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Croquetas ilegales

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No podemos enseñar a nuestros hijos qué es el reciclaje y al mismo tiempo, estar tirando toneladas de comida sobrante en los comedores escolares a la basura. Con esta idea me presenté ayer en el Congreso de los Diputados para pedir un cambio de la ley de seguridad alimentaria. Y lo hago con un centenar de croquetas ilegales. Sí, has leído bien, con croquetas ilegales.

En España se calcula que hay 800.000 personas que utilizan comedores escolares. Si cada uno de ellos se dejan 100 gramos de comida en el plato, supondría la friolera de 14.000 toneladas de comida desperdiciada. ¿Os imagináis cuánta gente se podría beneficiar de esto? Es la ley 17/2011 la que regula que la comida manipulada no puede ser utilizada de nuevo, y para curarnos en salud, estamos tirando la basura cantidades ingentes de alimentos.

Conocí esta situación cuando descubrí que en el colegio de mi hijo, las raciones para un niño de 12 años eran las mismas que las que se dan a un niño de 3. Los responsables del catering me dijeron que se tiraba todo lo que sobraba y que se hacía así por razones higiénico-sanitarias. Posteriormente me dirigí a la Agencia Catalana de Seguridad Alimentaria donde me explicaron que sí había otras soluciones. Es más, desde este organismo prepararon una guía que hoy ya sirve a varios colegios con consejos para reciclar la comida: desde qué tipos de envases pueden donarse a cómo deben congelarse los alimentos cocinados en los comedores para mantener su buen estado y poder ser donado a personas con necesidad. Es cuestión de voluntad política.

No hablamos de reciclar las sobras de las bandejas de nuestros hijos, pero sí aprovechar toda esa comida que no ha salido de la cocina. De conservarla en pequeñas raciones envasadas al vacío y congeladas para que otras personas se puedan beneficiar. No hay nada más tradicional y más ligado a nuestra cocina que "aprovechar" esas sobras para hacer croquetas.

Con un centenar de ellas me planté ayer en el Congreso para pedirle a los diputados voluntad política para cambiar la Ley de Seguridad Alimentaria. Pero no fui sola. Me acompañaba la chef Ada Parellada, que me ha ayudado a cocinarlas, y el experto en seguridad alimentaria Juan Marcos de Miquel.

Allí entregamos las más de 225.000 firmas que he recabado a través de Change.org para acabar con el despilfarro de alimentos en los comedores escolares. También nos recibieron por la mañana la presidenta del Congreso de los Diputados Ana Pastor, y representantes del PP y Podemos. A todos ellos les explicamos la necesidad de crear un plan de trazabilidad de los alimentos para que en los centros escolares, pero también en las empresas de catering, ayuntamientos y centros sociales pueda canalizarse todo ese excedente de alimentos para que entidades sociales puedan beneficiarse. Estoy convencida de que todos entienden que los centros escolares son lugares donde se les debe inculcar valores positivos a nuestros hijos, y tirar y despilfarrar comida es algo que deben aprender a evitar.

Hoy, en el cole de mi hijo hemos conseguido reducir esas raciones y la cantidad de comida que va a la basura es casi nula. Por eso estoy convencida de que, con la ayuda de todos, podemos lograr ganar esta batalla contra el desperdicio de alimentos.