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Por qué te has estado duchando mal toda la vida

03/04/2014 11:24 CEST | Actualizado 14/06/2016 17:06 CEST

Vivimos inmersos en la cultura de la ducha diaria. Hemos pasado de una España en la que el baño era un lujo, a una España en la que casi la mitad de la población pasa diariamente por este trámite.

Nos duchamos día sí y día también e invertimos una media de 11 minutos en esta actividad, según la última encuesta de Demoscopia. Muchos ya no concebimos la idea de llegar al trabajo sin antes despejarnos bajo el reparador chorro de agua caliente. Lo hemos convertido en algo así como una necesidad básica. Y no decimos que esté mal hacerlo, el problema es que muchas veces no lo hacemos como deberíamos. Un mal uso de la ducha puede provocar multitud de problemas cutáneos.

1. Nos duchamos demasiado

La piel es el órgano más extenso de nuestro cuerpo y el primer mecanismo que tenemos para defendernos de los agentes externos. “Si estamos continuamente rasurando, lavando o haciendo correr agua por ella estamos quitando nuestras defensas”, explica la doctora María Sainz, jefa del servicio de Medicina Preventiva del Hospital Clínico San Carlos de Madrid y FUNDADEPS. Piensa que el ser humano es el único mamífero que realiza esta tarea para reprimir su olor corporal.

2. Usamos demasiado del jabón

Pasar por debajo del chorro de agua a diario no es tan pernicioso como lo es el uso continuado de gel, “especialmente si tenemos una piel sensible y vemos que nuestro cuerpo no lo tolera bien”, nos explica el doctor Ramón Grimalt, especialista en dermatología y miembro de la Asociación Española de Dermatología y Venereología (AEDV).

Este especialista insiste en la necesidad de recurrir el sentido común para limitar su uso, mientras que otros hablan de emplearlo dos o tres días a la semana. “A no ser que hagas deporte o tengas un exceso de sudoración”, señala la doctora Sainz que insiste en que no hay que tomarse esta recomendación como una norma para toda la población sino como una orientación. Porque no es lo mismo ser chico que chica. Tampoco es lo mismo hacer deporte a diario que llevar una vida no tan activa. Ni vivir en un clima cálido o en uno frío. “Para el grueso de la población se recomienda usar jabón sólo por la zona de mayor sudoración y que en el resto del cuerpo que corra el agua y listo”, añade Sainz.

No seguir estos pasos y abusar del uso de geles no neutros significaría que estaríamos atacando constantemente el manto lipídico que recubre nuestro cuerpo destruyendo su pH, que se encarga de defendernos de agentes externos como bacterias, virus, ácaros y demás microorganismos. Esto podría llegar a causarnos problemas mayores como dermatitis atópica, que afecta a un 10% de la población; infecciones como pitriasis alba (manchas blanquecinas o falta de pigmentación en la espalda y extremidades superiores) o alergias. “No es que no haya que lavarse todos los días, hay que hacerlo con un gel no abrasivo o hacerlo por parroquias como se suele decir”, explica Fernando Pérez Escanilla, responsable del Área de Salud Pública de la Sociedad Española de Médicos Generales y de Familia (SEMG).

3. El agua suele estar demasiado caliente

Si bien no deberíamos usar gel todos los días, especialmente en el caso de niños o ancianos, tampoco podemos ducharnos a altas temperaturas. Así lo expresa la Academia Española de Dermatología y Venereología (AEDV) en su lista de consejos para cuidar el pH de la piel: “No te duches con agua demasiado caliente porque podrían desintegrarse algunas moléculas del manto ácido y esto propiciaría una excesiva resequedad”.

4. Abusamos de la esponja

En su lista de consejos, la AEDV señala que no debemos enjabonarnos más de una vez y que habría que “limitar el uso de esponjas con fibras demasiado ásperas” si queremos que el nivel alcalino del ‘manto’ se mantenga equilibrado entre los 5.5 y los 5.9 grados de acidez.

El dermatólogo Raúl González recomienda emplear esponjas solo “una o dos veces a la semana” y secarlas con la luz del sol después de usarlas “para evitar la colonización con mohos” que pueden causar foliculitis, hongos u otras infecciones peores.

En cuanto al uso de guantes y estropajos no debería hacerse más de un día a la semana porque resultan traumáticos para la piel. “Las cremas exfoliantes pueden utilizarse cuando no hay lesiones inflamatorias y no se está ingiriendo vitamina A (piel más sensible). Su aplicación debe ser muy espaciada, preferentemente una vez al mes”, asegura este especialista.

5. No nos lavamos bien el pelo

Del mismo modo que si queremos cuidar nuestra piel no deberíamos lavarnos con jabón todos los días, si queremos cuidar nuestro cuero cabelludo tampoco podemos lavarnos el pelo a diario. El cuidado del cabello también es importante y para ello la AEDV aconseja emplear “un champú con pH 5.5, usar lociones e hidratantes y cepillarse a diario con un cepillo de cerdas suaves”.

Lo curioso es que muchos eligen bien el champú pero luego no saben cómo aplicarlo, especialmente las personas con pelo largo. "Debe realizarse en sentido vertical y no acumularlo en la parte alta de la cabeza. Esto puede crear un enredo permanente imposible de solucionar como no sea con el corte, es lo que se denomina cabello en nido de pájaro", explican en el documento de cosmética capilar de la AEDV. Posteriormente hay que "enjuagarse muy bien con agua abundante, si se desea puede aplicarse un acondicionador, peinar con un peine de púas anchas que ayude a desenredar, y posteriormente secar". Terminado este proceso, la doctora María Sainz insiste en que embadurnar el cuero cabelludo con colonia, una práctica muy frecuente en los adolescentes, es peligroso por su alto contenido de alcohol: “Se ha comprobado que esto acelera la aparición de la calvicie en gente con predisposición a tenerla por la abundante presencia de alcohol".

6. Tampoco elegimos bien la toalla

Toda ducha debe terminar con un secado pero para ello no valdría cualquier toalla. Muchas veces las elegimos por estética, porque quedan bien con los azulejos del baño, y no nos preocupamos de si son o no adecuadas para nuestra piel. Una toalla rugosa o demasiado áspera puede irritar las pieles sensibles e incluso resecarlas. Lo aconsejable es que sea suave de algodón absorbente. Para usarla hay que hacerlo mediante ligeros toques que eliminen el exceso de humedad y no frotando.

Las manos son otra cosa

Las recomendaciones en el uso diario de jabón no deben seguirse al pie de la letra cuando hablamos del lavado de manos. Esta parte de nuestro cuerpo va por libre. El hecho de estar en contacto directo con factores externos hace que los gérmenes aparezcan cada tres horas por lo que hay que lavarlas con mucha más frecuencia. Además, la piel de las manos se regenera cada cinco días, señala la doctora Sainz.

En ningún caso el lavado de manos tiene que ser una obsesión aunque sí habría que hacerlo de forma más o menos constante. “Lo ideal sería que nos laváramos las manos una media de siete veces al día”, apunta la especialista. Y aunque te parezca mucho no lo es tanto “porque vas un mínimo de tres veces al wáter cada día y comes dos o tres veces”. La razón es que si en las primeras manipulaciones transmitimos riesgos, en las segundas los asumimos.

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