Daron Acemoglu, Nobel de Economía, sobre la teoría de que la IA dejará sin empleo al 30% o 40% de los universitarios: "Donde eso ha ocurrido, ha habido revoluciones"
El economista del MIT considera exageradas muchas de las predicciones sobre el impacto inmediato de la inteligencia artificial en la productividad.

La inteligencia artificial está transformando sectores enteros de la economía, pero para Daron Acemoglu, profesor del Instituto Tecnológico de Massachusetts (MIT) y Premio Nobel de Economía 2024, buena parte del debate actual está dominado por predicciones exageradas y poco rigurosas.
Su mayor preocupación no es que las máquinas sustituyan de golpe a todos los trabajadores, sino las consecuencias sociales que tendría un deterioro masivo del empleo cualificado.
En una entrevista concedida a Fortune, el economista lanzó una advertencia contundente: "Si el 30% o el 40% de los recién graduados universitarios no pudiera encontrar trabajo, ¿qué consecuencias tendría eso para la democracia y la paz social? Donde eso ha ocurrido en el pasado, ha habido revoluciones".
"Solo una pequeña parte de las tareas se automatizará a corto plazo"
Frente a las previsiones más optimistas sobre el potencial económico de la IA, Acemoglu sostiene que su impacto será mucho más limitado en los próximos años.
Sus estimaciones apuntan a que solo alrededor del 5% de las tareas laborales podrán automatizarse de forma rentable en el corto plazo, lo que se traduciría en un incremento relativamente modesto del PIB y de la productividad.
El Nobel considera que muchas proyecciones parten de supuestos poco realistas y sobrevaloran la capacidad actual de los modelos de inteligencia artificial para desenvolverse en entornos complejos.
El verdadero peligro es el desplazamiento laboral
Más que una sustitución total del trabajo humano, Acemoglu teme una transición desordenada que deje a una parte importante de la población altamente formada sin oportunidades laborales.
En su opinión, una generación de universitarios que haya invertido años en su formación y descubra que el mercado ya no demanda sus habilidades podría convertirse en un foco de inestabilidad social.
Aunque reconoce que las revoluciones son fenómenos difíciles de predecir, recuerda que los grandes procesos de exclusión económica han provocado históricamente importantes conflictos políticos y sociales.
Crítico con el debate sobre la inteligencia artificial
El profesor del MIT también se muestra muy duro con el tono de muchas discusiones actuales sobre la IA. De hecho, afirma que solo alrededor del 20% del debate le parece intelectualmente serio, mientras que el resto está dominado por planteamientos especulativos o alejados de la realidad.
Asimismo, rechaza simplificaciones como atribuir todos los problemas al "capitalismo" y prefiere centrar el análisis en cuestiones como la concentración de poder empresarial, los monopolios tecnológicos y la desigualdad que pueden derivarse del desarrollo de estas herramientas.
Una IA que complemente, no que sustituya
Acemoglu sostiene que el verdadero potencial económico de la inteligencia artificial no reside en reemplazar trabajadores para hacer las mismas tareas un poco más rápido, sino en crear nuevas capacidades y permitir actividades que antes eran imposibles.
A su juicio, las mayores ganancias de productividad llegarían si la IA ayudara a ampliar las posibilidades de las personas en lugar de limitarse a automatizar procesos existentes.
Por ello, considera que los actuales modelos de lenguaje aún presentan importantes limitaciones para desenvolverse con fiabilidad en contextos profesionales complejos, donde el juicio humano sigue siendo esencial.
Pide una gobernanza internacional de la IA
El economista también reclama un debate político más amplio sobre el rumbo que debe tomar esta tecnología. Defiende que las decisiones no deberían depender únicamente de lo que resulte rentable para las grandes empresas tecnológicas, sino de objetivos sociales como el empleo de calidad, la prosperidad compartida y la estabilidad democrática.
En ese sentido, apuesta por avanzar hacia una gobernanza internacional de la inteligencia artificial e incluso por fomentar la cooperación entre EEUU y China en ámbitos relacionados con la seguridad, la regulación y las aplicaciones beneficiosas para la sociedad.
Para Acemoglu, el desafío no consiste en frenar el progreso tecnológico, sino en dirigirlo de forma que fortalezca las instituciones y mejore la vida de las personas. De lo contrario, advierte, una automatización mal gestionada podría agravar las desigualdades y generar tensiones con consecuencias difíciles de prever.
