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¿América Latina 4 grados más caliente? Me hierve la sangre de solo pensarlo

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Con todo lo que está pasando en nuestra atmósfera -huracanes descomunales, diluvios bíblicos, temperaturas de sauna- podría bastar para que muchos evoquen las escenas más catastróficas de algún éxito taquillero de Hollywood reciente -como 2012, por ejemplo.

No soy muy amigo de las películas apocalípticas -creo que simplifican la cuestión y desensibilizan al público. Pero sí estoy de acuerdo con 2012 en que nuestro mundo, tal como lo conocemos, se encamina hacia un peligroso cambio climático.

Para muestra veamos los cambios reales -algunos de ellos de película-, que ya han ocurrido.

Para empezar, la temperatura promedio se está elevando consistentemente en todo el mundo y de una manera nunca antes vista: diez de los años más calurosos de los que se tengan registro tuvieron lugar en la última década.

Las capas de hielo de la Tierra se derriten, y el nivel de los océanos se eleva. Groenlandia y la Antártida perdieron 400 km3 de hielo en un período de cinco años. Los glaciares de la región andina están desapareciendo.

Desde la década de 1950, los océanos se calientan y se están acidificando; el nivel del mar aumentó unos 20 cm desde la época preindustrial y está subiendo a un ritmo de 3,2 cm por década. Las principales áreas de cultivo sufren sequías e inundaciones cada vez más frecuentes.

Y esto no es nada comparado con lo que nos espera, si se hace realidad un nuevo estudio publicado por el Banco Mundial.

El informe advierte que la temperatura podría subir 4 grados Celsius para fines de este siglo, acelerando las ya catastróficas consecuencias que podemos observar en el clima mundial.

América Latina y el Caribe probablemente se llevarían la peor parte.

Peligra el Amazonas

Para empezar habría menos verde y más amarillo en nuestros colores. Por ejemplo, la portentosa selva amazónica, pulmón del mundo y hogar de la tercera parte de las especies animales, podría marchitarse lentamente. Estudios recientes pronostican una mayor probabilidad de aniquilamiento forestal y su transformación en pastizales, especialmente en los extremos oriental y meridional de la zona amazónica.

Alimentar al mundo y a los nuestros también sería un poco complicado en el escenario más extremo de calentamiento global. La capacidad de nuestra región de seguir siendo el granero del mundo se pone en entredicho. Dado que la selva amazónica genera parte de las lluvias que caen en Argentina, Paraguay, Uruguay y el sur de Brasil, cualquier destrucción severa de la misma, junto a temperaturas más elevadas, podría tener un impacto negativo sobre las productivas áreas de cultivo de la región.

¿Y qué hay de esos alucinantes arrecifes de coral de nuestras playas? Me temo que sólo quedarían en el recuerdo de nuestro álbum de fotos de Facebook. Según la comunidad científica, los corales también podrían desaparecer -y mucho antes de llegar a un mundo 4 grados más caliente. La evidencia científica más reciente apunta a una mayor acidificación oceánica y a una substancial disminución de los arrecifes de coral aun con un calentamiento de 1,5 °C.

Esto tendría graves repercusiones en la industria turística caribeña y en los medios de vida de las comunidades costeras de la región. Un entorno más caluroso también trae consigo un mayor riesgo de daños causados por inundaciones y huracanes en América Central (costa atlántica y pacífica) y en el Caribe debido a la combinación de mares más elevados y marejadas ciclónicas.

En resumidas cuentas, el impacto potencial sobre el clima amenaza con revertir décadas de esfuerzos en términos de reducción de la pobreza y desarrollo sustentable.

Y la pregunta que me hago y que todos en esta parte del mundo nos debemos hacer es: ¿Está América Latina preparada? La respuesta inmediata es: no del todo. Pero hay indicios de que la región va en camino de mejorar su capacidad de respuesta a temperaturas más altas.

La solución verde

Los países latinoamericanos ya están adoptando medidas para capear el temporal del cambio climático, como indica un informe reciente sobre crecimiento verde e inclusivo. La región de hecho se ha convertido en un "laboratorio verde" para la innovación, con sistemas de transporte ecológicos, planes para la reducción de CO2, energía limpia, pagos por servicios ambientales y programas de conservación forestal que combinan tecnología de avanzada con el conocimiento de las comunidades locales.

Todo esto allana el camino hacia un desarrollo sustentable que es: más limpio y con menores emisiones; más eficiente en el uso de energía; con mayor capacidad de recuperación ante desastres naturales magnificados y, sobre todo, más inclusivo al asegurar que los pobres tienen la misma protección ante un mundo más cálido.

Además, la región está probando las siguientes estrategias para facilitar su adaptación a los actuales y futuros cambios climáticos:

  • Creación de infraestructura capaz de resistir los nuevos "extremos" climáticos.
  • Siembra de cultivos capaces de un buen desempeño bajo sequía/inundación/calor, junto a inversiones estratégicas para el riego eficiente.
  • Establecimiento de bancos de semillas para preservar el crucial germoplasma de los cultivos, árboles y ganado para futuros programas de cultivo adaptable.
  • Mejora de las redes de protección social para grupos vulnerables.
  • Implementación de gestión de riesgo ante desastres naturales y sistemas de seguro proactivos para facilitar la recuperación luego de daños catastróficos.
  • Creación de sistemas de alerta temprana y planes de respuesta a situaciones de emergencia.
  • Evaluación sistemática del cambio climático e impacto a nivel regional.

Aún podemos evitar un calentamiento de 4 °C. Varios estudios muestran que existen soluciones técnica y económicamente viables para mantener el calentamiento por debajo de los 2 °C.
En otras palabras, el nivel de impacto que el mundo experimentará depende ahora completamente de la acción o inacción de los gobiernos, el sector privado y la sociedad civil.