Niños de 8 a 13 años que crean sus propios videojuegos o animaciones virtuales. La imagen no está sacada de ninguna escuela especial de Estados Unidos, sino del llamado Club de Jóvenes Programadores de la Universidad de Valladolid, una especie de taller destinado a niños interesados en las nuevas tecnologías y que se inauguró hace unas semanas. La actividad se lleva a cabo todos los lunes de 17.00 a 20.00 en la Facultad de Informática y, de momento, ya cuenta con 17 alumnos.

Este club surgió después de varias ediciones el año pasado de Scratch-Days, eventos en los que se explicaba a padres e hijos cómo programar. "La gente nos decía que era muy divertido y que querían más", explica Belén Palop, la coordinadora del club, quien señala que en Estados Unidos las iniciativas de este tipo son habituales pero que en España aún no es muy habitual, aunque ya hay algunos.

"La idea es que los niños aprendan a programar y que, para ello, colaboren y que trabajen en grupo con otros niños con intereses comunes. Desarrollan mucho la creatividad y el desarrollo abstracto, por lo que el objetivo es más ambicioso que únicamente programar", señala Palop, quien asegura que los niños están encantados: "Alguno ha dicho: 'Los lunes, en vez de al fútbol voy a ir a esto'. Si hemos ganado al fútbol, ya es un logro importante".

VIDEOJUEGOS SIMPLES

Según explican los creadores, los alumnos del club suelen ser niños a los que les gustan mucho los ordenadores y se sienten muy atraídos por los videojuegos. Por eso, crear su propio juego virtual es muy emocionante para ellos. Y, como asegura Palop, ese es un logro que no se tarda demasiado en conseguir. "Un niño que no ha programado nunca puede hacerlo perfectamente en una hora", señala. Evidentemente, esos juegos se limitan a actividades muy simples que, normalmente, se basan en bolas y barras. Los alumnos logran también generar animaciones.

Para atraer la atención de los niños, el curso está planteado de manera completamente práctica. "No hay formación de un profesor con una pizarra, no hay una primera etapa de más tedio. El profesor les explica algo y enseguida les propone un reto que deben hacer. El curso está pensado para que hagan cosas que les gusten y puedan decir: '¡Qué chulo!", señala Palop.

Además, los niños tienen total libertad. El club tiene un coste de de 45 euros mensuales y los alumnos pueden ir todos los lunes tres horas o el tiempo que cada día consideren oportuno.

¿Saldrá algún genio de aquí? Palop es cauta en este sentido: "Lo normal es que los niños que están interesados en este curso tengan un perfil de la rama de matemáticas o ingeniera de telecomunicaciones. Pero el objetivo último es estimular la creatividad, así que ¿por qué no va a salir algún escritor?"