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Fieles, expertos y religiosos opinan sobre Francisco: "Es un papa de andar por casa"

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EFE

No todo es silencio y recogimiento a las puertas de la iglesia. También se escuchan risas, se ven corrillos y hay discusiones más o menos apasionadas. El papa Francisco es capaz, cuando habla, de encender al fiel más frío.

Las últimas palabras del Pontífice son la comidilla de los que esperan para entrar en misa de ocho. Unos días antes, Francisco ha confesado que "jamás" ha sido de derechas y que la Iglesia no puede seguir insistiendo en el aborto y la homosexualidad. Aún se siente el eco de esas declaraciones en la iglesia de San Francisco de Borja, situada en una de las zonas más lujosas de Madrid.

salamanca María del Carmen Aranda y su marido, Miguel Gómez, dan vueltas a las ideas que ha lanzado Francisco. Dicen que les gusta el papa, pero lo cierto es que no acaban de comulgar con él. "Me parece bien que se quiera centrar en los pobres, pero no puede dejar de lado temas como la homosexualidad o el aborto, porque no hay asuntos más importantes que los referidos a la vida y a la familia". "Como Juan Pablo II no ha habido otro papa porque tenía mucho carisma", sentencia María del Carmen.

A su marido le ha molestado la confesión del pontífice de que no es de derechas porque, advierte, un papa tiene que estar por encima de esos temas. "Si no es de derechas”, reflexiona en voz alta, “tiene que ser de izquierdas o de centro. Y eso a muchos nos puede molestar".

A las puertas de la iglesia se evidencia que el papa Francisco no deja indiferente a nadie. Los fieles coinciden en que habla claro, directo, que todo el mundo entiende lo que dice y que, por eso, todos pueden opinar. Es lo que hace Rosa Pastor, que se declara muy seguidora del papa. "Es mucho más claro que Juan Pablo II o Benedicto XVI, que eran muy intelectuales. Va más al grano y llega más al pueblo. Sé que va llevar a cabo un buen cambio a la Iglesia", agrega.

Lupina Iturriaga se une a la discusión para apoyar esa tesis: "Los mensajes del Papa me gustan mucho más que los de Benedicto. Ya es hora de que salgamos del Opus Dei y nos centremos en los que lo necesitan. Además, no se puede dejar de lado a los homosexuales".

UNIDOS POR FRANCISCO

san blas Lourdes Espejo y Juan González no pueden participar en ese debate. Ellos van a misa en San Blas, uno de los barrios obreros de Madrid. Sus opiniones, sin embargo, son similares a las de los fieles del barrio acomodado: "Es un papa extrovertido, no tan intelectual como los dos anteriores. Para entendernos: es un papa más de andar por casa".

En San Blas, los fieles también se reúnen antes de misa y opinan de Francisco. Subrayan que deja entrever una mentalidad menos conservadora, "más liberal", dicen algunos, en lo social y en lo moral.

La diferencia con la zona acomodada es que los que van a misa en la iglesia de La Encarnación del Señor de San Blas son mayores. Se saludan, todos conocen el nombre de todos. Esther Vicente es de las más jóvenes. Tiene 63 años y valora muy positivamente el mensaje social de Francisco y, sobre todo, su intención de "curar las heridas" de gays y divorciados.

Asegura que la Iglesia se estaba quedando "desfasada" y que ya no conectaba con los jóvenes. Por eso, cree que el pontífice puede llevar el aire fresco que se necesita. “Pero temo que la cúpula eclesial no le deje acometer la apertura que quiere".

LA IGLESIA Y EL GOBIERNO, A MEDIAS

Precisamente esa cúpula eclesial en España se muestra reacia a hablar de Francisco. Y, cuando lo hace, su posición es mucho menos rotunda y clara que la de los fieles de la calle.

El Huffington Post se ha puesto en contacto con la Conferencia Episcopal, pero rechaza pronunciarse acerca del papa porque, aseguran, no hacen declaraciones sobre el pontífice. El portavoz de la institución, Juan Antonio Martínez Camino, se ha limitado a decir: "Los católicos estamos siempre con el papa, sea quien sea".

La posición de los miembros del Gobierno, sustentado por el conservador PP, es similar. El ministro del Interior, Jorge Fernández Díaz, ha señalado que "siempre" va a estar de acuerdo con el papa porque es quien "interpreta el Evangelio en cada momento".

El ministro de Justicia, Alberto Ruiz Gallardón, tampoco fue muy claro al valorar la posición del papa en este asunto (el pontífice dijo: "No es necesario estar hablando de estas cosas sin cesar") y recordó que los "criterios" de las confesiones "nunca han sido determinantes" para la "labor legislativa" del Gobierno.

Con todo, en España, donde el 72,4% de la población se define como católica y el 40,9% confiesa ser prácticamente, según el último Barómetro del Centro de Investigaciones Sociológicas, la religión está muy presente en las labores del Ejecutivo. Sus aportaciones a la Iglesia apenas han caído en los últimos años a pesar de los recortes que está aplicando en todas las áreas. Según el Proyecto de Presupuestos Generales del Estado de 2014, el Estado garantiza una asignación mínima de 249,2 millones de euros a la institución.

"NO HAY VARIACIÓN"

Aunque la Conferencia Episcopal se niega a comentar el mensaje social del papa, Jesús de las Heras, sacerdote director de la revista Ecclesia, propiedad de la Conferencia Episcopal, sí se pronuncia. Lo hace para asegurar que el papa Francisco "no se ha inventado la nada".

"Sustancialmente no hay variación respecto al mensaje de otros papas. No puede haberla", sentencia antes de reconocer que Francisco está poniendo "un acento especial" en mostrar la "necesidad de que la Iglesia ha de estar con los pobres".

Exactamente en la misma dirección apunta Alex Rosal, director de la web Religión en Libertad, que también ha trabajado para la Conferencia Episcopal. "La diferencia con otros pontífices radica en una comunicación con gestos que no necesitan una prédica que los acompañe". Pone como ejemplo el hecho de renunciar a vivir en los apartamentos apostólicos, rechazar la utilización de coches ostentosos o "acoger a los más humildes para que estén cerca de él".

Tampoco ve muy novedosa la actitud del papa frente a los homosexuales, de los que dijo: "Si una persona es gay, busca al Señor y tiene buena voluntad, quién soy yo para juzgarla".

"Esa frase está enraizada en el espíritu del Evangelio, cuando el mismo Cristo dijo 'no juzguéis, y no seréis juzgados'. Es un principio muy arraigado en la Iglesia", explica. Por eso es rotundo al afirmar que "no se puede traslucir que Francisco vaya a variar la doctrina de la Iglesia".

LA IGLESIA DE BASE, ESPERANZADA

Pero no toda la Iglesia en España opina así. La de base, siempre combativa con el poder eclesial y muy crítica con el pontificado de Benedicto XVI, reconoce tener grandes expectativas tras los mensajes del papa. "Está en la línea de que la Iglesia no es algo anodino y ha dado relevancia al pobre, que es el sujeto fundamental de la vida y muerte de Jesús", explica Evaristo Villar, sacerdote portavoz de Redes Cristianas.

En su opinión, este tipo de Iglesia puede lanzar "un mensaje de esperanza" en un mundo desencantado, pero subraya que espera aún más porque, a su juicio, ciertos mensajes de Francisco aún se quedan cortos.

"Hay un cambio respecto a otros papas, pero todavía no ha hecho referencia a los problemas ecológicos. Por otro lado, seguimos esperando la frase clave: 'En la Iglesia todos somos iguales, tengamos la orientación que tengamos, seamos hombre o mujer, divorciado o no. Todos tenemos la misma dignidad”.

"ES PURA FACHADA"

Como es previsible, los ateos españoles son mucho más duros en sus críticas a Francisco y afirman que el papa está llevando a cabo sólo cambios "cosméticos", de "pura fachada", para realmente "no cambiar nada".

Albert Riba, presidente de la Unión de Ateos y Librepensadores, dice que la Iglesia "lleva 2.000 años diciendo que hay que ayudar a los pobres y nunca lo ha hecho". Por eso, anima al papa a ir más allá de las palabras y poner todos los bienes de la Iglesia al servicio de los pobres.

Es el mismo mensaje que transmite Francisco Delgado, presidente de Europa Laica: "La estrategia del papa está clara: intentar dar un paso adelante. Es lo único que puede hacer si quiere que la religión siga siendo una gran mentira fuerte".

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