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Seis tipos de relaciones tóxicas que deberías evitar en el lugar de trabajo

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En el trabajo o en cualquier parte, casi todo el mundo ha tenido alguna experiencia con una relación tóxica. Si es tu caso, ya sabrás que las personas tóxicas absorben la energía, la productividad y la felicidad.

Según un estudio de la Universidad de Georgetown, el 98% de las personas dicen haber experimentado conductas tóxicas en su lugar de trabajo. El estudio llegó a la conclusión de que las relaciones tóxicas influyen de manera negativa en los empleados de nueve formas distintas:

  • El 80% perdía tiempo de trabajo preocupándose por algo que hubiera pasado.

  • El 78% afirmaba que su nivel de compromiso con la empresa había disminuido.

  • El 66% afirmaba que su rendimiento había disminuido.

  • El 63% perdía tiempo de trabajo al intentar evitar a la persona tóxica.

  • El 47% aseguraba reducir intencionadamente el tiempo que pasaba en el lugar de trabajo.

  • El 38% provocaba la disminución de la calidad de su trabajo intencionadamente.

  • El 25% reconocía pagar su frustración con los clientes.

  • El 12% afirmaba haber dejado el trabajo por culpa de una relación tóxica.

  • El 48% reconocía esforzarse menos en el trabajo intencionadamente.

Aunque las consecuencias de las relaciones tóxicas se pagan caro, lo que más caro se paga es la productividad perdida y el sufrimiento emocional que experimentan las personas que se ven atrapadas en este tipo de relaciones.

Puede que no seamos capaces de controlar la toxicidad de otras personas, pero lo que sí podemos controlar es nuestra manera de responder ante ellas. Antes de poder anular una relación tóxica, tienes que entender qué es lo que la hace ser tóxica. Las relaciones tóxicas son aquellas en las que las necesidades de una persona ya no se cubren o en las que algo o alguien interfiere con la capacidad de mantener una relación sana y productiva.

Reconocer y comprender la toxicidad te da la capacidad de desarrollar estrategias eficaces para repeler las interacciones tóxicas en el futuro. A continuación encontrarás los tipos de relaciones tóxicas más comunes acompañados de estrategias que te pueden resultar útiles para lidiar con ellas.

Relaciones pasivo-agresivas.

Este tipo de toxicidad puede estar representado de muchas formas en el lugar de trabajo. Desde el jefe que te da de lado hasta el compañero que pone en copia a tu jefe en todos los correos electrónicos. Una de las manifestaciones más comunes de agresividad pasiva es la reducción drástica del esfuerzo. A las personas pasivo-agresivas no les gusta recibir retroalimentación, lo que puede llevarles a irse antes del trabajo o a no trabajar tanto como los demás. La agresividad pasiva resulta mortífera en cualquier entorno de trabajo, que debe ser un lugar en el que las opiniones y los sentimientos se pongan sobre la mesa para seguir progresando.

Cuando alguien se comporte de manera pasivo-agresiva contigo, tienes que hacerte cargo de la situación y comunicar el problema. Las personas pasivo-agresivas se comportan así porque intentan evitar el asunto en cuestión. Si no puedes obligarte a establecer una vía de comunicación, puede que te veas envuelto en manipulaciones o juegos psicológicos. Recuerda que los pasivo-agresivos tienden a ser sensibles y a evitar los conflictos, así que, cuando les saques el tema, asegúrate de hacerlo de la manera más constructiva y armoniosa posible.

Relaciones que carecen de perdón y de confianza.

Es inevitable cometer errores en el trabajo. Algunas personas se centran tanto en los errores de los demás que es como si creyeran que ellos nunca cometen errores. Te darás cuenta de que esas personas están resentidas, están constantemente preocupadas por si alguien va a hacerles daño y puede que incluso hagan lo posible por echarte de un proyecto importante. Si no tienes cuidado, este tipo de cosas pueden frenar tu avance profesional al quitarte oportunidades de crecimiento.

Lo más frustrante de este tipo de relaciones en que basta con un error para perder cien "puntos de confianza", pero cien acciones perfectas solo sirven para recuperar uno de esos puntos. Para volver a ganarte su confianza, es crucial prestar muchísima atención a los detalles y que no te desanimes por el hecho de que la otra persona busque errores constantemente. Tienes que ser lo más paciente posible mientras tratas de salir del agujero de subjetividad en el que estás metido. Recuerda, Roma no se hizo en un día.

Relaciones unidireccionales.

Se supone que las relaciones tienen que ser beneficiosas para ambas partes. Son un toma y daca. En el entorno de trabajo, esto se aplica tanto a las personas que están por debajo de ti (que tienen que hacer lo que les mandes y a las que tienes que enseñar) como a tus superiores (de los que debes aprender y a los que debes aportar). Estas relaciones se vuelven tóxicas cuando una de las partes empieza a dar una cantidad desproporcionada, o cuando solo quiere recibir. Podría ser un jefe que tuviera que guiar a un trabajador en cada mínimo detalle o una compañera que se diera cuenta de que está haciendo todo el trabajo ella sola.

Si es posible, lo mejor que se puede hacer con este tipo de personas es dejar de dar. Desafortunadamente, esto no es siempre posible. Cuando no lo sea, tienes que hablar con sinceridad con la otra parte para recalibrar la relación.

Relaciones idealistas.

Las relaciones idealistas son aquellas en las que ponemos a la otra persona en un pedestal. Cuando crees que tu compañero es capaz hasta de caminar sobre el agua, la relación se vuelve tóxica porque careces de los límites necesarios en una relación laboral sana. Por ejemplo, puede que, en consecuencia, dejes pasar un error que necesitaba más atención o traspases tus límites éticos al asumir que tu compañero lleva razón.

Esta pérdida de límites es extremadamente tóxica para ti, pero tienes la capacidad de enderezar la relación. Independientemente de lo estrecha que sea tu relación con alguien o de lo genial que consideres su trabajo, tienes que seguir siendo objetivo. Y si tú eres el que está siendo idealizado por los demás, lo que tienes que hacer es decirlo e insistir en que quieres que te traten igual que a los demás.

Relaciones punitivas.

Las relaciones punitivas son aquellas en las que una persona castiga a la otra por comportarse de una manera que no coincide con sus expectativas. El mayor problema de este tipo de relaciones es que su objetivo es castigar, sin la comunicación, las críticas constructivas y la comprensión adecuadas. Esta denigrante perspectiva provoca conflictos y malos sentimientos.

Para sobrevivir a una relación punitiva, hay que ser sabio a la hora de elegir las batallas que se van a librar. Para que se te tenga en cuenta, no puedes entrar al trapo en cada conflicto. Si lo haces, te colgarán la etiqueta de "demasiado sensible".

Relaciones basadas en mentiras.

Hay personas que se centran tanto en dar buena imagen que pierden la noción de lo que es realidad y lo que es ficción. Entonces, las mentiras se amontonan hasta que son la base de sus relaciones con los demás. La gente que no da respuestas directas no merece tu confianza. Después de todo, si están dispuestos a mentirte, ¿cómo vas a poder depender de ellos?

Cuando en una relación no hay confianza, no hay relación. Construir una relación sobre mentiras es como construir una casa sobre un montón de arena. Lo mejor que puedes hacer es un recuento de pérdidas y seguir adelante.

Cómo protegerse de una persona tóxica:

Las personas tóxicas vuelven loco a cualquiera porque su comportamiento es irracional. Que no te quepa duda: su comportamiento va contra la razón. Entonces, ¿por qué permitirse responderles de una forma emocional y dejarse arrastrar por el torbellino?

La capacidad para gestionar las emociones y mantener la calma bajo presión (un componente muy importante de la inteligencia emocional) está directamente relacionada con el rendimiento y la felicidad. Una de las mejores ventajas de tener inteligencia emocional es poseer la capacidad de identificar a las personas tóxicas y de mantenerse alejado de ellas.

Cuanto más irracional sea alguien, más fácil debería resultarte librarte de sus trampas. Deja de intentar ganarles a su propio juego. Distánciate emocionalmente de la persona tóxica y concibe tus interacciones con ella como si de un experimento científico se tratara (o como si fueras su psiquiatra, si te gusta más esa analogía). No tienes que responder al caos emocional, solo a los hechos.

Mantener la distancia emocional requiere cierta concienciación (que puedes aumentar con un test de inteligencia emocional). No puedes hacer que alguien deje de sacarte de quicio si no reconoces cuándo lo está haciendo. A veces te verás en situaciones en las que necesitarás reorganizarte y elegir la mejor manera de proceder. Esto está bien, y no deberías tener miedo a concederte un tiempo para hacerlo.

La mayoría de la gente se siente así porque, aunque trabajan o viven con alguien, no tienen forma de controlar el caos. Nada más lejos de la realidad. Una vez hayas identificado a una persona tóxica, su comportamiento te parecerá más predecible y fácil de entender. Gracias a esto, podrás pensar racionalmente en qué situaciones tienes que tolerar sus comportamientos y en qué situaciones no. Podrás establecer límites, pero tendrás que hacerlo de manera consciente y proactiva. Si dejas que las cosas sigan su curso natural, estás destinado a verte envuelto constantemente en conversaciones difíciles. Si pones unos límites y decides cuándo y dónde te enfrentarás a una persona difícil, podrás controlar gran parte del caos. El truco es mantenerse firme y mantener los límites en su sitio cuando la otra persona intente cruzarlos (que lo intentará).

En resumen:

Hay muchos tipos de relaciones tóxicas en el lugar de trabajo. Cuando te veas involucrado en una, merece la pena evaluarlo todo detenidamente y desarrollar un plan de acción que salve tu cordura y tu vida laboral.

¿Has experimentado alguna vez este tipo de relaciones tóxicas? Expresa tu opinión en los comentarios para que todos podamos aprender.

Este post fue publicado originalmente en la edición estadounidense de 'The Huffington Post' y ha sido traducido del inglés por Lara Eleno Romero.

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