El delfín Manoliño parecía 'un pedazo de pan', pero era 'un animal de tres metros y 400 kilos que si te da un sopapo te pone la cabeza del revés'
El mamífero solitario que conquistó las costas gallegas durante años.

Los delfines despiertan simpatía casi de forma automática. Su apariencia amable, su curiosidad y las historias que los rodean han contribuido a convertirlos en uno de los animales marinos más queridos por el ser humano. Sin embargo, detrás de esa imagen entrañable siguen siendo animales salvajes, poderosos e impredecibles. Un ejemplo de esa contradicción es Manoliño, el delfín solitario que conquistó las costas gallegas durante años.
Durante más de cinco años, Manoliño, también conocido como Confi, se convirtió en una figura habitual en las rías de Muros-Noia y Ferrol. Se acercaba a embarcaciones, interactuaba con bañistas e incluso llamaba la atención de marineros y mariscadores por su comportamiento inusualmente sociable. Esa cercanía le hizo ganarse el cariño de quienes compartían espacio con él, pero también alimentó una percepción equivocada sobre su naturaleza.
Porque, aunque parecía un animal dócil y confiado, seguía siendo un delfín mular con una combinación de fuerza e inteligencia que podía entrañar riesgos tanto para él como para las personas que se acercaban demasiado. “Era un pedazo de pan, sí, pero también un animal de tres metros y 400 kilos que, si te da un sopapo, te pone la cabeza del revés”, resume Alfredo López, director de la Coordinadora para el Estudio de los Mamíferos Marinos (CEMMA), en declaraciones recogidas por El País.
Mantener las distancias
El mamífero fue avistado por primera vez en 2019 y acabó convirtiéndose en una presencia habitual en las rías gallegas. Durante más de cinco años y medio interactuó con bañistas y hasta dio más de un susto a quienes trabajaban en el mar, desde buceadores hasta mariscadores. Pero su historia terminó en verano de 2025, cuando CEMMA lo dio por desaparecido en julio y estimó que su muerte accidental pudo producirse entre el 3 y el 6 de junio, probablemente arrollado por las hélices de una embarcación.
Un estudio ha analizado su historia y comportamiento junto a otros 16 delfines mulares solitarios localizados en aguas españolas desde 1970, 14 de ellos en Galicia, y sitúa a estos cetáceos en una escala de sociabilidad que va desde la simple presencia en solitario hasta el contacto físico y la interacción intensa con humanos. Los autores recuerdan además que, entre 1950 y 2022, se registraron delfines solitarios en 47 localidades de 26 países.
Los investigadores advierten que no se debe romantizar a este tipo de animales ni tratarlos como una mascota de costa. Los delfines son sociales por naturaleza, pero algunos ejemplares rompen ese patrón y se acercan a la gente por razones que todavía no están del todo claras: búsqueda de territorio, lesiones, problemas de salud o rechazo de su grupo. Esa cercanía puede ser perjudicial porque el animal se expone a heridas, estrés o muerte, y las personas a mordidas, empujones o golpes que llegan cuando el cetáceo se siente rodeado.
