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El politólogo italiano Giovanni Sartori fallece a los 92 años

Premio Príncipe de Asturias en 2005, estaba considerado como uno de los más respetados intelectuales de Europa.

04/04/2017 21:04 CEST | Actualizado 04/04/2017 21:37 CEST
GTRESONLINE
Giovanni Sartori recibe el Premio Príncipe de Asturias de manos de don Felipe, en 2005.

El politólogo y sociólogo italiano Giovanni Sartori, uno de los intelectuales contemporáneos de mayor relevancia a nivel internacional y premio Príncipe de Asturias para las Ciencias Sociales 2005, ha fallecido a los 92 años, según publica este martes el diario italiano Corriere della Sera, del que era columnista. Sartori falleció ayer lunes por complicaciones respiratorias, aunque la noticia fue comunicada hoy.

Nacido en Florencia el 13 de mayo de 1924, era conocido por ser uno de los pensadores más importantes de los últimos tiempos y también por ser autor de numerosos libros sobre teorías de la democracia que han sido traducidos en diversas lenguas. Entre ellos destaca Homo Videns. La sociedad teledirigida (2002), una obra en la que el pensador italiano reflexionaba sobre el poder de la televisión en las sociedades modernas.

En los años 50 entró como enseñante en la Universidad de Florencia y de ahí saltó, en los 70, a Estados Unidos, donde primero enseñó en la Universidad de Stanford, en California, y después en la de Columbia, de Nueva York.

Pronto comenzó a ser considerado una de las personalidades de mayor prestigio internacional en el ámbito del Derecho Constitucional, tanto es así que en 2005 fue reconocido con el premio Príncipe de Asturias para las Ciencias Sociales. Diez años más tarde, en 2015, fue distinguido con el Premio FAES de la Libertad 2015 por su "firme defensa de los valores de la libertad y su importante papel internacional en el estudio de la democracia representativa".

"POLEMISTA CÁUSTICO"

Polemista cáustico, como le describe el diario italiano, lanzó en las columnas del Corriere della Sera términos fundamentales para el ámbito político transalpino como "Mattarellum", el nombre con el que se conoce al sistema electoral vigente entre 1994 y 2001 y que fue cambiado por el primer Gobierno de Silvio Berlusconi.

Ateo convencido, a lo largo de su vida profesional también dirigió mensajes mordaces contra la Iglesia católica y su control sobre la natalidad.

Su trayectoria fue merecedora de numerosos premios, entre ellos la medalla al mérito cultural y educativo del presidente de la República italiana, el Comendador de la Orden de la Cruz del Sur, que otorga el presidente de Brasil, y la Gran Cruz de la Orden de Bernardo O'Higgins.

Tras conocer la noticia, numerosas personalidades del mundo de la política han mostrado su pésame por la pérdida de una de las voces fundamentales del mundo contemporáneo. El primer ministro italiano, Paolo Gentiloni, ha descrito a Sartori como un "estudioso que ha dado mapas y nombres a la política para que se encuentre a sí misma".

Por su parte, la presidenta de la Cámara de los Diputados, Laura Boldrini, se ha referido a Sartori como "un protagonista apasionado del debate cultural", mientras que su homólogo en el Senado, Pietro Grasso, ha dicho de él que fue "una voz independiente que reforzó y nutrió a la opinión pública".

SARTORI, EN 10 PENSAMIENTOS

1) Es necesario tener en cuenta que las elecciones también pueden matar una democracia.

2) Tolerancia no es indiferencia, no presupone indiferencia. Si somos indiferentes no tenemos interés: y aquí se acaba todo.

3) ¿Debe consentir una democracia la propia destrucción democrática? Es decir, ¿debe consentir que sus ciudadanos voten a favor de un dictador?

4) ¿Voluntad del pueblo o voluntad de Dios? Mientras prevalece la voluntad de Dios, la democracia no penetra, ni en términos de exportación (territorial) ni en términos de interiorización (donde quiera que el creyente se encuentre). Y el dilema entre voluntad del pueblo y voluntad de Dios es, y seguirá siendo -por robarle un título a Ortega y Gasset- el tema de nuestro tiempo.

5) El lenguaje no es sólo un instrumento del comunicar, sino también del pensar, y el pensar no necesita del ver.

6) La política pura es tan irreal como su contraria, una política totalmente ideal. Cualquier política es una mezcla de idealismo y de realismo.

7) El homo sapiens está en proceso de ser desplazado por el homo videns, un animal fabricado por la televisión cuya mente ya no es conformada por conceptos, por elaboraciones mentales, sino por imágenes.

8) Y la cuestión es ésta: la televisión invierte la evolución de lo sensible en inteligible y lo convierte en el ictu oculi, en un regreso al puro y simple acto de ver. La televisión produce imágenes y anula los conceptos, y de este modo atrofia nuestra capacidad de abstracción y con ella toda nuestra capacidad de entender.

9) Hemos llegado a ser demasiado normativos e incluso demasiado emotivos. Demasiado normativos no sólo en el sentido de que el "deber ser" suplanta demasiado al ser, al mundo como es; sino también en el sentido de que perseguimos objetivos sin instrumentos, sin saber "cómo". Y demasiado emotivos en el sentido de que el sentir trastorna la "ratio".

10) Hasta ahora se consideraba que en política la solución de los problemas de la gente había que reclamársela a los políticos (al igual que en medicina hay que pedírsela a los médicos, y en derecho a los abogados). No obstante, el gobierno de los sondeos, los referendos y la demagogia del directismo atribuyen los problemas a los políticos y la solución a la gente.

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Giovanni Sartori reflexiona sobre su obra.

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