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Por qué no deberíamos creernos tan listos

25/09/2017 07:32 CEST | Actualizado 25/09/2017 07:32 CEST

PHOTO BY GABORFROMHUNGARY AT MORGUEFILE.COM

En este mundo en el que cualquiera parece poder pontificar sobre cualquier tema en las redes sociales, tal vez sea necesario recordarnos todos que el ser humano es, por regla general, una criatura falible. Más de lo que pensamos.

Ya sabíamos que la memoria no funciona de manera exacta, y que dista mucho de parecerse a una cámara de vídeo. Por eso no recordamos las cosas como ocurrieron y por eso todos tenemos, en mayor o menor medida, recuerdos falsos. Asimismo, estábamos ya familiarizados con la idea de que nuestras predicciones tienden a fallar, incluso cuando pronosticamos futuros terribles (afortunadamente, en este caso). Por último y no menos importante, ya sabíamos desde hace algún tiempo que nuestras decisiones tienden a ser irracionales con más frecuencia de la que sospechamos. En suma: ya estábamos comenzando a acostumbrarnos a la idea de que debemos ir por la vida con un poco de humildad.

El asunto es que están comenzando a acumular estudios, ciertamente inquietantes, que detallan aún más evidencia a favor de la idea de que somos seres imperfectos. De hecho, resultamos hasta un poco fanfarrones en lo que a conocimientos se refiere. Así, por ejemplo:

  • Tendemos a vernos a nosotros mismos más capaces en cuanto a facultades intelectuales1. Es decir, creemos que somos más listos de lo que realmente somos.
  • Creemos que nuestra comprensión de los fenómenos es más precisa y profunda de lo que en realidad es2. O sea, que no nos enteramos de las cosas tanto como pensamos.
  • Cuando buscamos información en Internet acabamos pensando que sabemos más de lo que en realidad sabemos3. Importante hallazgo, porque a menudo hay quien zanja las conversaciones citando una página web como indiscutible argumento de autoridad.
Tal vez un día comprendamos al fin que tener razón está pasado de moda, y nos preocupe más preguntar y aprender que tener la última palabra.

Quizá llegue un día en que nos frenemos antes de hacer afirmaciones tan rotundas en las redes sociales, conscientes como debemos ser de que tendemos a pasarnos de listos. Tal vez ese día todos comprendamos al fin que tener razón está pasado de moda, y nos preocupe más preguntar y aprender que tener la última palabra. Quizá ese día desaparezcan los autonombrados inventores del punto final, los ansiosos repartidores de zascas y demás voceros de gatillo fácil.

Pareciendo que la sociedad retrocede en lugar de avanzar, qué lejos se nos queda ahora aquel preciado y ya clásico texto, ejemplar característico del hippismo más reflexivo y conciliador: "escucha a los demás, incluso al torpe e ignorante; también ellos tienen su propia historia". Acaso deberíamos volver la mirada a aquel espíritu y reconocernos que, en este mundo, todos estamos para encontrar la verdad y que, aunque parezca mentira, es mucho más enriquecedor buscarla en miradas ajenas que en la nuestra propia.

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1 Kruger, J. and Dunning, D. (1999). Unskilled and unaware of it: How difficulties in recognizing one's own incompetence lead to inflated self-assessments.J Pers Soc Psychol, 77(6), 1121-34.

2 Rozenblit, L., & Keil, F. (2002). The misunderstood limits of folk science: an illusion of explanatory depth. Cognitive Science, 26(5), 521–562.

3 Fisher, M., Goddu, M. K., & Keil, F. C. (2015). Searching for explanations: How the Internet inflates estimates of internal knowledge. Journal of Experimental Psychology: General, 144(3), 674-687.

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