5. Pensó que, si ella podía ayudar a alguien a cumplir su sueño de ser padre, eso era justamente lo que debía hacer.

"Cuando estaba embarazada de mis hijos", cuenta a El Huffington Post en una entrevista por email, "mis amigas siempre me tomaban el pelo con que ya podía yo tener los bebés de todas ellas. Me encanta la etapa del embarazo, para mí han sido siempre sencillos".

Así fue como la expresión "maternidad subrogada" apareció en la vida de Nikki, su marido Matt y sus cuatro hijos.

Nikki Kuska

"Una vez que pensé en llevar a cabo una gestación subrogada, empecé a buscar cómo es el proceso".

En la familia de Nikki lo vieron igual de claro que ella. Sólo dudaron sobre cómo sentaría una nueva gestación a su cuerpo. "Mi familia me apoyó en todo momento. Por supuesto que tenían un montón de preguntas. Quien lo pasó mal fue mi padre porque mi hermano había muerto de repente un poco antes de que me hicieran la transferencia del embrión. Y mi padre estaba muy preocupado con mi salud y con cualquier complicación que se pudiera presentar durante el embarazo".

Una vez que Nikki tomó la decisión de convertirse en gestante subrogada, el asunto pasó de ser un ideal de ayuda a una cuestión de pura burocracia.

"Cuando elegí la agencia de subrogación, tuve que mandarles el historial médico de mis tres embarazos. También pasé un examen de salud mental y una entrevista personal. Y vinieron a casa a hacer una inspección. Cuando encontraron una pareja que quería ser padres, tuve que hacerme más pruebas médicas, incluida un ultrasonido para comprobar el estado de mi útero".

Desde que Nikki empezó con sus pruebas hasta que oyó por primera vez los nombres de Agustín Pérez y Antonio Valverde pasó sólo un mes. Ambos, periodistas, llevaban ya tiempo queriendo ser padres. Se plantearon la adopción nacional e internacional. Pero en España las listas de espera están cerradas y, siendo una pareja homosexual, la adopción internacional está muy limitada, igual que la gestación subrogada. Al final, la pareja optó por este método en Estados Unidos, el único país que regula de manera exhaustiva los vientres de alquiler. En España esta práctica es ilegal, aunque se permite registrar a los bebés nacidos por este método si se cumplen ciertos requisitos.

"Nuestro primer contacto", cuenta Nikki, "fue por Skype. ¡Estaba muy nerviosa! Para dejar las cosas claras, hablamos de varios asuntos como cuántos embriones se me iban a implantar".

A partir de ahí, el embarazo de Nikki fue tan bien como el de sus propios hijos: "Fue todo de maravilla. Físicamente no noté ningún cambio respecto a los anteriores", explica. "Mentalmente, fue muy diferente. Yo estaba emocionada con que el embarazo fuera bien, sobre todo por Antonio y Agus, pero no me hacía todas las preguntas que una madre se hace cuando está gestando a sus propios hijos. Cosas como ¿a quién se va a parecer el bebé? ¿Cómo será tener un miembro más en la familia? Mi atención no estaba puesta en hacer planes con el bebé y su futuro. Estaba centrada en que Raúl estuviera sano los 9 meses que iba a estar conmigo".

Nikki Kuska

Desde entonces, nació una relación entre Nikki, su propia familia y la pareja española que fue más allá de los muchos contratos que tuvieron que firman y que regulaban, punto por punto, cada paso de la gestación.

La pareja española viajó a Estados Unidos un mes después de aquel primer contacto por Skype. Se conocieron en persona en la agencia que había tramitado todo el proceso. "Ese día", cuenta Nikki, "sentí que podíamos haber estado hablando durante horas. Fue todo muy sencillo. Luego volvieron a EEUU para la prueba de ultrasonido que me hicieron en la semana 20 de embarazo y también fue estupendo. Vinieron a casa y, por primera vez, estuvieron con mis hijos. Salimos a Chicago a comer pizza y luego los llevamos a un partido de fútbol de mi marido".

La tripa de Nikki siguió su curso normal y ella compartía con Agus y Antonio su crecimiento vía whatsapp.

Nikki Kuska

Raúl nació el 13 de octubre de 2015. Pesó tres kilos y midió 51 centímetros.

"Recuerdo que estaba muy nerviosa", rememora Nikki. "Me sentía muy responsable. Estábamos a punto de cruzar la línea de meta, de conseguir el objetivo final".

El parto fue bien, Raúl nació sin problemas y allí estaban sus padres españoles para recibirlo. Nikki no tuvo ni un asomo de duda sobre a quién pertenecía ese bebé.

Kikki Kuska

"No me sentí triste en ningún momento a la hora de entregarlo. Al contrario. Justo de eso se trataba. Nunca fue mi bebé y eso siempre lo tuve claro. Era diferente a cuando tuve a mis hijos. Simplemente, Raúl no era mío".

Nikki Kuska

Agus y Antonio volvieron a España con el pequeño, en cuyo certificado de nacimiento figuran sus nombres como padres de Raúl. De lo que ellos pagaron por todo el proceso, unos 120.000 euros, 25.000 fueron para Nikki. Pero ella quiere dejar claro que el dinero no tuvo nada que ver en su decisión de ser una gestante subrogada. Explica que puede permitirse no trabajar fuera de casa gracias al sueldo de su marido Matt como controlador aéreo en el aeropuerto de Chicago. Hace siete años, cuando empezó a tener a sus hijos, Nikki decidió dejar su trabajo como decoradora de tartas nupciales para poder dedicarse a la crianza de los críos.

"Tuve un 100% de libertad para elegir ser madre subrogada. Para mí, no se trata de dinero. El dinero es un bonus que está bien, pero de ningún modo es el objetivo. Y me siento absolutamente feliz de haberlo hecho. Cada vez que Agus y Antonio me mandan fotos de ellos como familia, me recuerda lo que yo he tenido que ver en crearla. La mía es lo más importante de mi vida y ayudar a alguien a crear otra familia es la razón por la que he hecho esto. Haberlo conseguido es una alegría que tendré durante el resto de mi vida".

¿Volvería a hacerlo?, le preguntamos.

"Por Agus y Antonio, sí. No creo que lo hiciera por nadie más. Siento que he cumplido todas mis expectativas al tener a Raúl".

Agustín Pérez