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Sanidad: No hay que recortar sino gestionar mejor

27/07/2012 08:42 CEST | Actualizado 25/09/2012 11:12 CEST

Releía ayer el documento, "Un sistema sanitario sostenible (II)", publicado recientemente por el Círculo de Empresarios, y venía a mi mente la escena de Pulp Fiction en la que Harvey Keitel se presenta: "Soy el Sr. Lobo, soluciono problemas"; explicaré más adelante el por qué de esta evocación.

De la lectura del documento saco algunas conclusiones:

• Los ciudadanos estamos en general satisfechos con nuestro Sistema Nacional de Salud (SNS), un sistema sanitario, por lo que respecta a la financiación y provisión de prestaciones, público y universal.

• Desde que se transfirieron las competencias en materia sanitaria a las Comunidades Autónomas, se observan ciertas deficiencias de gestión y gobernanza en el SNS.

• La composición de nuestro gasto sanitario está desequilibrada en favor de la atención de agudos (urgencias y atención hospitalaria) y en detrimento de la prevención, la atención primaria o la atención de crónicos. Los sistemas sanitarios que equilibran esta estructura de prestaciones son más eficaces y económicos

• El incremento del coste sanitario per cápita parece inevitable, las causas son múltiples: la utilización de nuevas y costosas tecnologías, el envejecimiento de la población, el cambio de hábitos de consumo... Durante los últimos años el incremento de los costes sanitarios ha sido constante y superior al incremento de PIB.

• La actual evolución de los costes sanitarios hace difícil la viabilidad del sistema a medio y largo plazo. A esto se une la delicada situación económica que atraviesa nuestro país que nos obliga a priorizar y a racionalizar los gastos.

• Es necesario profundizar en diversas fórmulas de corresponsabilidad entre usuarios, profesionales y empresas que permitan elegir al usuario en un entorno de competencia. El usuario también deberá asumir una parte del coste sanitario por medio de un sistema que garantice la equidad y la protección de los más desfavorecidos.

Y me pregunto: ¿Es posible mantener la esencia de nuestro sistema, la calidad y la universalidad de las prestaciones? Cojo lápiz y papel y anoto algunas cifras:

El gasto público sanitario de las Comunidades Autónomas por habitante y año oscila (datos medios del periodo 2000-2008) entre los 1.061 y los 1.704 euros, con una media de 1.252 euros por habitante y año. Simplificando la cuestión, hay una diferencia del 60% entre la comunidad que más gasta y la que menos gasta. Por tanto, si todas las comunidades autónomas racionalizaran su gasto sanitario reduciéndolo al nivel de la que menos gasta, se generaría un ahorro del 15% en todo el sistema sanitario.

Un número muy importante de ciudadanos, aquellos que pertenecen a las mutualidades de funcionarios, tienen que optar de forma excluyente por la atención pública o la privada (casi el 80% eligió esta última). La prima médica pagada por el Estado en 2008 en favor de este colectivo fue de 657 euros (excluidos los gastos farmacéuticos) frente a los 962 euros del SNS (en realidad 1.189 euros, de los que hemos restado un 19,1% de gastos farmacéuticos); es decir un 32% menos que la media.

Hay otras cifras que me llaman también la atención: absentismo laboral superior al 10%, infrautilización de los equipos de diagnóstico con un elevado coste de inversión, ausencia de una central de compras (cada hospital negocia y contrata los suministros que necesita).

Todo parece indicar que hay un elevado potencial de mejora en la gestión de la sanidad pública. Que cada cual saque sus propias conclusiones, yo creo que podemos mejorar la gestión de los servicios sanitarios sin disminuir el nivel y la calidad de las prestaciones.

No hablemos por tanto de recortes de derechos para el ciudadano, hablemos de racionalización del gasto y de mejoras de gestión; hablemos de pagar menos por lo mismo; hablemos de eficiencia en la prestación de los servicios. Sólo así podremos hacer de nuestro sistema sanitario un sistema viable y sostenible para mantener hoy y, en el futuro, aumentar las prestaciones sanitarias que reciben los ciudadanos.

Tenemos un problema, tenemos algunos indicios sobre cómo solucionarlo, no tenemos tiempo, estamos confusos, no sabemos por dónde empezar, nos atenazan los nervios. ¡Llamemos al Sr. Lobo!