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Podemos aún no es feminista

20/01/2015 07:16 CET | Actualizado 21/03/2015 10:12 CET

Está claro después de las Navidades que el debate que más ha resonado en todas las conversaciones familiares, entre amigos y compañeras, ha sido el del papel de Podemos y su desarrollo dentro del panorama político español.

Que Podemos es una fuerza política importante y con apoyo es algo que nadie puede negar a estas alturas , después de varias encuestas y estadísticas. Sin embargo, yo no quiero hablar de números, sino de personas. En concreto, quiero hablar del papel de las mujeres en Podemos, de cómo se las representa, pero también de cómo se gestiona su participación dentro del partido.

Si bien no conozco al dedillo la estructura interna del partido, porque no estoy dentro ni pertenezco a él, sí he tenido el inmenso placer de compartir conversaciones con varias mujeres implicadas, algunas que se sienten cercanas y participan en círculos, y otras que están dentro y militan en Podemos. Sus palabras me han ayudado a entender mejor la situación y las herramientas con las que podrían contar para que el partido dé un giro. De momento, desde mi punto de vista, son varios los conflictos que surgen en cuanto a la agenda feminista de este nuevo partido.

Si leemos en la web de Podemos parte de su programa electoral, en el apartado de igualdad y mujer, los puntos que aborda son en esencia la conciliación laboral con el ámbito familiar, el derecho a la libre elección en los derechos sexuales y reproductivos y las ayudas a la dependencia.

Señalaban en una entrevista en Cadena SER, Yoselín Saita y Soledad Torralba que se contemplaba como preocupación base la formación para el empleo de las mujeres, para así conseguir que la tasa de mujeres trabajadoras en España aumentase de la mano de una equiparación de salarios. Lo que más me llamó la atención fue una pregunta que se planteó: "Porque claro, si una mujer se separa del hombre, y esa mujer no tiene formación, ¿a dónde va a ir esa mujer?" Evidentemente, el problema es mucho más profundo. El hecho de que las mujeres en España estén, en un alto porcentaje, en paro no es sólo porque no tengan formación, sino porque son sistemáticamente discriminadas, especialmente por razones de edad, considerándose conflictivas las mujeres susceptibles de quedarse embarazadas, además de las mujeres que ya han pasado esa franja y que ahora el sistema ve como demasiado mayores para trabajar de cara al público, por ejemplo. El estándar de mujer bonita y joven no sólo es un estigma para la salud y la posición de la mujer en la vida social, sexual y cotidiana, sino también, y mucho, en la laboral. También hay que destacar que otros factores como la procedencia y la condición sexual son a veces motivos de discriminación laboral, porque España no es, ni mucho menos, un ejemplo de tolerancia en estos aspectos; son numerosos los casos de discriminación interna por estas cuestiones, una vez dentro de empresas, o antes, durante los procesos de selección. Por tanto, la raíz de esto es mucho más profunda y está podrida desde un estadío más temprano, que son los de la educación, los programas educativos y las campañas de concienciación, así como los currículos de los centros y las estrategias del Gobierno en los planes de empleo. Esto último es probablemente lo que pueda tener más conexión con esa pregunta que planteaban en la entrevista. Si las mujeres no sienten el amparo y el apoyo del Gobierno a la hora de vivir independizadas o prescindir de cualquier tipo de unidad familiar, ¿cómo entonces van a tomar las riendas de un nuevo proyecto de vida y emancipación? Es necesario que se garantice la independencia e integración de las mujeres dentro del plano laboral a partir de planes de formación que incluyan a las mujeres de todas las edades y procedencias dentro de trabajos de no-cuidados, de tareas no-mecánicas y repetitivas, a los que hemos estado orientadas desde antes y desde la Revolución Industrial hasta nuestros días.

Por otra parte, las ayudas a la dependencia para las mujeres cuidadoras, dicen, han de ser remuneradas para el reconocimiento del trabajo digno mientras cuidan a esos familiares dependientes. Pero de nuevo, ¿queremos seguir prolongando ese papel de mujer cuidadora dentro de la sociedad? Perdónenme, pero no seré yo quien defienda eso. No puedo comprender que se quiera seguir manteniendo a las mujeres bajo el yugo de los cuidados familiares dentro del ámbito privado, negándoles otro tipo de empoderamiento laboral o formativo que les permita independizarse y realizarse como personas de pleno derecho a no cuidar. Ese rol se ha antepuesto a muchos otros de poder que se hubieran podido desarrollar con el tiempo. Recientemente, se ha intentado disfrazar bajo la imagen de la supermujer que concilia no sólo esta explotación familiar socialmente aceptada, sino también la laboral. La misma que la empequeñece aún más y la esclaviza con salarios más bajos por la mismas horas de trabajo que un hombre, o incluso más. No, yo no quiero que ni el Gobierno ni el sistema perpetúen a las mujeres cuidadoras. Quiero ayudas a la dependencia desde los mecanismos adecuados de servicios sociales por medio de los y las profesionales cualificados para ello, y que estas mismas personas dependientes tengan la posibilidad de integrarse y ser atendidas con la debida corrección, que cuenten con un trato humano, y que cuenten con los recursos necesarios para ello dentro de lo posible. La totalidad de recursos es lo que se ha de exigir, porque no es imposible.

Además, estas propuestas en cuanto a la dependencia no son ninguna novedad para nuestros oídos, pues son prácticamente las mismas que expuso el Gobierno socialista en 2006.

¿Qué decir sobre el hecho de que en el programa se garantice que se va a respetar el derecho a la libre elección a la hora de interrumpir un embarazo? Pues poco más, que es lo que hay que hacer. No es motivo de aplauso, no nos equivoquemos con esto. El derecho a decidir no sólo se ha ganado a base de lucha activa y teórica, sino que es un derecho legítimo de las mujeres y no un privilegio. Por lo que no veo motivo para aplaudir o dar las gracias. Es un deber garantizarlo desde la institución del Estado.

Aún así, este tema ha de llevarse más allá. Los asuntos de feminismo y mujeres no se pueden abordar y tratar sólo en la superficie. Si un partido político se proclama defensor del pueblo y de todos y todas, ha de hacerlo de verdad y no sólo desde el confort que ofrece las demandas básicas y mainstream (por decirlo de alguna manera). Si Podemos quiere ser el partido del pueblo, ha de visibilizar e incluir a todos y todas las ciudadanas, y esto también incluye a las personas trans. ¿Dónde están los/ las trans representados dentro de estas propuestas? Ellos/ as también son votantes, e irán a las urnas.

Pero no existe ni un sólo punto que se refiera a este colectivo y sus derechos, en especial en lo que se refiere a los centros educativos públicos donde ahora mismo se está desarrollado un movimiento potente de padres, madres, alumnos/as y profesorado que busca y lucha, primero, por la no discriminación y, segundo, por la integración y el reconocimiento de sus derechos.

Sigue existiendo un fuerte acoso al colectivo homosexual y, por supuesto, al transexual. Si el Gobierno no garantiza la seguridad y respeto a esta parte de la ciudadanía, no es mi Gobierno. Es decir, Podemos no está ofreciendo una mayor garantía en el avance y el reconocimiento de nuevas identidades dentro del sistema de justicia español, ni tampoco en lo que refiere a medidas sociales de concienciación, educación e integración.

De esta misma forma, el vacío que se planta ante nuestros ojos en cuanto a la reproducción asistida de mujeres lesbianas es evidente. Parece que esto no es algo tan importante, y con ello, se deduce una discriminación y una violencia hacia el colectivo, que hasta ahora se ha venido dando , en especial, con el Gobierno del Partido Popular.

Tampoco sé por qué nos extrañamos tanto. Pablo Iglesias, líder -hombre, blanco, heterosexual y con estudios superiores- de Podemos, aplaudía al papa Francisco en el Parlamento Europeo. Mientras el pontífice irrumpía con su discurso político-religioso dentro de un órgano internacional que ha de abanderar la laicidad, Iglesias publicaba en Twitter frases de alabanza hacía Francisco. Hacia el mismo Papa que condena el aborto y que juega a ser tolerante con los homosexuales en según qué aspectos con tal de que la Iglesia siga vigente como lobby de poder durante muchos años más. Supongo que Iglesias no es tal estandarte de lo laico como quiere hacer creer, refiriéndose al Papa incluso como Bergoglio... ¿Los poderes heteropatriarcales se reconocen y tutean en una zona de confort y privilegio?

Las únicas personas que abandonaron aquel festival de la intolerancia fueron IU, con Marina Albiol como portavoz, y Teresa Rodríguez, de Podemos. Es ella quien me lleva a la siguiente parte de mi reflexión: ¿dónde están las mujeres en Podemos? No es que no haya. Al contrario, son muchas, pero no se las ve. Y es bien sabido que lo que no se ve, no existe. Probablemente, Teresa Rodríguez y Tania González son las dos mujeres más conocidas del partido, pero es que Podemos cuenta con un círculo de feminismo del que a penas se conocen públicamente sus miembros.

Está claro que no es porque ellas no quieran aparecer. Cuentan con páginas de información y divulgación en diferentes redes sociales, y se sabe que están ahí. Otras feministas saben que el círculo existe. Pero, ¿y el público? ¿Saben el electorado y las mujeres votantes que hay mujeres en Podemos luchando por sacar a flote propuestas políticas feministas comprometidas? No. No interesa a la cúpula liderada por hombres una vez más, ninguna novedad.

Nadie sabe exactamente qué planes tiene el círculo feminista de Podemos, porque probablemente lo único que se oye del partido son las palabras de Monedero e Iglesias, sobre corrupción, economía y lo malo que es que les tilden de demagogos. Yo por el contrario no les voy a llamar demagogos, pero sí machistas. Lo que yo veo es que en la cúpula del partido sólo hay unas cuantas mujeres visibles como la misma Tania González o Carolina Bescansa, la misma que asistió al Congreso de Vistalegre con su hija en un alarde de conciliación familiar. Aquella estampa, más que al progreso, me recordaba a una obra del siglo XX titulada El Cuarto Estado, de Giuseppe Pellizza da Volpedo. Vamos entonces hacia atrás y no hacia adelante en este sentido....

Tania González, eurodiputada de Podemos, sostenía que están trabajando para que exista equidad dentro del partido, y que las mujeres ocupen puestos de mayor representación y poder, señalando que la política está muy masculinizada. Claro que es así, y como cualquier otro ámbito está dominado por el poder patriarcal imperante en el mundo. Pero la misión de tomar espacio se vuelve imposible si en su propio partido se ponen obstáculos y se retrasan todas sus palabras y propuestas.

Es imprescindible que si Podemos quiere contar con el voto de las feministas, empiece por dejar hablar a sus feministas, que ellas conquisten el espacio que les pertenece y alcen la voz. De otra manera, desde fuera, las feministas no se sentirán representadas en absoluto por este partido. A la vez, parece que es necesario y sorórico, en favor de un bien común por la lucha de la representación de las mujeres en política, que todas las feministas exijamos que estas mujeres dentro de este nuevo partido salgan a la luz, y que se les conceda la misma legitimidad y poder en cuanto a discurso en ámbitos internos, pero especialmente en los medios de comunicación. Pero ese tema solo ya da para otro artículo.