Una ciudad medieval se rebela contra un teleférico pensado para atraer más turistas: "Aquí estábamos olvidados del mundo, eso era lo bonito"
"No queremos convertirnos en una nueva Santorini".
Monemvasia, una ciudad medieval griega levantada sobre un imponente peñón frente al mar Egeo, ha sido durante siglos uno de los rincones más tranquilos y singulares del sur de Grecia.
Sin embargo, este remoto enclave se ha convertido desde hace semanas en escenario de una creciente batalla entre desarrollo turístico y conservación patrimonial por la construcción de un teleférico que promete facilitar el acceso a su parte alta, pero que ha despertado una fuerte oposición vecinal.
Los defensores del proyecto lo presentan como una mejora para la accesibilidad y una oportunidad para acercar el patrimonio histórico a más visitantes. Sin embargo, numerosos residentes temen que la iniciativa abra la puerta a un turismo masivo que altere para siempre la esencia de un enclave que, precisamente, ha sobrevivido gracias a su aislamiento.
Un proyecto que divide a la ciudad
Las obras comenzaron hace meses y ya han transformado la rutina de los habitantes del Kastro, la parte baja de la ciudad medieval. Según recoge Le Monde, el ruido de la maquinaria y los trabajos de excavación han sustituido al silencio que caracterizaba este pequeño núcleo habitado por apenas unas decenas de residentes permanentes.
El teleférico permitirá acceder a la fortaleza superior y a la iglesia bizantina de Santa Sofía, un monumento del siglo XII que actualmente solo puede visitarse tras una exigente subida a pie. Para el Ayuntamiento y el Ministerio de Cultura griego, esta infraestructura facilitará el acceso a personas mayores y con movilidad reducida.
Sin embargo, muchos vecinos cuestionan ese argumento. Denuncian que las calles y accesos de la zona habitada siguen presentando numerosas barreras arquitectónicas y consideran que la accesibilidad se está utilizando como justificación para incrementar el flujo turístico.
El miedo a perder la identidad
Entre los opositores existe una preocupación compartida: que Monemvasia acabe convirtiéndose en otro destino saturado del Mediterráneo. Los residentes aseguran que durante los meses de verano ya se registran problemas de abastecimiento de agua, acumulación de residuos y una elevada presión sobre los servicios locales.
Además, arqueólogos y asociaciones patrimoniales alertan de que las obras podrían afectar a restos históricos aún sin estudiar y también critican la construcción de nuevas infraestructuras en un entorno considerado especialmente sensible desde el punto de vista cultural y paisajístico.
"No queremos convertirnos en una nueva Santorini", repiten quienes se oponen al proyecto. Para muchos de ellos, el atractivo de Monemvasia siempre ha residido precisamente en su carácter remoto, en esa sensación de “lugar suspendido en el tiempo” que ahora temen perder.
Patrimonio vs Turismo
La controversia ha llegado incluso a organizaciones internacionales. El movimiento Europa Nostra incluyó recientemente a Monemvasia entre los siete sitios patrimoniales más amenazados de Europa, advirtiendo de posibles daños irreversibles sobre el paisaje y el entorno arqueológico.
Por su parte, las asociaciones vecinales han presentado varios recursos judiciales para intentar frenar la construcción, argumentando que existen irregularidades en la tramitación de los permisos. Hasta ahora, sin embargo, los tribunales han permitido que los trabajos continúen.
Pero mientras las excavadoras siguen avanzando, la disputa permanece abierta. Para unos, el teleférico representa una oportunidad de modernización. Para otros, supone el riesgo de sacrificar la autenticidad de una de las ciudades medievales mejor conservadas de Grecia en nombre de un turismo que nunca deja de pedir más espacio.