Mara Torres: "A mis entrevistados les escucho y les trato con mucho respeto. No vienen a dar explicaciones y no vienen a dar titulares"
Entrevistamos a la periodista, escritora y presentadora del magazine nocturno 'El Faro', de la Cadena SER, por el Día Mundial de la Radio.

La radio de los primeros dos mil no se entiende sin la voz de Mara Torres. Y no es una exageración porque desde que en 2001 se puso al frente de Hablar por hablar, el espacio pionero de la Cadena SER que cedió todo el protagonismo a los oyentes para compartir historias, consejos o reflexiones, las largas madrugadas se hicieron más cortas para miles de personas.
Dejó aquellas noches de confidencias, de dramas y comedias, para convertirse en un referente periodístico como presentadora del informativo más premiado de la historia de la televisión, La 2 Noticias. Durante los doce años que estuvo en el ente público, también debutó en la literatura de ficción y su primera novela, La vida imaginaria, fue finalista del Premio Planeta en 2012. El pasado año publicó Recuérdame bailando, un historia de amor dedicada a su hermana Aly, que se quitó la vida con solo 33 años.
La meditada decisión de abandonar RTVE en 2018 recondujo su carrera profesional hacia la radio y, de nuevo, a las madrugadas, con un programa que llevaba tiempo diseñando y estructurando en su cabeza, El Faro. El espacio, que se emite de lunes a jueves de 1:30 a 4 horas y lleva años liderando su franja horaria -cerró 2025 con 245.000 oyentes-, cuenta con Antón Meana, Antonio Lucas o Luis Alegre como colaboradores y ha hecho de su sección de entrevistas a los 'gatopardos' más variopintos su emblema.
Mara, tú que llevas décadas encerrada en un estudio delante de un micrófono: ¿qué es para ti la radio?
La radio para mí es lo primero de todo. Es mi gran compañera y ha sido compañera antes que espacio en el que trabajar, espacio en el que desarrollar mi trayectoria. Lo primero fue compañera y creo que es lo que sigue siendo para mí la radio, una enorme compañera.
Descubrí la radio cuando estaba estudiando, en el instituto. Yo estudiaba por la noche, bueno, por la tarde, y luego por la noche ponía un poco la radio. Pero recuerdo perfectamente que cuando ya empecé la carrera, los tres primeros años entraba a las 12, todas las mañanas me las pasaba escuchando a Iñaki Gabilondo. En mi casa no se ha visto casi la tele y la radio era día y noche.
En 2001 llegaste a Hablar por hablar y ahí estuviste durante cinco años. ¿Cuánto ha cambiado la radio desde entonces?
Creo que el gran cambio en el mundo radiofónico es, por supuesto, la llegada de Internet, que permite que escuches la radio en cualquier momento y cuando tú quieras, que para un programa como el nuestro, El Faro, ha sido definitivo. Pero voy más allá. Antes, la única posibilidad que tenías de conocer a los oyentes o de saber lo que pensaban era a través de sus llamadas o cuando había encuentros en la radio. Pero la posibilidad que nos han dado las notas de audio, hacer un programa donde todo el mundo pueda participar... Eso para nosotros ha cambiado radicalmente la forma de entender la radio: que contemos con los oyentes de modo que nos aporten conocimiento y aporten algo más que sólo aparezcan cuando se les solicita una opinión política, por ejemplo. O sea, hacer que los oyentes formen parte de la radio como un valor fundamental, para mí esa es una diferencia bastante importante.
¿Entonces las redes sociales también han jugado un papel importante por esa espontaneidad de los oyentes?
Cuando yo estaba haciendo Hablar por hablar, pusimos en marcha el primer chat de un programa de radio de la historia. La madrugada te permite experimentar, puedes experimentar todo lo que quieras en programas de madrugada o programas que están un poco fuera del prime time. Entonces lo pusimos en marcha. Y ahí, bueno, ahí aprendí una lección importantísima. Recuerdo que tenía cientos de miles de oyentes y ese chat lo formaban solo 200 personas y descubrí que eran capaces de manipularme. Por ejemplo, yo tenía una llamada que me estaba resultando muy interesante y yo la largaba en antena hasta que uno del chat, de repente, ponía 'mmm, me aburro'. Y todos se contagiaban y, al cabo de un minuto, toda la pantalla estaba llena de ‘zzz, nos estás aburriendo, nos estás aburriendo'. Entonces yo decía: 'Vale, voy a cortar la llamada porque estoy aburriendo a la audiencia'. Y en la siguiente llamada, '¿por qué has cortado al otro oyente?'. Sí, era muy interesante.

Aprendí una lección muy importante con respecto a las redes sociales y es que no pueden manejar tu criterio. Y esa lección la aprendí en ese momento y la he mantenido 30 años después. Ellos se contagiaban y me contagiaban, y si me decían algo maravilloso yo no hacía caso, pero si me decían algo malo me afectaba muchísimo. O sea, aprendí a tomar distancia y fue gracias al chat que pusimos en marcha en Hablar por hablar, que por otra parte dio al programa una luz completamente nueva.
Llevas muchos años trabajando de madrugada en la radio... ¿Qué tienen de especial esas horas ante un micrófono?
La madrugada para mí tiene la posibilidad de experimentar con todo lo que quieras. No solo por la franja horaria que ocupa, sino que además el oyente está especialmente atento a todo, porque tú durante el día estás escuchando la radio, pero estás haciendo miles de cosas. Cuando estás escuchando la radio de noche, sólo escuchas la radio. Por ejemplo, yo escuchaba mucho la radio a la salida de La 2 Noticias, siempre iba con la radio. Ahí es cuando empecé a maquinar el programa El Faro, ahí empecé a pensar qué haría yo si volviera a la radio. Pensé que quería volver a la madrugada y hacer un programa novedoso. Pensaba, 'bueno, pues si hay muchísima gente como yo, periodista, farmacéutico, cualquier tipo de profesional, enfermeros, gente que sale de montar un concierto... Yo quería un programa para toda esa gente que está despierta y que quiere oír la radio.
Hay una sección de El Faro que tiene repercusión más allá de su emisión, las entrevistas a los 'gatopardos'. Precisamente, hace unos días, Leiva pasó por allí y dejó una entrevista emocionante que se ha visto en todo los lados...
Mi equipo llevaba tiempo llamando a Leiva. Llevábamos detrás igual tres años o así. Pero bueno, hay muchos invitados que se toman su tiempo. Le vi al salir un día de La Ventana y me dijo 'Mara, voy a ir a tu programa, solamente necesito encontrar el momento para ir, que esté tranquilo y tal'. Y fue el otro día. Preparé la entrevista de Leiva durante tres horas esa mañana y durante la madrugada anterior después de hacer el programa estuve estudiando la documentación de cinco a siete. Dediqué cinco horas solo a preparar la entrevista de Leiva, a buscar ese partido que fue el primero al que había ido en el Vicente Calderón. Tardé una hora porque yo no sé nada de fútbol... Luego dediqué otra hora completa a decidir cómo iba a meter las canciones de Leiva. Yo quería que habláramos de La llamada, pero me parecía que si solo metíamos esa canción no le iba a llevar a ese momento que supuso La llamada, en cuanto al cine, a la música, a los Javis, Macarena... Y luego decidí que iba a pedirle permiso para preguntarle por Robe (Iniesta) porque sabía que era un tema delicado, sensible, que le iba a emocionar. Dediqué un tiempo a pensar cómo afrontaría esta pregunta y, bueno, decidí que la mejor manera era preguntándole si podía preguntarle por Robe. '¿Te apetece que hablemos de él? Y entonces dijo que sí y la entrevista, la verdad, que salió genial.
Tus invitados siempre cuentan que están encantados de ponerse frente a ti para esa íntima conversación. ¿Cuál es el secreto, cuál es tu mejor arma?
¿El secreto? Yo creo, por mi parte, que voy muy documentada por el equipo y el equipo es muy constante, o sea, cuando busca un invitado creemos que merece la pena y no nos importa esperar un año, dos, seis meses... Y luego es que les escucho y les trato con mucho respeto. O sea, piensa que aquí los invitados no vienen a dar explicaciones y no vienen a dar titulares, porque las explicaciones las dan los políticos, porque el perfil de periodistas que somos el equipo de El Faro no busca un titular. Nos tomamos nuestro tiempo para escuchar, para pensar, para titular la entrevista. Sabemos que un titular puede traer muchísimas reproducciones, pero intentamos que, por lo menos la noticia que firma El Faro, sea una noticia honesta con lo que ha contado el invitado. Luego es verdad que, como tiene tanta repercusión, cada medio saca su titular, pero ellos pueden estar tranquilos con nosotros, pueden estar tranquilos con el equipo de El Faro y con lo que hacemos.
Mara, ¿hay alguna entrevista de la que hayas dicho 'esta no me ha salido bien, el invitado no ha estado a gusto, no ha estado tranquilo'?
Sí, pero pocas, muy pocas, de verdad. Pero no voy a decir quién por respeto al invitado, porque creo que ya viniendo hacen un esfuerzo. Y también creo que el error fue mío: pregunté algo que creo que no debería haber preguntado. Sí, creo que no debería haberlo preguntado y además era muy fácil saber que esa pregunta no tendría que haberla hecho. Soy muy cuidadosa cuando hago preguntas que tienen que ver con la vida personal, porque en el estudio del invitado también está eso. O sea, parece que ellos cuentan todo de su vida, pero es que solo cuentan lo que ellos quieren contar. Así que bueno, en eso soy cómplice de ellos. Y en este caso la verdad es que sí, me confundí, no lo hice bien.
Y al contrario, ¿qué invitado ha sido especialmente generoso con la entrevista y lo ha dado todo?
Mira, esta de Leiva me gustó mucho, pero también la de Juancho, su hermano, o la de Juancho Marqués, otro músico al que cuando le pregunté quién era el faro de su vida me dijo 'la bondad', que es algo que me impresionó muchísimo. Pero también recuerdo a actores, directores, actrices, abogadas... la que le hice a Manuela Carmena, la que le hice a Cristina Almeida... Todas, la verdad.
