Clara Peya: "Muchísimos músicos superadmirados me felicitan por salir de Spotify, pero nadie hace nada"
Cultura
Cultura

Clara Peya: "Muchísimos músicos superadmirados me felicitan por salir de Spotify, pero nadie hace nada"

La pianista y compositora presenta su 15º disco 'Nuca'.

Clara Peya en una imagen promocional de 'Nuca'.Roc Pont

A pesar de la delicadeza del piano, la crudeza de Clara Peya en sus canciones no podría ser la que es sin el mensaje político que hay detrás. La pianista, compositora e improvisadora lleva más de 17 años produciendo su propia música, algo que compagina con proyectos escénicos.

Pero fuera del plano creativo, la delicadeza de temas como Cambiar la danza o ese Veo incendios, es el bello envoltorio de la reivindicación política de causas como la LGTBIfobia, la lucha feminista o su posicionamiento contra el genocidio israelí en Palestina, algo que la llevó a formar parte de la Global Sumud Flotilla que partió de Barcelona en el verano de 2025.

Nuca es el 15º disco de una prolífica carrera en la que, como cuenta ella misma a El HuffPost, he utilizado el "piano para salir de mí misma, para sobrevivir, sanarme". Con este trabajo, Peya hace un alegato de salir de la soledad y de las problemáticas individuales para girar el cuello, usando esa nuca, mirar al otro y abrazar la colectividad.

"Esta colectividad es la que es capaz de cambiar las cosas. Cada persona tiene que tomar su pequeña decisión, pero nadie está dispuesto a perder nada", asegura la artista, que también ha tomado la decisión de salir de Spotify, plataforma —o más bien su dueño el sueco Daniel Ek— quien, tal y como informó el Financial Times el pasado año, ha usado parte de su capital para invertir en drones militares. "Yo he sacado la música de Spotify, si la sacáramos todas no funcionaría. Pero como nadie la saca, pues sigue funcionando", explica. 

Esa colectividad de su trabajo creativo atraviesa sus decisiones y no solo sus composiciones, para las que ha contado con las voces de Rita Payés, Niño de Elche o Judit Nedderman.

15 discos, ¿cómo gestionas eso a nivel de creación, te presionas tú misma mucho para producir o le tienes que dar salida a lo que te viene?

Más bien la segunda, es decir, he utilizado toda la vida la música y el piano para salir de mí misma, para sobrevivir, sanarme. Pero tengo que decirte que estoy entrando en una nueva etapa, donde ya no quiero identificarme con lo que hago, con lo que he hecho toda la vida, sino ver quién soy. Porque al final sí que es verdad que tengo muy claro lo que siento, pero no lo que soy. Sobre todo, en relación a lo que deseo.

He estado muy desvinculada de todo eso y ahora estoy entrando en una etapa donde necesito que las cosas vayan mucho más lentas, que haya mucha presencia, que las cosas sean de verdad, profundas y procesos largos.

¿Y te lo permite el ritmo de la industria?

No, justamente el tema es que, como he sacado la música de Spotify, creo que también me he liberado de unos tiempos y otros. O sea, como ya he entendido que no estoy tanto dentro de la industria, me permito entonces hacer otras cosas que no permitía antes.

"Hay mucha gente que se disocia porque vivimos también en la era de la tibieza"

¿Cómo vinculas esta parte musical con el proyecto teatral de la compañía Les Impuxibles con tu hermana Ariadna? ¿Te han influido en algún momento esas sinergias?

Me influye de una forma absolutamente positiva porque me enriquece un montón. Una cosa es la creación musical y, la otra, la música al servicio de la escena o la dramaturgia de una pieza donde ocurren otras cosas.

Aparte me encanta la danza, me encanta lo escénico. No sabría decirte qué me gusta más. O sea, es una maravilla poder complementarlo y seguir creyendo en el arte como una herramienta real de transformación, de resistencia. Ahora te diría de resistencia, en el momento en el que estamos, porque es un momento difícil, no solo con la industria sino el contexto social, económico, político que vivimos. Es complicadísimo.

El capitalismo está apretando muy fuerte, está en su decadencia, entonces es muy histriónico. Pretender que esto no nos afecte es imposible. Hay mucha gente que se disocia porque vivimos también en la era de la tibieza. La gente es absolutamente tibia, no toma partido de nada, dice “a mí esto no me va conmigo, no me representa. Yo no soy así”.

Creo en la coherencia, creo en que cada persona individual tiene su pequeña responsabilidad, que muchas personas individuales forman un colectivo y que el colectivo es capaz de cambiar las cosas.

Para ti eso de que la música y la política no están relacionadas es totalmente falso.

Totalmente falso. Te diré una cosa, la música lo que hace es retratar la vida y la vida ahora está viviendo esto. Lo que nos ocurre personalmente es consecuencia de esto. Entonces, no nombrarlo, hacer ver que no existe, o no querer participar de esto, a mí me parece una opción muy poco generosa.

Con lo de los fondos KKR y su participación en festivales, había muchos artistas que señalaban que no estaba en su mano cancelar o que hay determinadas cláusulas que no pueden incumplir.

Yo no estoy de acuerdo, pero evidentemente cada persona tendrá sus razones individuales. Pero creo que si cancela todo el mundo, el festival no se hace. Fácil, fin, búscate otros fondos y haz el festival. Yo he sacado la música de Spotify, si la sacáramos todas, Spotify no funcionaría. Pero como nadie la saca, pues Spotify sigue funcionando.

Por eso te digo, que son pequeños actos de responsabilidad que hacen una colectividad. Esta colectividad es la que es capaz de cambiar las cosas. Cada persona tiene que tomar su pequeña decisión, pero nadie está dispuesto a perder nada.

Estamos en un momento donde nos hemos creído lo que nos venden, que es eso de los sueños, poder conseguirlo todo, que siempre habrá algo mejor, que siempre se puede crecer. La época del crecimiento. La lucha está para compartirla, para ser un lugar de resistencia y transformación. Y esto no es individual. Que sí, claro, puede serlo, pero es principalmente colectivo. Yo en los discos y en los conciertos abro preguntas que se pueden responder de forma colectiva, no individual. Eso es guay, porque nos obliga a repensarnos de alguna forma.

"Yo he sacado la música de Spotify, si la sacáramos todas no funcionaría. Pero como nadie la saca, pues sigue funcionando"

¿Llevas esa colectividad a tu proceso de composición? ¿Compones pensando en los artistas que van a interpretar las canciones con las que colaboras? Por ejemplo, en este Nuca, con Niño de Elche, Rita Payés...

Bastante. Al principio, cuando es una semilla, no. Pero después cuando voy dándole forma y ya pienso en alguien, le conduzco para que pueda brillar esta persona para que yo no tenga que intervenir y decir lo que yo quiero, sino que haya mucha libertad para que cada artista pueda ser quien es y pueda brillar.

También me imagino que en la lengua, ¿no? Porque catalán, castellano, árabe...

Lo del árabe es una declaración de intenciones absolutamente. Yo no hablo árabe, aunque tenemos la lengua superpróxima en España. Pero no lo hablamos y eso ya define la islamofobia que existe. Entonces, claro, para mí poner el árabe como lengua, cuando yo escribo en catalán y castellano, que son las lenguas que yo hablo, mis lenguas maternas, pues me parece que explica un poco el pensamiento.

Elegir al cantante Ahmed Eid, que es un cantautor palestino, para mí es como decir muy claramente de qué lado estoy y en lo que creo porque, al final, Palestina es la punta del iceberg de la lucha antifascista, antirracista, anticolonialista, todo.

¿Cómo te influyó tu experiencia en la Global Sumud Flotilla?

Mi experiencia en La Flotilla fue terrible. Me di cuenta, aunque ya lo sabía, que no estoy hecha para poner el cuerpo en primera línea. La experiencia para mí fue fuerte, pero lo peor fue llegar aquí. Mi salud mental se fue a pique.

Cuando volví, no entendía nada porque después de la experiencia, tú vuelves muy cambiada, pero todo está igual, todo es lo mismo: la gente va al gimnasio, toma cervezas en la terraza... Yo al principio no podía. No podía hacer nada. Y luego, poco a poco, vuelves a la vida que tenías. Es fuerte, porque está bien que vuelvas, pero a la vez pienso ¡guau!

"Esta colectividad es la que es capaz de cambiar las cosas. Cada persona tiene que tomar su pequeña decisión, pero nadie está dispuesto a perder nada"

A veces algunos artistas o algunas personas argumentan que es imposible ser 100% coherente, que la empresa que hace chips para tu móvil o tu portátil es israelí.

Todo, todo. Es imposible. O sea, es imposible ser 100% coherente, pero tú puedes tomar partido de cosas que te influyan. No sé yo, por ejemplo, no compro en Carrefour, no compro en Zara, no bebo Coca-Cola, no compro en Amazon... Un montón de cosas. Hay muchísimas empresas que tengo vetadas y no pasa nada porque son renuncias muy pequeñas que, si las hiciéramos todas, esta empresa no funcionaría.

Pero nos hemos acostumbrado a unas comodidades que no son normales, a una rapidez... Todo es tan rápido. De decir “sí, quiero esto, lo busco por Amazon y me llega mañana”. Esto no es natural. No es un ritmo natural. Las flores tardan en crecer. No hemos respetado para nada el tempo de la vida y yo creo que ahora toca volver a respetar, otras temporalidades.

Te lo digo, que soy la persona que le gusta muchísimo la velocidad, pero es que me he visto empujando a una vida que no es sana y que no va conmigo, que va con el sistema. Al final, la mejor resistencia que existe es celebrar, porque cuando tú celebras, estás sanándote tú, estás compartiendo, estás cuidándote y no estás produciendo nada. No hay producción. Entonces, por eso no les gusta que celebremos. Porque es un acto casi de autocuidado y es un acto que no produce nada, no sirve al sistema.

  Clara Peya en un directo de 'Nuca'.CLAUDIA HERRAN

Volviendo al tema de Spotify, ¿tu decisión vino marcada por su vínculo con Israel o por las dinámicas que tiene la propia plataforma?

Ya era una plataforma que estaba bastante en contra a nivel de cómo trata a las artistas, cómo paga la inteligencia artificial, cómo te ponen las listas, cómo se aprovecha de las pequeñas artistas, a quién le entrega el dinero... Pero es que si encima apoya la investidura de Trump, te pone anuncios de la ICE, de la Agencia de Control Migratorio de los Estados Unidos, y dedica los 700 millones al desarrollo de tecnología militar, es decir, a matar criaturas, es imposible. Yo no puedo estar ahí. 

Una cosa muy curiosa que me pasa es que muchísimos músicos superadmirados vienen y me dicen “¡guau, qué bien, te felicito”, pero nadie hace nada. También muchos ni son capaces de hablar de esto porque nadie se siente orgulloso de seguir ahí pero, a la vez, nadie quiere la renuncia, que también se entiende.

Porque se habla mucho de la independencia gracias a la tecnología, de que tú te puedes autoproducir, puedas autogestionarte en menor o mayor manera sin depender de una major, pero a la hora del streaming hay cierta dependencia.

Totalmente. Es otro tipo de major, absolutamente. Mucho más que las otras, de hecho.

Con Nuca querías hablar de la fragilidad, como tantas veces se ha plasmado en la historia del arte a través de esta parte del cuerpo, ¿cuál fue tu forma de enfocarlo?

Nuca habla de la soledad. Pero lejos de querer ser una soledad que nos individualiza, que nos atomiza, que es lo que quieren, intenta justo hacer lo contrario, que es que, desde la nuca, tú giras la cabeza para ver a otra persona. Es este gesto de “estoy en mi mundo, no veo nada más que mi pena y mi desgracia, mi soledad, mi sentimiento o mi vacío”, pero hago este gesto y miro la de la otra.

Al final nunca lo que pretendo no es ser un coral de soledades. No es que tu soledad desaparezca por compartir, es entender que la soledad es un mal de época, de un sistema que nos pluriemplea, donde sobrevivir es muy difícil, en el que estamos cansadas. Pero juntarnos desde la presencia para compartir eso me parece bello y necesario.

"Aunque tenemos el árabe superpróximo en España, no lo hablamos. Eso ya define la islamofobia que existe"

Precisamente, con el tema homónimo, Nuca, con el que cierras, te has puesto tú a cantar en primera línea. ¿Por qué?

Quería enseñar un poco cómo funciona el proceso de alguien que no canta y quiere que canten sus canciones. Este último tema está grabado con el móvil con una toma y es lo que habría enviado a quien tuviera que cantar esta canción. Por eso es un bonus track también.

O sea, que has mostrado parte del proceso de creación del disco.

Sí, y también porque yo hablo mucho de poner la vulnerabilidad en el centro y de ser capaces de compartir nuestras vulnerabilidades, porque dejarnos conocer también es un acto de generosidad. En esta voluntad, para mí está bien cantar una canción y cantarla mal. Lo perfecto no existe y también es un reducto del sistema. La perfección es otra cosa, en la imperfección está la vida, porque la vida es imperfecta constantemente. Creo que el arte es reflejo del inconsciente y de lo posible.

  Clara Peya en una imagen promocional de 'Nuca'.Roc Pont

¿Crees que estamos volviendo a necesitar música orgánica, natural, de salir de lo pregrabado, lo prefabricado, las bases?

Al 100%. Vayas donde vaya, ahora mismo todo está enclaquetado, todo está grabado, la gente canta encima de otras voces. No paran de ocurrir cosas de estas y yo en los directos he hecho algo completamente distinto. Es decir, hacer un concierto que se pueda romper en cualquier momento, y que se va a romper, porque en una hora y media de música las cosas suceden. Esta imperfección forma parte de la vida.

Para mí es muy bonito cuando ocurre, porque le da luz y le da fuerza a todo lo que ha ocurrido antes y todo lo que va a ocurrir después porque funcionamos por contraste. No existe lo bello si no hay otras cosas.

¿Volveremos también de los grandes recintos y estos sold outs masivos a las pequeñas salas y los teatros?

Volveremos. Yo al menos es lo que hago, es a lo que vuelvo y es lo que consumo. Sí, porque la inteligencia artificial es lo único que no puede reemplazar: el cuerpo presente. Es la única cosa. Todo lo demás lo puede reemplazar.

Entonces, necesitaremos volver al lugar donde esto no pueda existir. Lo otro no nos va a interesar porque se habrá colado en todas las facetas de nuestra vida. Lo único que nos va a interesar es la presencia y la lentitud: mirarnos a los ojos y la profundidad. Vivimos una sociedad que cada vez es más líquida, más rápida.

Tú tienes en el móvil un anuncio de unos huevos rotos, luego un niño palestino que le han tirado una bomba y ha muerto, luego una publicidad para bebés... Y tú lo estás recibiendo esto de una forma superrápida. No podemos consumir así de rápido porque evidentemente no podemos digerir esta velocidad, no podemos entrar ahí. Creo que la vida es entrar en las cosas. Nosotros solo podemos creer lo que conocemos. Conocer requiere tiempo.

Así afecta este consumo de contenidos a la salud mental, un tema del que también has hablado bastante, ¿no? ¿Tiene que pasar por desconectarnos del móvil?

Correcto. Sin duda, tenemos que salir del mundo virtual, que es una ficción en la que vivimos y que nos duele mucho más que otra cosa porque nos ponen lugares de comparación, nos ponen lugares muy incómodos.

Comentabas al principio que estás buscando nuevos espacios, nuevas facetas, ¿tienes idea de para dónde vas a orientarlo? ¿Estás en proceso de búsqueda?

Creo que va a ser una búsqueda muy larga. Pero, ¿sabes qué me cuesta mucho? Saber lo que deseo. Conectarme con lo que realmente yo deseo. Ahora me he puesto a jugar al fútbol. Hace 20 años que no jugaba por si me rompía un dedo. Y de golpe dije “no, no, si es que yo quiero jugar al fútbol y si me rompo un dedo, pues me rompo un dedo”. Ese ha sido mi primer paso de permitirme hacer algo que a mí me hace feliz. El fútbol es un deporte de equipo, es un deporte donde nos necesitamos las unas a las otras para meter un balón dentro de una portería y me parece una manera graciosa de definir el momento.

MOSTRAR BIOGRAFíA

Redactora de Life en El HuffPost. Graduada en Periodismo por la Universidad de Málaga (UMA) y Máster en Periodismo Cultural por la Universidad CEU San Pablo, ha colaborado con diversas webs culturales y ha trabajado como coordinadora de proyecto en la VII Bienal de Arte Contemporáneo de Fundación ONCE. Desde 2017, en la sección de Life (antes Tendencias) de El HuffPost escribe sobre música, cultura y entretenimiento, pero también sobre feminismo y sobre el colectivo LGTBIQ+.

Comentar:
comentar / ver comentarios