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Por qué me hice Ciudadano

09/12/2015 06:59 CET | Actualizado 08/12/2016 11:12 CET

Hace unas semanas decidí abandonar mi trabajo y un doctorado para involucrarme de pleno en el equipo económico de Ciudadanos y como candidato número 2 por Barcelona al Congreso. Mi objetivo con este texto no es explicaros mi vida, sino tratar de aclarar algunos de los valores y principios que inspiraron mi decisión y, con suerte, ayudar en algo al lector interesado en Ciudadanos a clarificar las suyas.

1 Los dogmatismos no son buena guía para las políticas públicas

Los dogmatismos de derecha e izquierda acostumbran a llevar a un debate estéril sobre si necesitamos más o menos estado. No creo que un sesgo ideológico pre-fijado a favor del Estado o del mercado sirva para solucionar los problemas reales de la gente. Cada caso necesita un diagnóstico concreto y un menú distinto de políticas públicas que algunas veces requerirá un mayor peso de la iniciativa privada y otras un mayor intervencionismo.

Lo que debemos hacer es preguntarnos qué tipo de intervención es más efectiva, dónde aplicarla, y evaluar después sus resultados. Para luchar contra el paro, mejorar la educación o reducir la pobreza y la desigualdad no existen formulas mágicas. Existen datos y ejemplos de otros países.

No ser dogmático tiene una gran ventaja: te permite elegir lo mejor de ambos mundos. Algo enormemente útil, porque la variedad de políticas necesarias suele ser más compleja que la que ofrecen los menús cerrados de la vieja política.

2 No debemos confundir medios estatistas con objetivos progresistas

Mis preferencias sobre redistribución o igualdad de oportunidades no son muy distintas de un votante moderado de centro-izquierda. Lo que sí me diferencia de los partidos de izquierdas en España es en que soy más flexible en cuanto a los medios para lograr esos objetivos.

Todos los modelos económicos y sociales de éxito de las últimas décadas han entendido esa necesidad de ese pragmatismo. Suecia cuenta con uno de los mejores sistemas de pensiones del mundo, y hace tiempo que combinan pensiones públicas con privadas (un sistema mixto con cuentas personales). Canadá tiene una estupenda sanidad pública, pero muchos de los proveedores de esos servicios son entidades privadas bien reguladas, y eso no afecta la calidad ni el acceso universal de los ciudadanos a esos servicios. En Alemania las reformas Hartz del socialdemócrata Gerhard Schroeder introdujeron mayor flexibilidad en el mercado laboral, y eso permitió a Alemania seguir siendo competitiva y mantener hoy unas de las tasas de paro más bajas del mundo.

3 No existe política fiscal menos progresista que la política fiscal irresponsable

Como hemos aprendido en esta larga crisis europea, la irresponsabilidad en las cuentas públicas es una receta para el desastre. Eso es algo que los socialdemócratas modernos han entendido desde hace mucho tiempo. Un buen ejemplo es el del gobierno de Concertación en Chile, de Michelle Bachelet y su ministro de economía, Andrés Velasco. Durante los años de expansión del ciclo que precedieron a la crisis financiera global, mantuvieron una política fiscal muy conservadora - con superávits presupuestarios de hasta el 8% - y ahorraron los enormes beneficios del boom del cobre. Fue muy difícil aguantar las presiones, pero cuando llegó la crisis, Chile no tuvo que hacer recortes sociales, ni subir impuestos a las clases trabajadoras, porque pudo aplicar el mayor programa fiscal expansivo (en términos relativos) del mundo. Como dice el propio Velasco, está bien ser keynesiano, pero hay que serlo en las dos partes del ciclo.

4 Ser libre es imprescindible para hacer reformas

Tener independencia del poder, no cargar con mochilas de obligaciones y favores, te permite ser mucho más efectivo para enfrentarte a los problemas reales de la gente. En plena crisis, cuando estás eliminando miles de camas de hospital, elegir no eliminar diputaciones, por ejemplo, no responde a ningún razonamiento de eficiencia o de equidad, sino a un reflejo de intereses partidistas.

Pensemos, en el contrato único. Si tenemos una pésima regulación que mantiene hoy a casi 7 millones de personas por debajo del salario mínimo anual y que perjudica de forma injusta y recurrente a colectivos frágiles, como jóvenes o mujeres, ¿por qué demonios el PSOE no lo defiende? La respuesta es sencilla: la cercanía a los sindicatos hace que prioricen los intereses de los que ya tienen trabajo (representados en los sindicatos) sobre los del resto los trabajadores (temporales, autónomos, parados).

Sucede lo mismo con el capitalismo de amiguetes y el gobierno del PP. Si realmente quieren un mejor funcionamiento de la economía y están a favor de la competencia, ¿por qué siguen protegiendo oligopolios? ¿Por qué no permiten que los reguladores sean realmente independientes? La respuesta es de nuevo sencilla: de ese modo pueden proteger mejor sus intereses y los de sus amigos, en detrimento de la mayoría.

5 La centralidad política es menos sexy, pero más honesta

Defender la centralidad política no es un ejercicio nada fácil intelectualmente, y a menudo tampoco políticamente. Suele ser mucho más sencillo vender maravillosas utopías futuras o rentas universales. En cambio, ser escéptico y realista, reconocer las limitaciones de las políticas públicas, las restricciones que imponen los presupuestos y la interdependencia con los mercados globales, es más complicado. Resulta más engorroso probar programas y políticas piloto, y corregir cuando no funcionan, que elegir políticas a dedo. Pero, ser pragmáticos y reformistas es la única salida que nos queda si queremos seguir conservando nuestro estado del bienestar.

6 No soy nacionalista

El nacionalismo es una ideología conservadora que se basa en la oposición a otro colectivo y que divide a ciudadanos iguales en categorías identitarias. Creer en los valores de la Ilustración, de igualdad, libertad y solidaridad significa querer una sociedad articulada en torno a la idea de individuo libre e igual ante la ley; que los titulares de derechos civiles, políticos y sociales sean las personas, todas, sin ninguna discriminación (ni identitaria, ni étnica, ni de raza) y no los entes colectivos como las naciones o los pueblos.

En Cataluña, a lo largo de los últimos años, el nacionalismo institucional ha puesto por delante supuestos derechos identitarios al análisis sosegado de la realidad, dejando de lado sus obligaciones para con sus ciudadanos y dividiendo a la sociedad catalana en dos mitades. Del mismo modo, el Partido Popular ha ignorado algunas demandas razonables de los catalanes, como la reforma del sistema de financiación autonómica.

Como ha escrito Félix de Azúa, en una comunidad puede haber muchos aficionados del Barça y muchos católicos. Pero no por eso las instituciones tienen que ser católicas o del Barça. Las instituciones deben ser imparciales, y preocuparse de solucionar los problemas reales de la gente.

Ciudadanos representa la Tercera Vía Española, que es al mismo tiempo liberal y progresista, no-dogmática, libre, reformista, centrista, responsable y europeísta. Y además, tiene un equipo espectacular para lograr el cambio. Por eso me hice Ciudadano.