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El 15M: la gran mentira

13/11/2012 08:28 CET | Actualizado 12/01/2013 11:12 CET

Oigo decir todos los días que el 15M tal, el 15M cual, y sinceramente, no tengo el placer de conocerle.

Conozco a personas, muchas personas, que el 15 de mayo de 2011 estaban en la plaza, en una manifestación convocada por Democracia Real Ya, y conozco a muchos que se quedaron en la plaza a dormir, pero no son el 15M.

Conozco a personas que cuando las personas de Sol que se quedaban a dormir fueron desalojadas, invadieron las calles y gritaron: aquí NO, esta época ya pasó. Nosotras no consentimos eso. Pero no son el 15M.

Conozco a personas que cuando muchas de estas personas se quedaron a crear el microcosmos que dio lugar a la AcampadaSol, iban todos los días a participar para crear una contracultura capaz de revertir el sistema establecido y recuperar la senda del hombre cabal. Pero no son el 15M.

Conozco a personas que salen en los desahucios y los paran, conozco a personas que ocupan casas abandonadas y se las dan a la gente que se queda en la calle, personas que dan su tiempo libre para crear nuevas formas de pensar conjuntamente, personas que difunden día a día toda nueva información que no cubren los medios oficiales. Conozco a personas que discuten hasta el alba y luego siguen discutiendo cómo quieren que sea ese nuevo mundo tras una cabezadita, y a personas que protegen a todas estas personas día tras día de la desprotección del Sistema impuesto. Pero no son el 15M.

Todo lo que te cuenten sobre el 15M es mentira, porque el 15M no existe. No es nada, es un invento de la prensa, una etiqueta para buscar en Google.

La etiqueta 15M, que muchas veces incluso nosotras adoptamos, quiere definir una contracultura difusa e indefinida, que no defiende las mismas cosas en cada pueblo y nación, que es distinto en Japón, Angola, Afganistán, Siria, Francia, Estados Unidos, México, Argentina o España. Pero que son ciudadanos de verdad, de los que luchan por sus derechos, por lo que ellos deciden en asambleas todos los días del año.

Porque, es verdad, nos organizamos en asambleas, pero no se asemejan mucho unas a otras, ni tratan los mismos temas, pero salimos a la calle y la OKUPAMOS porque es nuestro derecho, un derecho no modulable, ni reformable, un derecho que no se tiene que escribir para que lo tengamos y un derecho que no nos van a quitar, aunque me quede solo y en la calle reclamándolo. Pero eso no es el 15M.

Esa es la realidad que se revela cada vez a más personas y que terminará siendo la realidad de todas. Los derechos no se legislan, los derechos no se modulan, los derechos no se regulan, LOS DERECHOS SE TIENEN, se reclaman y se luchan día a día, es así de sencillo. Pero eso no es cosa del 15M, sino de cada persona, de aquellas que tienen el deseo de vivir y el deseo de dejar algo mejor a sus personas allegadas o a sus descendientes. Porque quien no se manifiesta, quien no protesta, quien no lucha día a día, está regalando sus derechos a personas que no conoce y de las cuales no sabe el uso o abuso que tendrán con personas a las que no conocen, con las que conocen o incluso con ellas mismas...

No llames 15M a la persona responsable y/o consciente de su realidad, porque es alienarla del resto.

Intentar definir identidades es una tarea ardua y nociva. En vez de eso, baja a la calle y lucha por ella. Es tu derecho y tu obligación.

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Artículo en colaboración con Javier Asnoru.

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