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La huida al mundo rural para escapar de la crisis: "En la ciudad no teníamos ni para comer"

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PUEBLO
La localidad de Ojos Negros (Teruel) | Cristina Hernaiz
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“Puedes ponerlo con letras bien grandes: Nosotros nos vinimos aquí con una mano delante y otra detrás”. David habla deprisa, con emoción, desde el teleclub que regenta en Peracense, un pueblo de la provincia de Teruel donde habitualmente viven 30 personas. Abrió este local, en el que se proyectan películas, el pasado 1 de diciembre tras dejar aparcada su vida en Alicante y probar suerte en el mundo rural. “En la ciudad no teníamos ni para comer. Ingresábamos 426 euros al mes y pagábamos 370 por la casa. No había trabajo y vivíamos con la ayuda de Cáritas. Cuando vi en Internet la oportunidad de coger este negocio no me lo pensé. Ahora no nos sobra, pero vivimos”.

La idea de David de dejar la ciudad y probar suerte en un pueblo la tienen cada vez más personas en España desde que estalló la crisis. “En los dos últimos años hemos recibido 300 currículums de gente interesada en trabajar en el mundo rural, lo que supone cerca de un 20% más respecto a antes de 2010. El 95% de ellos buscan salir de los problemas económicos de la ciudad”, explica Javier Pérez, presidente de la Asociación contra la despoblación rural, un organismo aragonés que ayuda y acompaña a los potenciales nuevos pobladores.

Su opinión la suscribe Eva González, coordinadora de Abraza la Tierra, una entidad que también asesora e informa a gente interesada en el mundo rural de toda España. Asegura que desde 2010 han aumentado “exponencialmente” el número de peticiones que gestionan y añade que el perfil del solicitante tipo son parejas con estudios superiores procedentes de grandes ciudades, sobre todo de Madrid, de unos 35 años y sin hijos.

Los datos del INE confirman esa percepción. Según el último censo de habitantes, la población de los municipios de menos de 100 habitantes ha aumentado en un 12,9% en los últimos 10 años y también han crecido, aunque solo un 0,2%, la de las localidades de entre 2.000 y 5.000 habitantes. Además, desde 1998 ha habido año tras año más personas que dejan las ciudades de más de 100.000 habitantes para establecerse en poblaciones de menos de 10.000 que viceversa.

Pero, ¿a qué se debe este éxodo? ¿Los pueblos no conocen la crisis? Los responsables de estas organizaciones subrayan que sí, pero matizan que la situación es aún peor en las ciudades. “En los pueblos, las casas cuestan menos. Una familia que en Madrid paga 700 euros de alquiler por un piso pequeño, en el medio rural con la mitad de ese dinero va a disfrutar de una casa. Las posibilidades de autoempleo y vivienda son mucho mayores”, explica la coordinadora de Abraza la Tierra.

El presidente de la Asociación contra la Despoblación señala más ventajas: “Hay más tranquilidad, tienes más tiempo para la familia y el trato con los vecinos es mucho más cercano”.

“ENCANTADOS CON EL CAMBIO”

david David (38 años), que vive en Peracense con su mujer Claudia (36 años) y dos hijos (10 y 14), apoya por completo esa tesis. “Soy de Madrid y no había visto nada igual en cuanto a apoyo de la gente. Todo el mundo se porta como personas. Estamos encantados con el cambio. No nos arrepentimos para nada. Tanto el alcalde como los vecinos nos dieron muchísimas facilidades para todo”, repite una y otra vez. Explica que aunque el pueblo en el que vive es pequeño, su negocio sale adelante porque tiene clientes de todas las localidades de alrededor.

cristina Cristina, de 28 años, lleva casi dos regentando un bar en Ojos Negros, otro pueblo de la provincia de Teruel. Ella no se fue allí por la crisis, sino porque se hartó de su trabajo en Madrid. “Tenía mucho estrés. En las grandes ciudades, todo el mundo pasa de todo. En estos pueblos el trato es mucho más cercano. Yo, desde luego, no tengo intención de volver a la capital”, asegura.

NO ES ORO TODO LO QUE RELUCE

Pero la vida en el campo no significa, ni mucho menos, la desaparición de las deudas, los problemas y la crisis. Lo advierten las diferentes asociaciones, remarcando que muchos de los que prueban suerte fracasan y tienen que volver a la ciudad, y lo reconocen también los nuevos pobladores rurales.

“Hay quien (y hay muchos) que se creen que plantando un huerto en el pueblo va a poder vivir de ello y eso es falso. Hay que recordar que la luz y la hipoteca se pagan con euros, no con lechugas”, advierten en Abraza la Tierra. Eva reconoce que en muchas ocasiones se tiende a idealizar la vida rural y se olvida que no todo es aire puro, pájaros cantando y paseos en primavera. Por eso, destaca que lo primero que hay que tener en cuenta a la hora de plantearse el cambio de vida es que es imprescindible tener coche y carné de conducir.

“Necesitas un coche si quieres llevar una vida moderna. Además, la atención sanitaria, con continuos recortes, es cada vez peor en las zonas rurales, el clima suele ser duro y, si se está acostumbrado a una gran ciudad, ver siempre a los mismos vecinos, con los mismos temas de conversación, se puede hacer aburrido”, añade Javier Pérez, quien recuerda que en el campo también se reciben llamadas del banco: “Muchos creen que yéndose al pueblo van a desaparecer los problemas que han dejado atrás, y no es así”.

Por eso, desde Abraza la Tierra suelen recordar que a la hora de buscar oportunidades en el campo hay que tener muy claro dónde se va y poner de acuerdo a todos los miembros de la familia. “A partir de ahí hay que preguntarse: ¿De qué voy a vivir? ¿Puedo vivir con un teletrabajo? Y, si no, ¿Qué se me da bien?”, recomiendan en la organización. Desde la Asociación contra la despoblación rural explican que para poner en marcha un proyecto no vale todo y hay que ir “con un mínimo de recursos, un proyecto emprendedor” y sin la idea del “huerto y las gallinas”

FRACASOS

Conseguir el testimonio de personas que han fracasado en su apuesta rural es complicado, pero desde Abraza la Tierra recuerdan el caso de una pareja que se fue a vivir a un pueblo de Segovia. “Ella era periodista y él doctor en matemáticas. Como él no sabía conducir, ella se tuvo que convertir en su taxista. Estuvieron un año y se fueron”, recuerdan.

Desde su teleclub en Peracense, David simplifica las cosas. “Lo que hay que traer son ganas de superarse, de trabajar y de salir adelante. Nosotros nos podemos equivocar al servir un café y en muchas cosas más, pero lo importante es ponerle toda la voluntad. Tampoco hay que llevarse a engaño: quien venga aquí no va a hacerse rico”, asegura. En la misma línea apunta Cristina, desde Ojos Negros: “Es imprescindible venir con un proyecto, las cosas claras y el convencimiento de que la vida en el campo tampoco es tan barata”.

¿FRENAZO A LA DESPOBLACIÓN?

Un pueblo de Segovia regala un cochinillo a cada persona que se empadrone”. “Un pueblo de Albacete ofrece 1.500 euros por hijo a los empadronados”. “Se regala casa de pueblo”. Son solo tres titulares sacados de los periódicos de hace unos meses. Con ofertas de este tipo, muchas pequeñas localidades intentan aprovechar ese tirón que tiene lo rural en los últimos años para frenar la despoblación.

Eva González, sin embargo, advierte: “Son ofertas esporádicas de alcaldes que necesitan gente y muchos se aferran a ellas como una forma de huir hacia delante”. Sea como fuere, lo cierto es que la crisis y la búsqueda de oportunidades están haciendo atractivo el medio rural a ojos de mucha gente. “Se está dando un ruralidad emergente, de vuelta al campo”, reconoce González. Los datos del INE la apoyan: entre 1998 y 2011, 391.603 personas abandonaron la ciudad por el pueblo, frente a 225.953 que tomaron el camino contrario.

“Todavía no podemos saber a ciencia cierta el efecto que puede tener esta crisis en el problema de la despoblación, pero siendo positivos esperemos que con la situación económica se busquen cada vez más alternativas a las ciudades y ésta pueda ser una buena oportunidad para nuestros pueblos”, indica Olga Sánchez, de la plataforma Sos Mundo Rural Aragonés.