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Jesús Alcoba González Headshot

Edith Head y la mentirijilla que cualquier seleccionador de personal hubiera perdonado

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En la gala de los Premios Oscar de 1993 una emocionada Catherine Deneuve presentaba un vídeo de homenaje a Edith Head (en la imagen de arriba), posiblemente la más legendaria diseñadora de vestuario de todos los tiempos. Más allá de su inusual talento, esta increíblemente productiva artista ha pasado a la historia como un ejemplo del más exquisito de los atrevimientos y constituye un modelo para todos aquellos que dudan cuando se les presentan oportunidades.

Cuenta la leyenda que cuando se presentó a su primera entrevista de trabajo en la Paramount, llevó consigo un catálogo de obras tan extraordinariamente diverso que evidenciaba una creatividad casi ilimitada. En realidad, los diseños no eran solamente obra suya, sino que había pedido prestados la mayoría de ellos a sus compañeros de clase. Pero no lo dijo, obviamente.

Imaginad qué hubiera ocurrido si quien la entrevistó se hubiera enterado es igualmente apetecible y sugerente. Seguramente hubiera cancelado el proceso de selección con carácter inmediato. Y seguramente también, la Paramount y la Universal, donde luego trabajaría, se hubieran quedado sin una diseñadora que fue nominada a 35 estatuillas, 8 de las cuales ganó, y sin una trabajadora incansable que aportó su talento a cientos de películas.

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Uno de los vestidos de Edith Head/WIKIPEDIA

Una pregunta que cualquiera puede hacerse es si mintió realmente Edith Head cuando se atribuyó los diseños de sus compañeros de clase. La respuesta corta es que sí, aunque la historia muestra que, en realidad, finalmente ella acabó desplegando un talento incluso superior al que había mostrado en la entrevista. Quizá podríamos zanjar el dilema diciendo que solo fue una mentira a medias o, de manera más sutil, que fue una mentira temporal. Sin embargo, lo verdaderamente interesante de esta historia, como de muchas otras, es lo que se puede aprender de ella. Al menos lo siguiente:

  • Nunca estaremos seguros de estar suficientemente y completamente preparados para nada. Entre otras cosas, porque el encaje perfecto entre preparación y tarea es más una abstracción teórica que una realidad.
  • En la mayoría de las situaciones de la vida, atreverse es sinónimo de aprender. No estar seguros de algo es el síntoma más claro de que en ese reto habrá un aprendizaje.
  • Lo verdaderamente importante siempre es saber dónde queremos llegar. Edith Head tenía muy claro cuál era su sueño, y con toda seguridad cualquier seleccionador de personal perdonaría una mentirijilla como la suya a cambio de incorporar un talento de esa envergadura.
Decía Galeano que somos lo que hacemos para cambiar lo que somos. Por eso nuestra verdadera esencia no está en lo que ya sabemos hacer, que es lo que mira al pasado, sino en lo que crecemos cuando nos superamos, que es lo que nos acerca al futuro.