Para lograr el silencio en un festival solo hacía falta la guitarra flamenca de Yerai Cortés
El alicantino actuó este domingo 21 de junio en las Noches del Botánico.

Los conciertos en los últimos años se han convertido en un murmullo casi constante en el que mucho de los asistentes están más pendientes de ponerse al día o comentar mientras se toman una cerveza, que de la interpretación del artista sobre el escenario.
Pero de vez en cuando se obra el milagro, aunque eso sea a 30ºC en ese refugio climático cultural que es el Real Jardín Botánico Alfonso XIII en el que se ubican las Noches del Botánico, donde no faltan cuantiosos stands y patrocinadores. Como las bodegas Ramón Bilbao, quienes acompañan desde hace tres años este encuentro en la capital con sus caldos, propiciando un espacio de encuentro y refresco que se distingue del resto de fechas de la temporada de festivales.
El responsable no fue otro que el alicantino Yerai Cortés. O, más bien, su guitarra flamenca. Esa misma que enamoró a C. Tangana para el documental La guitarra flamenca de Yerai Cortés, que le llevó a ganar el Goya a Mejor película documental en 2025.
Solo con su guitarra, una decena de micrófonos y sus seis coristas ejerciendo como cantaoras y palmeras en todo un ritual intimista, Cortés acabó con el barullo. El directo de su disco Popular es la muestra de que el minimalismo va ganando terreno frente a los grandes montajes.
En el silencio del público, con un emocionado respeto a cada uno de las falsetas o picaos que iban pasando por sus trastes, solo se colaba alguna refrescante y agradable ráfaga de viento que hacía una breve interferencia en los micrófonos.
Al guitarrista la fama le ha asaltado en los últimos años tras el éxito apadrinado por Antón Álvarez a pesar de los triunfos anteriores como el premio Guitarra con Alma en el Festival de Jerez por acompañar a la guitarra a la bailaora Rocío Molina. De ahí que este Popular tenga una estética clara que marca sobre el escenario.
Cortés aparece en escena en la tradicional silla de anea negra leyendo ese periódico con el título de su disco, donde los titulares muestran el foco mediático que ha copado en los dos últimos años. A él se suman sus seis coristas —en realidad bailaoras por petición del propio artista que quería que esas palmas que le acompañan no fueran de palmeros sino que fueran palmas de baile— que le apuntan con sus móviles y le graban mientras empieza con la intro de ese Roto x ti.

El silencio absoluto que permitía escuchar a la perfección la guitarra, las claves o los cazos con los que las coristas acompañaban algunos de los temas del concierto, solo se rompían con sus jaleos o con aquellos que se animaban a cantar las más coreables como esas colombinas de Sulao o ese "el que en la vida se pierde, a cadenillas le amarran" de Sonar por bulerías.
El público, que anteriormente había bailado el bailable r&b tropical de la haitiana Naïka, se animaba con los tangos por rumbas de Lirili, pero también mantenía los cincos sentidos en cada una de las coreografías de micros y juegos de sombras en los que se basaba la escenografía: con Cortés de pie, con una pierna apoyada en la silla, sentado en un lateral apartado de las coristas o con esa formación "coral" —dejando clara la impronta de su proyecto en directo Guitarra coral— con él en el centro.
Cortés que se anima a cantar, al igual que en el disco, tímidamente alguna de las estrofas de sus emotivas Roto x ti o de Pa'na hizo que los asistentes al Botánico enloquecieran con cada falseta de la tarantela por bulerías de Ni en los puertos italianos / Ni en los cafés parisinos, esas dos composiciones (o una siguiendo la estructura flamenca tradicional) de alegrías que acaban por bulerías de Cádiz.
Con el público entregado por el cuplé por bulerías de Piopio y ese "con el pio-pio, con el coro-coco, la gente se levanta y me acuesto yo", Cortés volvió al intimismo, a ese retrato personal que le suponen temas como Los gitanos sonamos así o Roto x ti, esta vez en versión completa, poniéndose al cante.
Cortés logró poner la calma en este oasis en plena ola de calor, a pesar de su look con chaqueta de cuello mandarín y los 30ºC que asolaban la capital, una calma que solo rompían las ovaciones y la rumba con la que quiso acabar el concierto y por la que tuvo que volver dos veces a despedirse desde el escenario.
