Criticar, señalar, pitar en el portal de un político, no es violencia, es pura protesta. Es legal. Pacífico. No usan armas, sólo pegatinas. Es desobediencia civil, jarabe democrático prescrito por el pueblo. Los tachan de violentos, los señalan como terroristas, y pretenden que nos quedemos mirando el dedo. Vuelven a equivocarse: ellos no son los violentos.
¿Quién dice la verdad y quién miente? ¿El PP, que habla de más de 5.000 viviendas desocupadas, o la Junta, que habla de "casos puntuales"? A la vista de las cifras publicadas es muy probable que ambos estén exagerando sus argumentos.
Supongo que los políticos actuales leen con cierta asiduidad. Por eso no les supondrá demasiado esfuerzo dedicar cinco minutos, sólo cinco, a leer Apuntes para un informe sobre la brigada de la realidad, un relato del volumen de cuentos de Antonio Muñoz Molina Nada del otro mundo. Es una sugerencia dirigida a todos los políticos, pero especialmente a la secretaria general del PP, María Dolores de Cospedal.
¿Cuántas personas más tienen que sufrir, llorar e incluso morir para que se paralicen todos los deshaucios? ¿Será necesaria una huelga de hambre? Lo que está en juego es la dignidad de la gente. Dignidad representada por sus viviendas, por sus vidas. ¡Menos mal que la Constitución española garantiza una vivienda digna para todos!
Sorprende que los bancos preocupen cada vez menos a los ciudadanos, mientras la corrupción y los políticos siguen escalando puestos entre los principales problemas de los españoles. ¿Qué pócima han utilizado los banqueros para escapar del centro de la diana y ser reemplazados por los políticos?
No es la intención de este blog participar en ese linchamiento a ciegas ni defender ninguna estrategia de coacción venga de donde venga. Tampoco se trata de rebatir opiniones o tomar partido, sino de contrastar el hecho supuestamente constatable al que se refirió Cifuentes: que Ada Colau ha manifestado su apoyo a Bildu y Sortu.
La sentencia del Tribunal de Luxemburgo tiene, ahora, un valor de precedente fundamental. Mi experiencia me dice que puede convertirse en un hito jurídico de gran relevancia ante la enormidad de la crisis.
Las casas son paredes, camas, cocinas. Tristemente esa confusión que provoca en los países occidentales la necesidad de poseer, hizo que hace unos años perdiéramos el rastro de migas de pan. La hipoteca se convirtió en penitencia y castigo a cadena perpetua.
El proceso de ejecución tenía serías fisuras que dejaban al deudor en permanente inferioridad de condiciones. Ante la insensibilidad que el Constitucional había demostrado resultaba necesario contrastar si nuestro sistema judicial respondía a principios reconocibles por el legislador europeo.
Estamos dirigidos por algunos servidores públicos que además de ser deshonestos son imbéciles; políticos que han pensado que eran inmunes a los delitos de robo, malversación, prevaricación o tráfico de influencias; que desconocían el significado de la palabra expolio y que aprobaban inversiones arbitrarias e ilógicas.
José Antonio tenía 50 años. Iba a ser desahuciado por no pagar el alquiler de su casa. Como ya sabréis el pasado lunes día 5, en Bilbao, se cansó de padecer. Es la primera víctima de los desahucios después de la admisión a trámite de la Inicitativa Legislativa Popular (ILP) Hipotecaria.
Mientras los diputados rendían pleitesía a Draghi, los representantes de 1,5 millones de ciudadanos trataban por todos los medios de convencer al PP de que aceptara el debate sobre la ILP (Iniciativa Legislativa Popular) para que la dación en pago, entre otras medidas, acabe con el drama de los desahucios en España.
Todos los políticos con los que hemos hablado -Martínez Pujalte, Chacón, Sánchez Llibre, Saura- escucharon ayer a Ada Colau, de la Plataforma de Afectados por la Hipoteca. Ella representa el estado anímico de la calle mejor que ellos: ¿por qué entonces no acaba de producirse un estallido social? ¿Creen los políticos y los sociólogos que acabará pasando?