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La principal razón por la que debería gustarte lo difícil

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Buzz Aldrin en la luna/WIKIPEDIA

Uno de los discursos más memorables de todos los tiempos fue pronunciado en 1962 por Kennedy en Houston. Ante una ingente multitud explicó las razones por las que aproximadamente un año antes había hablado en el Congreso con el fin de fijar un ambicioso objetivo: poner un hombre en la Luna y traerlo de vuelta sano y salvo a la Tierra antes de que finalizara la década.

En aquel discurso, Kennedy pronunció unas palabras históricas que hoy constituyen un lema para todas aquellas personas que encuentran en las dificultades un aliciente. Dijo que habían escogido ir a la Luna no porque fuera fácil, sino precisamente porque era difícil.

Poco años después, tal y como Kennedy había anunciado, Neil Armstrong pisaría la Luna por primera vez en la Historia. Una hazaña que, teniendo en cuenta la precaria tecnología con la que entonces contaban, se sitúa entre los más extraordinarios proyectos de exploración de todos los tiempos.

La primera enseñanza que se extrae de este hecho histórico es más bien sencilla: solo quien imagina objetivos ambiciosos consigue retos increíbles. Quienes han descubierto continentes, escalado las cumbres más altas de la Tierra o resuelto grandes problemas de la Humanidad probablemente no escogieron esos desafíos porque fueran fáciles.

La próxima vez que te sorprendas pensando en que algo es difícil tendrás la oportunidad de experimentar una sensación nueva si te repites con convicción que no escogiste aquello porque fuera fácil, sino precisamente porque era difícil.

Pero la fundamental razón por la que te debería gustar lo difícil no es simplemente que te acerque al éxito, lo cual no es poco, sino que te hace crecer. La moderna investigación sobre la mentalidad fija y de crecimiento nos dice que aquellas personas que interpretan la dificultad como síntoma de aprendizaje logran alcanzar un rendimiento mayor que aquellas que prefieren dormitar en la comodidad de su zona de confort.

Son innumerables ocasiones en las que nos quejamos de que algo es difícil, incluso en aquellos casos en las que lo hemos escogido nosotros, como por ejemplo cuando decidimos aprender una nueva destreza o conocimiento. Y muy pocas las que caemos en la cuenta de que, embebido en ese rechazo a lo difícil, va el virus de la debilidad, cuyos fundamentales síntomas son una menor probabilidad de lograr algo realmente grande y una menor oportunidad de crecer. Un virus peligroso.

La próxima vez que te sorprendas pensando en que algo es difícil tendrás la oportunidad de experimentar una sensación nueva si te repites con convicción que no escogiste aquello porque fuera fácil, sino precisamente porque era difícil. De esta manera te alinearás con el mensaje profundo que hay en aquel discurso de Houston, con los astronautas del Apolo 11, y con todos los que han hecho de la dificultad su medio natural, que son los que de verdad consiguen lo increíble y además crecen.