Las comparaciones son siempre odiosas, pero la región va por el buen camino: mientras que la desigualdad crece en todo el mundo, América Latina experimentó una disminución significativa por primera vez en cuatro décadas. No cabe duda de que aún hay mucho por hacer. Y el momento de hacerlo es ahora que las cosas pintan bien.
Hubo un día en el que millones de ciudadanos se acercaron a su colegio electoral con la ilusión de que los nuevos gobernantes nos devolverían la confianza y la esperanza tras ser testigos del tsunami de la crisis financiera mundial y la sucesión de una cadena de errores de cálculo políticos y económicos domésticos.
Las cifras de la pobreza van en aumento y, paradójicamente, quienes deben ampararles se apartan de ellos y les dejan a la intemperie con menos apoyos y menos ayudas. La austeridad mal entendida del Gobierno del PP e impuesta por la troika europea amenaza con aniquilar nuestro país, reventar la esperanza de la gente y provocar un estadillo social que, hasta ahora, no se ha producido por el apoyo familiar y la economía sumergida.