Eulàlia Lledó Cunill

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Síntomas (2): convertir el catalán en una lengua de segunda

Publicado: 24/12/2012 08:05

Este artículo está también disponible en catalán.

1. Hace ya muchos años, la escritora Maria Aurèlia Capmany en un viaje a Madrid se dio cuenta, estupefacta, que personas muy cercanas se sorprendían porque usaba también el catalán cuando hablaba por teléfono al llamar a Barcelona. Partiremos de la base de que, en efecto, el catalán es una lengua normal y, por tanto, puedes hablar con ella por teléfono, enviar sms, mails e incluso tuitear o piar.

2. El cantante Raimon ha comentado más de una vez (y más cantantes en lengua catalana) que cuando se murió el dictador, había gente de fuera de Cataluña que, cargada de buena fe, le preguntaba «ahora que se ha muerto Franco, ¿dejarás de cantar en catalán, verdad?». Se ve que consideraban que a partir de ese momento ya no era necesario esforzarse. Debían pensar que la única misión del catalán era hacer la puñeta, molestar, reivindicar y no la de cantar excelentes canciones así como musicar bellos poemas en la lengua propia, o lo que es lo mismo: usarla, porque, como telefonear, es lo más normal del mundo y no porque sea mejor ni peor, que respecto a las lenguas esto no significa nada, sino simplemente porque es la tuya. (No sé si esta misma gente que veía factible y posible una actitud tan estrafalaria, extraña y antinatural como dejar de usar la lengua propia, coherentemente con lo que postulaba para el caso de Raimon y el catalán, decidió hacerse trapense y enmudecer para siempre una vez muerto el general.)

3. Las dos anécdotas de más arriba no extrañan tanto si recordamos la polémica que, en los años ochenta, protagonizó Adolfo Suárez cuando, sin despeinarse, espetó a un grupo de periodistas internacionales que en catalán no se podía enseñar física nuclear. Declaraciones que causaron una fuerte y masiva indignación; le respondió, entre otros, Joan Oró, científico que trabajaba en proyectos de la NASA. Por tanto, parece que las curiosísimas y pintorescas concepciones sobre una lengua tan normal y corriente como es el catalán -en aquel entonces más atribuibles seguramente a una ignorancia espesa y supina que a la mala fe- eran transversales, iban de izquierda a derecha, de arriba abajo. En todo caso, delatan que no consideraban igual ni equiparables el castellano y el catalán. No usaban la misma vara de medir para juzgarlos.

4. Lo triste es que sigue ocurriendo -al menos en las más altas instancias del Estado-: el ministro de turno quiere convertir el catalán en una lengua de segunda y, de este modo, le parece factible que el castellano sea troncal y el catalán sólo de especialidad (la lengua siempre tan transparente: el primero adjetivo evoca centralidad, esencialidad, importancia; el segundo retrotrae a la restricción, habla de los bordes), en definitiva, intenta convertir el catalán en lo que antes se denominaba una maría; por cierto, me alegra constatar que expresión tan sexista esté cayendo en desuso. Lo hace uno de los ministros más tramposos y demagogos del Gobierno central, el que haciendo ver que es una víctima (cuando en realidad tiene toda la sartén por el mango) se pone en el lugar del inocente toro (por cierto, allá él y la raíz de sus fantasías). No se preocupe sin embargo el ministro porque afortunadamente en Cataluña ya no se matan toros por bravos que sean (aunque esto contravenga, según la derecha, la sacrosanta libertad: la libertad de matar toros, claro está).

5. Hoy lo dejo aquí. Que tengan muy buen año. Y como estoy moderadamente optimista, deseo y espero que el año que viene no sea mucho peor que el que acabamos de pasar.

6. Y ya puesta: que tengan también una feliz Navidad (o la sobrevivan lo más dignamente que puedan). De momento, y mientras no lo prohíban, mucho me temo que una gran parte de la población indígena continuará atiborrándose de escudella y carn d'olla (y al día siguiente de canelons), mientras con un frenesí, espoleado sin duda por las burbujas de cava, hará peregrinas e incomprensibles invocaciones al humo cantando un villancico que contiene palabras tan exóticas, intraducibles y ofensivas para según qué oídos como vint-i-cinc, desembre, samarra, pastoret o Déu infant, fill de Maria.

 
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