Dos jóvenes ligan en un anuncio de televisión mientras sostienen sendos cigarrillos electrónicos. Las protagonistas de Dos chicas sin blanca alucinan con su vecina sexagenaria porque "vapea". Leonardo DiCaprio se deja fotografiar e-cig en mano allá donde va, sea un restaurante o un pista de tenis. Y mientras tanto, en la céntrica calle Goya de Madrid, se necesitan tres dependientas para atender a los clientes de una tienda especializada de apenas diez metros cuadrados situada solo a unos pasos de los principales comercios de la zona.

Que los cigarrillos electrónicos están calando en la sociedad es un hecho que salta a la vista. A pesar del enorme desconocimiento que hay en torno a la seguridad y eficacia de este producto, su consumo se ha disparado en los últimos dos años. Según un informe de Euromonitor Internacional, sus ventas en Europa superaron los 500 millones de euros en 2012 y la cifra se eleva a 2.000 millones cuando hablamos a nivel mundial.

¿A qué responde este boom? ¿De qué están hechos y cómo funcionas los e-cigs? ¿Sirven para dejar de fumar? Estas son algunas respuestas a las preguntas que, por tu bien, deberías estar haciéndote:

1. No son un producto nuevo
Que hayas empezado a verlos ahora no quiere decir que sean una novedad. Los cigarrillos electrónicos llevan ya diez años en circulación. Fue en 2003 cuando comenzaron a comercializarse en China bajo la marca Ruyan. Su creador fue el farmacéutico Hon Lik, quien se decidió a desarrollarlos después de la muerte de su padre por cáncer de pulmón. A Europa llegaron en 2006 y el boom en España se produjo en 2011.

El doctor Carlos Jiménez, director del programa de investigación de tabaquismo de SEPAR (Sociedad Española de Neumología y Cirugía Torácica), señala que "cada vez están teniendo más ventas en el mundo, especialmente en los países en los que existe una mayor regulación al consumo de tabaco normal”. En ese grupo se incluye España, donde la Ley Antitabaco de 2011 (PDF) prohíbe fumar en lugares públicos.

"En cierto modo responde a una estrategia comercial. Al no poder fumar en sitios públicos, mucha gente trata de dejarlo. La mayoría lo hace por ella misma pero hay otros que tienen especial dificultad y por eso buscan alternativas", apunta el doctor Francisco Camarelles, Secretario de la Junta Directiva del Comité Nacional de Prevención del Tabaquismo (CNPT).

Según un informe de este organismo, un millón de españoles dejaron de fumar entre 2011 y 2012.

2. Menos en los hospitales catalanes, puedes usarlos en cualquier sitio
La Ley Antitabaco de 2011 no hace alusiones a los cigarrillos electrónicos. Esto quiere decir que se puede "fumar" electrónicamente ("vapear") en un aeropuerto, un restaurante o incluso en el interior de un hospital. Solo Cataluña ha preparado una regulación al respecto. El pasado mes de agosto la Conselleria de Salut de la Generalitat prohibió el uso de estos dispositivos en centros de atención primaria y hospitales públicos como forma de precaución mientras no haya estudios científicos que los avalen o los descarten.

No ocurre lo mismo en Francia, donde en mayo de 2011 la AFSSAPS (Agencia Francesa de Seguridad Sanitaria de los Productos de Salud) recomendó no consumirlos y donde dos años después (en mayo de 2013) se decidiría aplicarles la misma normativa que a los cigarros convencionales. En Austria están considerados como dispositivos médicos y en Dinamarca, Bélgica, Australia y Canadá está prohibida su comercialización. Además, en algunos estados de EEUU no se pueden consumir en lugares públicos.

3. Se pueden publicitar y usar en televisión, no como el tabaco
¿Te acuerdas del último anuncio que viste en televisión de una marca de tabaco? Han pasado ya 25 años. La ley 33/1988 del 11 de noviembre (PDF) prohibió la publicidad televisiva de estos productos. Por aquel entonces no existían los e-cigs ni tampoco habían entrado en España cuando se promulgó la Ley 28/2005 que prohibe el patrocinio de tabaco, así como toda clase de publicidad y promoción en cualquier medio. Este vacío legal es el causante de que podamos ver anuncios de cigarrillos electrónicos en televisión u otros soportes. Incluso hemos visto a famosos sacarlos en un plató de televisión: Lolita lo hizo en El Hormiguero, y la actriz Katherine Heigl, en el show de David Letterman.

4. Sí, es cierto que contienen sustancias cancerígenas
Éste es uno de los puntos más polémicos en lo que a los cigarrillos electrónicos se refere porque hay todavía un gran desconocimiento sobre su composición y el efecto nocivo de ésta. "Hay muchas marcas de cigarrillos electrónicos y cada una tiene diferentes sustancias", explica el doctor Carlos Jiménez, aunque matiza que hay algunas presentes en todo ellos. Éstas son el agua destilada y la glicerina vegetal, así como el propilenglicol y las nitrosaminas, que son las dos sustancias cancerígenas. De esto ya alertó en 2009 la Agencia Americana del Medicamenteo (FDA) y lo refleja también el Informe del CNPT sobre los cigarrillos electrónicos: "Algunas marcas liberaban cantidades detectables de nitrosaminas, compuesto cancerígeno que también se encuentra en el humo de los cigarrillos convencionales y muchos de ellos liberan un compuesto químico llamado dietilenglicol (se usa como anticongelante en los coches) y por lo que no puede afirmarse alegremente de que solo liberan "vapor de agua". Tampoco hay que olvidar que algunos tienen nicotina, que es una sustancia adictiva.

5. Produce problemas respiratorios a corto plazo
Aún no se pueden determinar los efectos en un futuro lejano pero ya se pueden sacar conclusiones a corto plazo. Lo señalaba un artículo publicado en 2012 por la revista científica Chest donde se enumeraban diversas lesiones pulmonares ocasionadas por su consumo. Lo recoge también un reciente estudio de la Sociedad Americana de Neumólogos, que hace hincapié en los efectos adversos para los pulmones y la capacidad respiratoria. "En las personas que usan cigarrillos electrónicos aumenta la resistencia bronquial. Esto quiere decir que el bronquio disminuye de tamaño y entra una menor cantidad de aire en los pulmones", explica el doctor Carlos Jiménez, que matiza que ocurre también con los cigarros convencionales.

6. No, no ayuda a dejar de fumar
La mayoría de sus consumidores son fumadores que quieren dejar el tabaco, pero esto no asegura su éxito. La Organización Mundial de la Salud (OMS) advirtió en 2011 que no hay ninguna evidencia que lo demuestre. "En este momento sigue sin haber estudios concluyentes de que sea eficaz para dejar de fumar", asegura el doctor Camarelles. La revista Lancet publicó una investigación con resultados poco alentadores. De una muestra de 657 personas solo el 7,3% de los usuarios dejó de fumar gracias a los ecigs, aunque sí es cierto que la mitad consiguió reducir el consumo del tabaco convencional.

El informe del CNPT sobre los cigarrillos electrónicos apunta que además de no ser eficaces para dejar de fumar "pueden tener un efecto indeseable de retener a fumadores en el consumo de nicotina y en mantener la dependencia gestual del cigarrillo". La revista British Medical Journal advierte también del peligro que supone la falta de legislación que permite "vapear" donde no se puede fumar. El director de marketing de NJOY, una de las primeras empresas en comercializar e-cigs en EEUU, ensalzaba en The New York Times su papel 'renormalizador' del tabaco: "permite a los fumadores ahora exiliados en las aceras entrar de nuevo en los edificios".

El doctor Camarelles rechaza su uso y apoyo otros métodos alternativos que sí han demostrado su eficacia: "Funcionan los fármacos como chicles, parches, comprimidos bupropion -antidepresivos- y vareniclina, a la vez que la ayuda psicológica".

7. Son una forma de iniciarse en el consumo
Si dejamos aparte el hecho de que no sirven para dejar de fumar, sus consecuencias a corto plazo y el desconocimiento sobre sus efectos futuros, aún podemos encontrar un peligro más. "Lo que sería más grave es que se está convirtiendo en una forma de que algunos jóvenes se inicien en el tabaco", señala Camarelles haciendo alusión a un informe publicado en septiembre por el CDC (Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades). Según éste, el porcentaje de adolescentes que usan e-cigs en EEUU es bajo pero está aumentando rápidamente.

En 2012 el 6,8% de los jóvenes de entre 11 y 18 años admitió haberlos probado frente al 3,3% en 2011. El problema reside en que no todos los que admitieron haber "vapeado" eran fumadores convencionales. Esto hace temer que podrían atraer clientes que no solo buscan una manera de reducir el consumo de tabaco. El citado informe señala que es la variedad de sabores lo que puede resultar más atractivo a los jóvenes no fumadores iniciándolos así en el consumo de nicotina.

8. Se desconocen los daños que provocan al fumador pasivo
Si los efectos sobre "vapeador" activo son casi una incógnita, mucho menos se sabe qué puede ocurrir con el pasivo. Este grupo de gente, libre de humo desde la entrada en vigor de la ley de 2011, se expone al "e-humo" en lugares cerrados sin saber si es o no perjudicial para su salud. "Piensa que el primer estudio del humo ambiental del tabaco que establece sus peligros es de 2006, muy reciente. Pasarán muchos años para demostrar que es perjudicial también para el que está al lado del "vapeador", recalca el doctor Camarelles.

9. Está prohibido en menores
Como ocurre con el tabaco tradicional, está prohibida su venta a menores de 18 años. A partir de esa edad todo el mundo puede comprar uno y los lugares para hacerlo son muy variados. Hasta finales de octubre se vendían en centros comerciales, tiendas especializadas y a bordo de un avión de una compañía low cost, pero el Comisionado para el Mercado de Tabacos aprobó el día 28 de ese mes su venta en estancos por ser "artículos de fumador".

10. En 2014 su regulación cambiará
El futuro del cigarrillo electrónico pasa por un cambio legislativo a nivel europeo. La nueva norma, que fue aprobada por la Eurocámara el pasado 8 de octubre y que previsiblemente entrará en vigor en abril de 2014, no es tan estricta como solicitaba la OMS y la Comisión de Salud Pública. Esta obligará a los fabricantes a informar a las autoridades de si sus productos son o no medicinales, con propiedades curativas o preventivas. El primer caso tendrán que cumplir con la legislación que siguen chicles, parches y comprimidos de nicotina; mientras que en el segundo serán tratados como el tabaco normal. No podrán exceder los 30 mg/l de nicotina y deberán incluir advertencias sanitarias. Además tendrán las mismas restricciones publicitarias que los productos del tabaco.

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