Los vecinos del casco histórico de Segovia advierten a la UNESCO ante el avance del turismo masivo: "Si la ciudad pierde su condición de patrimonio habitado se pone en peligro la declaración misma"
“Hemos pasado de tener de todo dentro de la ciudad histórica a que en este momento no haya ningún servicio médico oficial. Ninguno, ni un solo médico”.

Segovia ha encendido una señal de alarma que ya resuena en otras ciudades históricas de Europa. Los vecinos del casco antiguo han decidido dar un paso más en su denuncia contra el turismo masivo: escribir directamente a la UNESCO. El motivo, advierten, no es menor. Temen que la ciudad esté perdiendo aquello que precisamente la convirtió en Patrimonio de la Humanidad: su condición de ciudad viva.
Así lo recoge un reportaje emitido por La 8 Segovia, el canal de televisión local sobre la actualidad de Segovia perteneciente a Radio Televisión Castilla y León (RTVCyL), en el que la Asociación de Vecinos del Recinto Amurallado expone una preocupación creciente: la convivencia entre residentes y visitantes es cada vez más difícil.
“Potenciar cada vez más el turismo en perjuicio de la habitabilidad del casco es lo que está pasando”, resume uno de los vecinos. La crítica no apunta al turismo en sí, sino a su gestión. O, más bien, a la falta de ella.
El riesgo de convertirse en un decorado
El aviso que lanzan no es simbólico, tiene implicaciones directas sobre el estatus internacional de la ciudad. Según recuerdan, la declaración de Patrimonio de la Humanidad no se otorgó únicamente por sus monumentos, sino por el conjunto de la ciudad histórica como espacio habitado.
“Si la ciudad pierde su característica de ciudad, es decir, de patrimonio habitado, se está poniendo en peligro la declaración misma”, advierten los residentes. La idea es clara: sin vecinos, Segovia corre el riesgo de convertirse en un escenario vacío, en una postal sin vida.
Esa transformación, señalan, ya ha comenzado. La presión turística se concentra especialmente en el eje que une el acueducto, la catedral y el alcázar, los tres grandes iconos que atraen a miles de visitantes cada día.
Turismo exprés y beneficios que no llegan
El problema no es solo la cantidad de turistas, sino el tipo de turismo. Muchos visitantes apenas permanecen unas horas en la ciudad. Grupos organizados que llegan, recorren los puntos clave y se marchan sin apenas impacto económico real en el tejido local.
“Grupos de 30 o 40 personas que vienen a ver la catedral y se van corriendo”, describen. Según los propios testimonios recogidos en el reportaje, la mayoría no pernocta: estancias de cinco horas en grupos organizados o un solo día en el caso de familias.
Mientras tanto, los vecinos aseguran que los beneficios del turismo no se traducen en mejoras visibles. Denuncian que la ciudad no está más limpia, ni mejor mantenida, ni cuenta con más servicios. “No vemos que revierta en la ciudad”, lamentan.
Menos vecinos, menos servicios
La otra cara del turismo masivo es la pérdida progresiva de vida cotidiana. A medida que el casco histórico se orienta hacia el visitante, los servicios básicos desaparecen, algo que dificulta, y mucho, la vida de los vecinos.
En este contexto, los residentes del casco antiguo denuncian una “sangría” de comercios de proximidad y equipamientos esenciales. El ejemplo más llamativo: la sanidad. En pocos años, aseguran, el centro histórico ha pasado de tener servicios médicos a no contar con ninguno.
“Fijaos que en Segovia en muy pocos años hemos pasado, por ejemplo, de tener de todo dentro de la ciudad histórica, incluido el servicio de ambulancia urgente, el hospital… Hemos pasado de eso a que en este momento no haya ningún servicio médico oficial. Ninguno, ni un solo médico. Y quien dice esto de la sanidad lo dice de los otros servicios”, censura uno de los residentes.
A esto se suman problemas diarios como el acceso de vehículos o la falta de aparcamiento, especialmente durante los fines de semana, cuando la afluencia turística se dispara.
Un modelo en cuestión
El debate de fondo va más allá de Segovia. Los vecinos cuestionan un modelo que, a su juicio, convierte el patrimonio en un producto. “El patrimonio necesita del turismo, pero el turismo no es la razón del patrimonio”, subraya uno de los vecinos.
No se trata de rechazar a los visitantes, insisten, sino de encontrar un equilibrio. “Un turismo racional que permita convivir a residentes, estudiantes y viajeros” sin que ninguno de ellos desaparezca.
Porque, paradójicamente, lo que más valoran muchos turistas es precisamente lo que está en riesgo: una ciudad auténtica, donde la gente se conoce, se saluda por la calle y mantiene viva su identidad.
La carta a la UNESCO busca abrir ese debate a nivel internacional. La pregunta ahora es si llegará a tiempo para evitar que Segovia deje de ser lo que siempre ha sido: una ciudad vivida, no solo visitada.
