Tony y Francine, jubilados de más de 70 años, van a la costa italiana de vacaciones y se quedan: "Ahora vivimos, no sólo pagamos las cuentas"
Un viaje para celebrar sus bodas de oro que lo terminó cambiando todo.

Algunos viajes nacen como una simple escapada y terminan marcando un antes y un después. No solo sirven para descubrir lugares nuevos, sino también para fortalecer vínculos, replantear prioridades y tomar decisiones que pueden cambiar el rumbo de una vida. Lejos de la rutina y de las prisas cotidianas, muchas personas encuentran el espacio necesario para mirar su presente con otra perspectiva.
Esto fue lo que le pasó a Tony y Francine Smarel, una pareja de jubilados neoyorquinos que viajaron a Italia para celebrar sus bodas de oro y regresaron a casa con una decisión tomada: quedarse a vivir en Scalea, un pueblo costero de la región de Calabria. Allí encontraron un ritmo de vida más pausado, un coste de vida asequible y la oportunidad de disfrutar de su jubilación sin las preocupaciones económicas que arrastraban en Estados Unidos.
La historia comenzó en junio de 2023, en la Plaza de San Marcos de Venecia, cuando un cuarteto callejero comenzó a tocar una canción italiana. “Me hizo llorar porque mi padre ponía sus discos italianos todos los domingos para cenar y le cantaba esa canción a mi madre”, recuerda Tony en declaraciones recogidas por Readers Digest. Con unas simples notas musicales, el hombre sintió que era momento de reconectar con sus raíces y cambiar de vida.
Tranquilidad económica
En Scalea encontraron una casa de alrededor de 139 metros cuadrados que compraron por aproximadamente 150.000 euros en noviembre de 2023. Aunque la vivienda ya era habitable, los nuevos propietarios invirtieron en reformas para adaptarla a su forma de vida, como una cocina nueva, baños, instalación eléctrica y fontanería. La suma total invertida fue incluso inferior a lo que podrían haber pagado por una vivienda con vistas al mar en la costa estadounidense.
El cambio también se refleja en sus cuentas cotidianas: antes de partir, los gastos mensuales de la pareja en Estados Unidos rondaban entre 4.500 y 5.000 euros; en Scalea, aseguran, sus desembolsos se han reducido a alrededor de 1.000–1.200 euros al mes, una cifra que ya incluye Internet, electricidad, teléfonos y ocio. Para ellos, esa diferencia no es solo un ahorro, sino que también significa tiempo y tranquilidad.
Para Tony y Francine la mudanza ha supuesto recuperar pequeñas libertades: paseos diarios por la playa, salir a cenar con vino sin que suponga un esfuerzo económico constante, viajar con más frecuencia y, sobre todo, preocuparse menos por el presupuesto mensual. “Ahora vivimos, no solo pagamos las cuentas”, resumen, convencidos de que el cambio les hizo ganar calidad de vida en una etapa en la que, aseguran, lo más valioso ya no es acumular, sino disfrutar.