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Iguala los permisos parentales si quieres terminar con la penalización salarial por maternidad

22/02/2017 07:22 CET | Actualizado 22/02/2017 07:24 CET

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Foto: EFE

Según la Encuesta de Estructura Salarial (INE), en 2014, el último año disponible, el salario medio bruto anual masculino era de 25.727€, mientras que el femenino era de 19.744€. De ahí resultaba una brecha salarial entre hombres y mujeres del 23,3%.

¿Causas directas de esta brecha? Una menor jornada laboral promedio de las mujeres (hay muchas más mujeres que hombres trabajando a tiempo parcial...); un porcentaje de mujeres decreciente a medida que ascendemos hacia la cúpula de las organizaciones; la segregación ocupacional y sectorial de género (las ocupaciones o sectores feminizados, aunque conlleven un nivel de cualificación similar al de las ocupaciones o sectores masculinizados, suelen tener menos estatus y, por tanto, menos salario...); y los sesgos discriminatorios contra las mujeres.

A su vez, en mayor o menor medida, detrás de estos factores hay uno que es el que queremos destacar en este artículo: la penalización laboral por maternidad. Este fenómeno lo vamos a intentar ilustrar con una serie de gráficos provenientes de una encuesta que realizamos la pasada primavera entre 1.785 parejas con hijos pequeños de la Comunidad de Madrid.

En el gráfico 1 aparecen las respuestas de madres y padres a la siguiente pregunta: "En su opinión, el hecho de ser madre/padre, ¿ha perjudicado o ralentizado sus posibilidades de desarrollo o promoción profesional?" Un rápido vistazo al gráfico ya nos permite ver que existía una asombrosa diferencia en las respuestas. Por ejemplo, un 40,5% de las madres afirmaban que la maternidad les había perjudicado bastante o mucho, mientras que tan solo un 8,9% de los padres declaraban esto mismo.

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Empecemos a tirar del hilo y miremos qué puede haber detrás de esta brecha de género en los efectos de la maternidad/paternidad. Al hacerlo nos encontramos con que la causa inmediata de esta diferencia es que, en promedio, los padres utilizan mucho menos las medidas de conciliación de la vida laboral y familiar que las madres, en un contexto, como el español, en donde el uso de estas prácticas tiene a menudo repercusiones negativas sobre las carreras profesionales de quienes las usan.

De acuerdo con el gráfico 2, se observa que, ya en el origen (es decir, tras el nacimiento o adopción del niño/a), las madres utilizaban un promedio de 159 días de baja para cuidar del bebé mientras que los padres utilizaban apenas 14 días (básicamente el permiso de paternidad de dos semanas existente en 2016). Es decir, el tiempo de baja de los padres apenas representaba el 9% del tiempo de baja de las madres.

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Pero esa baja presencia del padre en esta primera fase del cuidado del bebé tiene efectos persistentes. Como muestra el gráfico 3, la situación no se corrige en el momento de la reincorporación al trabajo. Por ejemplo, un 37,8% de las madres de nuestra encuesta solicitaron una reducción de jornada o trabajar a tiempo parcial al reincorporarse a sus trabajos, mientras que tan solo un 4,4% de los padres hicieron eso mismo.

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Este mucho menor uso por parte de los padres de las medidas de conciliación -que acarrea la consecuente penalización laboral de las madres- tiene su correspondencia con el hecho de que el grado de implicación de los padres en el cuidado de sus hijos pequeños es bastante inferior al de sus parejas. Esta falta de corresponsabilidad entre ambos en el cuidado de los hijos queda ilustrada con claridad en el gráfico 4. En él aparecen 18 actividades de cuidados infantiles. Tanto al padre como a la madre se les preguntó quién realizaba en mayor medida cada una de ellas, abarcando la escala de respuestas desde 1 ("la madre en gran medida") a 5 ("el padre en gran medida"). En el gráfico aparecen las puntuaciones medias que se obtuvieron para cada una de las actividades. Nótese que si la puntuación media queda por debajo de 3 ello quiere decir que es la madre quien realiza en mayor medida la actividad.

Como se puede ver, la participación relativa del padre era minoritaria en las 18 actividades (todas están por debajo de 3). Además, al ordenar las actividades de cuidados en función del grado de participación del padre, se observa que la participación de éste era más elevada en las actividades que podríamos considerar como "más creativas y gratificantes" y mucho menor en las actividades más rutinarias.

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En los gráficos 5 y 6 se ofrece el detalle de las respuestas que dieron las madres y los padres para la actividad de cuidado más feminizada ("lavar la ropa del niño/a") y para la menos feminizada ("Jugar con el niño/a en casa"). Obsérvese, por ejemplo, que un 64,5% de las madres encuestadas (y un 57,2% de los padres encuestados) consideraban que la actividad de "lavar la ropa del niño/a" la realizaba "la madre en gran medida".

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Sin embargo, las normas sociales y las actitudes referentes a la paternidad están cambiando. Hoy día "ser un buen padre" no solo se identifica con la necesidad de ser un proveedor financiero del hogar (y una figura disciplinaria, etc.), sino también con la necesidad de ser un padre plenamente implicado, desde el principio, en el cuidado y el desarrollo cognitivo y afectivo de sus hijos/as. Para un número cada vez mayor de padres es muy importante participar y estar activamente en ese "día a día de sus hijos/as". Esto coincide con una corriente de cuestionamiento de la denominada masculinidad hegemónica (véanse los estudios de Raewyn Connell sobre masculinidades) y de surgimiento de la figura del "nuevo padre" o "superdad" (véanse los estudios de Gayle Kaufman y de Teresa Jurado y compañía).

Pero... si cada vez hay más presión para ser un "superdad", mientras que al mismo tiempo observamos que muy pocos padres utilizan las medidas de conciliación existentes, es que algo falla... En efecto, esta contradicción se debería reflejar en unos niveles crecientes de sensación de conflicto trabajo-familia entre muchos padres. Y así sucede, a juzgar por los datos del gráfico 7. En él se puede observar que había más padres (un 60,1%) que madres (un 47,5%) que estaban bastante o muy de acuerdo con la afirmación de que "el tiempo que necesito para mi trabajo hace que me resulte complicado satisfacer mis responsabilidades familiares".

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¿Y cómo podemos explicar esos altos niveles de conflicto trabajo familia entre los padres varones? En primer lugar habría que destacar la poca sensibilidad que, en general, sigue habiendo en España a las necesidades de conciliar de madres y padres. Así apunta el gráfico 8, en donde un porcentaje muy pequeño de madres y (menor aún) de padres considera que la dirección de sus empresas está comprometida con la conciliación.

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Pero además, en el caso concreto de los padres, sucede que muchos de ellos, que serían potenciales usuarios de las medidas de conciliación existentes, se abstienen de solicitarlas porque tienen la sensación de que esas medidas "no son para ellos". Aquí convergen las actitudes (aún influidas por normas de género tradicionales) y el propio desconocimiento de muchos padres, con la falta de una cultura corporativa sensible hacia la incorporación de los varones al uso de las medidas de conciliación de la vida laboral y familiar.

Un indicador de esas barreras corporativas al uso de las medidas de conciliación por parte de los varones lo tenemos en el gráfico 9. En él se observa que la mayoría de encuestados (tanto padres como madres) afirmaban que en sus empresas "se consideraba más natural" que las medidas de conciliación fueran solicitadas por las madres y no por los padres.

Nótese, además, que el hecho de que la necesidad de conciliar se asocie tan solo con la plantilla femenina no hace sino alimentar los sesgos discriminatorios contra las mujeres: contratar a una mujer se vería como un factor de riesgo, porque la maternidad, y no la paternidad, se asociaría con más costes para la empresa derivado del uso exclusivo por parte de las madres de las medidas de conciliación (véanse los experimentos de Shelley Correll para medir estos sesgos discriminatorios contra las madres).

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¿Cómo podemos cambiar esto? No hay ninguna medida mágica y simple que solucione de un plumazo este problema (de falta de corresponsabilidad y de la consiguiente penalización por maternidad), ni ningún otro. Pero sí existen a veces medidas que alteran los statu quo y las inercias del pasado y que permiten dar un salto o "cambio de régimen" en una dirección de cambio mucho más decisiva y prometedora. Este es el caso de la propuesta de igualación del permiso de paternidad con el de maternidad que está ahora en el parlamento español. Se trata de llegar gradualmente a un sistema de permisos parentales iguales, intransferibles y bien remunerados, o "propuesta 16+16" (16 semanas de permiso para cada progenitor). Los detalles de la propuesta se pueden encontrar en la plataforma PPiiNA. Es importante que la propuesta de esta plataforma, que es la Proposición de Ley que está actualmente en el Congreso de los Diputados, no quede descafeinada en su proceso de discusión y aprobación.

La igualación de los permisos parentales (que no quita nada a las madres, sino que otorga más tiempo de permiso parental a los padres) impulsaría la participación activa de los padres en el cuidado infantil desde el nacimiento de sus hijos, normalizaría socialmente -la ley ejemplariza- la idea de que los hombres son tan aptos como las mujeres para el cuidado de los bebés, proporcionaría a las nuevas generaciones unos modelos más igualitarios en términos de género, y normalizaría la idea de que las medidas de conciliación de la vida familiar y laboral son algo que utilizan tanto las madres como los padres.

Y este avance en la corresponsabilidad padre-madre en el uso de las medidas de conciliación y en el cuidado de los menores reduciría la sobrecarga de trabajo que tienen en la actualidad muchas mujeres trabajadoras y reduciría los incentivos de los empleadores a discriminar a las madres o potenciales madres; es decir, reduciría de manera decisiva la penalización por maternidad.

Además, esta media suscita un gran apoyo, como pone de manifiesto el gráfico 10: un 90,8% de los padres y un 93,3% de las madres de nuestra muestra se mostraban a favor de igualar los permisos del padre con los de la madre.

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Por otra parte, esta medida de equiparación de los permisos debería ir acompañada por una verdadera apuesta por las medidas de conciliación a cargo de las empresas y de las administraciones públicas: más sensibilidad hacia las necesidades de conciliación de los trabajadores y de las trabajadoras, y sin sesgo de género.

El Premio Nobel de economía, Amartya Sen, en su "enfoque de las capacidades", señala que el aumento del bienestar humano no se deriva directamente del aumento de los recursos sino del aumento de las capacidades; es decir, de la expansión de la "agencia" o posibilidades de elección de las personas. Y precisamente, el avance efectivo en la corresponsabilidad entre hombres y mujeres en el uso de las medidas de conciliación -ayudado por la igualación de los permisos parentales- hará posible una expansión de la capacidad de elección de muchos padres -que podrán acceder de manera efectiva al uso de las prácticas de conciliación- y de muchas madres -que podrán acceder de manera efectiva a una carrera profesional plena, sin que la maternidad suponga un obstáculo para ello-. Estos son los aspectos de fondo que, en última instancia, acabarán con la brecha salarial entre hombres y mujeres.

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