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Yo soy sumis@: Cuando la dominación se elige sólo en la cama

15/12/2013 19:08 CET | Actualizado 14/02/2014 11:12 CET
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Ana tiene 46 años y está casada, pero a su pareja no le llama ni "marido" ni "esposo". Para eso usa otra palabra: amo. Lo hace porque se declara sumisa a él, aunque no en el sentido en que Costanza Miriano utiliza el término en su polémico libro 'Cásate y sé sumisa', publicado por el Arzobispado de Granada. Ana es sólo sumisa sexual.

"Para mí, ser sumisa es un juego sexual donde mi pareja ejerce el rol de amo y yo entrego voluntariamente mi cuerpo y mi mente para experimentar muchas veces placeres relacionados con diferentes técnicas", explica a la vez que subraya que cuando se acaba el juego se termina también su rol.

"No soy sumisa las 24 horas del día. En mi vida diaria yo no pido permiso. Decido lo que voy a hacer, dispongo de mi tiempo libre y lo dedico a lo que me gusta", resalta. Asegura que le "encanta" ser la sumisa de su "amo", pero que en el día a día los dos son "personas totalmente comunes y corrientes".

Karla, de 35 años y que también practica con su pareja el "juego" (de moda tras el éxito de '50 sombras de Grey'), denomina este comportamiento como "sumisión en el sentido moderno del término", en contraposición con la obediencia que reclama Miriano en su libro. "Me imagino que la Iglesia no estaría en absoluto de acuerdo con esta sumisión", ironiza.

"Por un lado, hablamos de la sumisión como conducta sexual cuyo reconocimiento público sí puede ser considerado moderno y, por otro, hablamos de acatamiento o subordinación de una persona a otra que se puede dar en múltiples ámbitos de la vida", explica el sociólogo Juan Carlos Barajas, quien recuerda que la palabra sumisión se usaba mucho "en el ámbito del matrimonio cristiano en la época del nacional catolicismo, cuando la mujer debía subordinación al marido".

"SANO, SEGURO Y CONSENSUADO"

Karla tiene muy claro que la sumisión a su pareja se limita a la cama. "Fuera de ese contexto, es inaceptable cualquier tipo de dominación y de sumisión", zanja. Explica que, para que el juego no sea denigrante ni peligroso, debe responder a las siglas SSC (Sano, Seguro y Consensuado).

"Todo debe ser planteado y aceptado por los participantes con sus límites y palabras de seguridad expuestos antes de realizar cualquier juego", afirma. Esa "palabra de seguridad" es un término acordado por la pareja. Cuando quien tiene el rol de sumiso considera que lo que está soportando no es agradable, pronuncia esa palabra y de inmediato se interrumpe el juego y se termina la sumisión.

Estas prácticas son conocidas como BDSM (Bondage; Disciplina y Dominación; Sumisión y Sadismo y Masoquismo) y los expertos aseguran que son más frecuentes de lo que se cree. Por ejemplo, la experta en sexualidad Sylvia de Béjar calcula que entre el 30 y el 50% de la población adulta tiene fantasías sadomasoquistas de sumisión o de dominio. Y según la encuesta Durex Global Sex Survey, realizada en 2005 a nivel mundial, el 20% de la población ha realizado prácticas de BDSM, desde suaves a severas.

YO, SUMISO

En ellas, no siempre la mujer es la sumisa. También hay sumisos. Spirit (nombre ficticio de un hombre casado de 40 años), asegura que la sumisión así entendida no es una "actitud vital", sino algo "elegido" que "se aplica en un contexto y para un fin".

"Como en todo, hay tantos tipos de sumisos como personas y cada uno lleva el juego como considera; desde los que se sienten sumisos y les gusta ser sometidos y anulados de forma constante pues tal es su sexualidad hasta los que adoptan el rol simplemente durante el rato de la sesión o la materialización de la fantasía", relata.

En su caso, asegura que su sexualidad es así. "Necesito estos juegos para disfrutar plenamente de forma sexual", explica. Pero fuera de ese ámbito, la relación con su mujer es "cotidiana/convencional/normal". "Cuando acaba la sesión, sigue habiendo una relación de Dominación-sumisión, pero en forma de vínculo mental - recordatorio del rol", reconoce a la vez que subraya que son "dos personas normales" son sus "problemas vitales normales".

¿POR QUÉ LES GUSTA?

José Bustamente, psicólogo especialista en sexualidad y autor del libro 'En qué piensan los hombres', explica por qué alguien puede encontrar placenteras estas prácticas de sumisión: "La mayoría hablan del placer de no ser dueño de ti, de dejarte llevar por el otro, perder la voluntad, simuladamente, para hacer disfrutar al otro. Otros reconocen que bajo los juegos y fantasías de sumisión se encuentra la vergüenza a pedir o llevar la iniciativa con determinadas prácticas sexuales, que sí se permiten cuando es el otro quien 'te obliga".

Los expertos coinciden en que estos juegos no tienen por qué ser peligrosos siempre que se tengan claro los límites. "Si es algo tenue no existen riesgos, siempre que los dos miembros de la pareja estén de acuerdo en este proceder.

Si el juego se extrema y va a más, se puede llegar a la destrucción de la persona dominada, a que deje de ser persona para convertirse en cosa sin autonomía sexual, moral, psicológica", advierte el psicólogo Esteban Cañamares.

"NO PUEDES SEPARAR LA VIDA ÍNTIMA"

En la sumisión hay, efectivamente, diferentes grados. Ramón, casado y de 45 años, confiesa que también es sumiso "en la vida doméstica". "Me gusta ser sumiso porque admiro a la Mujer en general, la veo mucho más perfecta, en general, que al hombre. Hay datos de que ellas delinquen mucho menos, de que ellas son mejores en los estudios, más responsables con sus hijos o mayores, a ellas se les dan, por ejemplo, microcréditos porque son más responsables que los hombres...", explica.

Un planteamiento más radical es el de Daniel, que no quiere revelar su verdadero nombre y rechaza que se pueda ser "sumiso por horas" porque "no es una chaqueta que te quitas cuando está sucia". "No puedes separar la vida íntima de los sentimientos", asegura.

"Ser sumiso es poner conscientemente las necesidades de la mujer, en este caso con la que compartes relación, por encima de las propias. Esa decisión te hace feliz a ti y a tu parte complementaria, pero eso no significa que el hombre quede anulado como ser humano".

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