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Rosa Regás, la magdalena de Proust

14/06/2013 08:26 CEST | Actualizado 13/08/2013 11:12 CEST

Aún recuerdo la fuerte impresión que me dejó Rosa Regáscuando la entrevisté en su casa de Madrid hace ahora once años. Era un torbellino, una mujer de una personalidad fortísima, segura de sí misma, que reconocía sin tapujos haber empezado a escribir por un encargo de Carlos Trías, que le pidió que escribiese sobre la ciudad de Ginebra, donde había pasado una temporada como traductora de Naciones Unidas. "Nunca le agradeceré suficiente que me obligara a sentarme frente a una máquina de escribir". Corría el año 1987. Tardó cuatro años en publicar su primera novela, Memorias de Almator, y en 1994 ganó el Premio Nadal con Azul, muchos años después el Planeta con La canción de Dorotea y en 2013 ha obtenido el Biblioteca Breve que convoca Seix Barral con Música de Cámara.

Rosa Regás nació en Barcelona durante la II República, en 1933, y se codeó y compartió grandes experiencias con aquella magnífica generación de escritores, que los manuales de literatura denominan como Generación del 50: José Agustín Goytisolo, Carlos Barral, Jaime Gil de Biedma, Juan Marsé, etc. Ha sido editora (publicó a Juan Benet, a Álvaro Pombo, a Vázquez Montalbán e incluso a Javier Marías), fue traductora de la ONU, dirigió el Ateneo Americano de la Casa de América de Madrid y la Biblioteca Nacional, y en 2005 recibió la Orden de la Legión de Honor de la República Francesa. Estas son las respuestas que nos da para invitarnos a sumergirnos en el mundo de los libros, con motivo de la Feria del Libro de Madrid.

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¿Qué libro estás leyendo ahora?

El pretendiente americano, de Mark Twain, y La vida alrededor (cuentos de cine), varios autores contemporáneos.

¿Qué libro te marcó en tu infancia o adolescencia y por qué?

Fueron muchos los libros que marcaron mi infancia, comencé a leer muy pronto pero no tengo memoria de los libros que leí por lo menos hasta los 10 años. Desde entonces Crimen y castigo de Dostoievski o Los hermanos Karamazov; Katrina de Sally Salminen, y varios pasajes de la Biblia. Yo estaba interna en un colegio y leía los libros que había en una recóndita biblioteca del convento. En casa de mis abuelos había también una gran biblioteca, con restos de la de mis padres que estaban en el exilio de la guerra de España, así que desde muy niña leí los autores rusos, ingleses o franceses del XIX. Peyrefitte me lo dio mi abuelo, que por el título lo confundió con un libro de piedad religiosa. Sólo hasta los 18 años, ya casada, no leí a Proust, que posiblemente es el autor que más me ha influido, o eso creo.

¿Qué autores te han marcado más a lo largo de tu vida como lector?

Son infinitos, de hecho casi todos los libros que leo me dejan una impronta, porque si no me gustan los dejo de lado. Insisto en que fue Proust el que más me influyó, y los autores de libros históricos que tratan de la guerra civil, la guerra de España como la llaman los franceses, Gerald Brenan, Josep Fontana, Ian Gibson. También y de una forma muy profunda, J. G. Frazer o Mircea Eliade, y alguna Oda de Horacio entre muchísimos libros de poesía que leo constantemente.

¿Qué libro del que tuvieras un buen recuerdo te ha defraudado con el paso del tiempo o viceversa?

Cuando releo un libro tengo en cuenta la interpretación que de él hice en una primera lectura. No encontrar en la segunda mi versión original no me defrauda, al contrario, me enseña que el lector, leyendo, se convierte a su vez en un creador. Lo que sí me defrauda, a veces, son ciertos autores que leí con pasión pero que con el paso del tiempo han cambiado de intención o de ideología apartándose de lo que fueron, para empeorar desde mi punto de vista: a veces, cargados de éxito han perdido fuerza y no son más que una repetición de sí mismos, y otras, suponen una vida cargada de contradicción, que me defrauda.

¿Qué libro tuyo recomendarías a los lectores que todavía no te han descubierto?

Depende del tipo de persona, de su formación literaria, de su pasión por la lectura y también de mí misma, que cada tanto cambio mi opinión sobre las novelas que he escrito. Creo que la última, Música de cámara, es la que tiene un público más amplio, pero a la gente menos interesada en la lectura les resulta más fácil y atractiva La canción de Dorotea o incluso Luna lunera. Esto creo ahora por lo menos.

Y de tus contemporáneos, ¿a quién recomendarías para iniciarse en el mundo de la lectura?

Vale lo mismo que he dicho antes: depende de la persona, de su entorno, de su formación. Desde la novela negra o policíaca, por ejemplo, Georges Simenon, hasta las grandes historias de los autores del siglo XIX, pasando por la infinita variedad de temas y estilos de los autores de hoy. No sé, depende de todos modos.

Y los niños, ¿cómo podemos contagiarles la pasión por los libros?

Leyendo nosotros, haciéndoles leer desde pequeños, evitando que vivan en un mundo de dispersión continua, no llenándoles las horas libres de mil deportes distintos y otras actividades, y controlando su afición a los videojuegos y similares. Da muy buenos resultados montar pequeños clubs de lectura entre varios niños amigos a los que se les da a leer el mismo libro, y se los reúne una vez a la semana o cada quince días para que den sus distintas interpretaciones. Aprenden a discurrir, a debatir y, sobre todo, leen para poder intervenir en la próxima reunión. Es una experiencia que funciona. En Andalucía, donde había un gran problema con la lectura, comenzaron con los clubs de lectura hace seis o siete años y, ahora, sólo los que crea y dirige el Centro Andaluz de las Letras han llegado a 800, sin que durante estos años ninguno de ellos haya muerto por aburrimiento o abandono por parte de sus integrantes, al contrario, crecen constantemente.

Por último, ¿qué historia de ficción te hubiera gustado vivir en carnes propias?

Nunca había pensado en esto, no me identifico casi nunca con los personajes de las novelas, sino con los autores que las escriben. Pero pensándolo ahora veo que sólo parcialmente habría querido vivir alguna gran aventura, como El descubrimiento de las fuentes del Nilo de Speke, ciertos momentos de Sin novedad en el frente de Erich Maria Remarque, o alguna historia de amor, el inicio solamente, de conocidas novelas de los románticos del XIX. Pero, en general, me parece haber tenido una vida variada y llena, a veces incluso demasiado intensa. No me puedo quejar y no deseo mucho más.

Foto: Juan Carlos Gárgoles.

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