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Astenia: por qué estamos tan cansados en primavera

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ASTENIA PRIMAVERAL
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Te has levantado cansado y no sabes por qué. Anoche te acostaste antes de las doce y este fin de semana apenas has salido. ¿Qué está pasando? Sencillo, la primavera ha empezado a hacer estragos y tú eres una de sus víctimas.

La astenia primaveral afecta cada año a más de la mitad de la población. Esas personas se sienten más cansadas y faltas de energía al llegar la temporada de las flores y en principio esto ocurre sin que haya una causa aparente que justifique esa fatiga y falta de concentración. ¿Entonces qué es lo que pasa? ¿Por qué se sufre este trastorno al llegar los meses de marzo y abril?

Hablamos con especialistas que nos ayudan a despejar estas dudas y sacamos a la luz diez verdades sobre el tema.

1. La culpa es del cambio horario

El cambio de hora que se produce cada año en el mes de marzo es el principal causante de este trastorno aunque no el único. “Nuestro cuerpo necesita un periodo de adaptación a los nuevos horarios y al aumento de horas de luz solar y mientras no se produce nos sentimos más cansados”, explica el doctor Alberto Sacristán, miembro del Grupo de Nutrición y Alimentación de la Sociedad Española de Medicina Familiar y Comunitaria (SEMFYC). Al fin y al cabo el ser humano está compuesto por hormonas circadianas, en su mayoría, que están condicionadas por la luz solar.

A esto se une otros factores. "En realidad este cansancio generalizado es un hecho multifuncional. No solo afecta el cambio de luz solar, también el cambio de temperatura porque en esta época se producen contrastes muy bruscos y al organismo le cuesta adaptarse. Además esto también hace que nos cueste más dormir por lo que estamos más cansados", señala el doctor Ángel Nieto, médico especialista en Medicina Interna del Hospital San Carlos. La humedad también influye ya que altera unas betaendorfinas que tenemos en el cerebro y que son las que nos marcan el estado de ánimo. "A algunas personas les afecta a la baja, les aplana y de ahí que sufran esos síntomas", explica el doctor Darío Fernández, especialista en medicina de familia.

2. Cansados, fatigados y sin apetito

El cansancio no es el único efecto que tiene en nosotros la llegada de la primavera. La astenia primaveral provoca otras consecuencias. En esta época podemos sentir también fatiga muscular, dificultad de concentración, irritabilidad, falta de apetito, trastornos de sueño, dolor de cabeza, tristeza inexplicable, desmotivación y hasta disminución del deseo sexual.

3. No es una enfermedad

Sufrir astenia primaveral no es motivo de preocupación ya que no es una enfermedad como tal sino un trastorno temporal que se supera sin necesidad de ir al médico ni tomar ningún medicamento. Como señala Dario Sánchez, "es un trastorno leve, transitorio y pasajero que causa unos síntomas nada graves y que por tanto no hace falta ir al especialista".

4. Las mujeres son las que peor lo pasan

Según una encuesta realizada en 2012 por el Centro de Investigación sobre Fitoterapia (INFITO) más de la mitad de la población sufre este cansancio generalizado cuando llega la primavera, siendo los más afectados las mujeres de entre 35 y 50 años y las personas que sufren alergia. "Estas últimas suelen sufrir una serie de síntomas que les impiden descansar bien lo que les hacer más susceptibles de sufrir ese cansancio primaveral. Además el consumo de antihistamínicos tiende a provocarles sueños y por tanto a hacerles sufrir más sensación de fatiga", explica el doctor Nieto.

La llegada de la primavera afecta en gran media a los trabajadores por cuenta ajena (40%) que al no cambiar su horario laboral no pueden incrementar las horas de sueño, una de las formas de aminorar los efectos de este trastorno. Los estudiantes (23%) también suelen acusar el cansancio por estar en la recta final del curso mientras que en el caso de niños y mayores de 65 años suele manifestarse de otra manera. "Más que cansancio sufren irritabilidad, falta de apetito...", explica el médico Ángel Nieto.

5. Es difícil de prevenir

La llegada de la primavera y sus consecuencias negativas pueden prevenirse aunque resulta bastante complicado. "Es muy difícil saber cuándo se va a producir con exactitud, cada año varía, por lo que es complicado tomar medias previas", señala Alberto Sacristán. Para evitar ese malestar lo único que se puede hacer es llevar una dieta sana y tener un estilo de vida activo.

6. Los efectos se pueden reducir

Si bien es cierto que es difícil prevenir esos efectos, sí se le puede plantar cara a la primavera y aminorar sus efectos. El doctor Sacristán señala la importancia de cuidar la alimentación y adaptarla al cambio de estación: “Durante el invierno se realiza una dieta más hipercalórica para sobrellevar mejor las temperaturas frías, ahora son aconsejables aquellos que aportan más energía como el plátano o los frutos secos". Es importante sumar a las frutas de invierno (naranjas y peras) otras de temporada como son las fresas o las ciruelas.

La práctica deportiva también ayuda. Al liberar liberar endorfinas (hormonas de la felicidad), liberan estrés y nos hacen sentir más positivos. “Valdría cualquier actividad física que se practique pero yo recomendaría una que nos divierta”, explica Alberto Sacristán. No importa que sea en exterior o interior, aunque hacerlo en un espacio cerrado es recomendable en personas alérgicas al polen. “Si no se tiene tiempo basta con andar durante diez minutos tres veces al día”, explica.

El tercer ingrediente clave es aumentar las horas de descanso ya que, como explica Ángel Nieto, estamos en una época donde las necesidades energéticas son algo mayores por lo que habría que irse antes a la cama y "reducir el ritmo de la máquina para que nuestro organismo se adapte cuanto antes a los cambios". Nieto insiste que ante la imposibilidad de aumentar el sueño diario, se puede intentar pasar más horas en la cama durante el fin de semana.

7. La astenia es pasajera

La astenia primaveral tiene fecha de caducidad. “Dura entre 10 o 20 días, depende de la persona, aunque en ningún caso debe ser un mes. Si se produce una situación así ya estaríamos hablando de un problema mayor como puede ser anemia, entonces sí tendríamos que ir al médico”, señala el especialista Alberto Sacristán.

8. Otras estaciones también nos afectan

La primavera es sin duda la estación que más nos afecta pero otras estaciones también pueden influir en nuestro estado físico y anímico, especialmente la llegada del otoño. “En esta época también se produce un cambio horario y un cambio de luz también que nos afecta en menor medida porque en primavera se suman los síntomas alérgicos que hacen que acusemos más ese cansancio", asegura el doctor Sacristán.

9. Los complementos vitamínicos, solo con prescripción

En principio una persona con una alimentación sana y equilibrada no tendría por qué tener un déficit vitamínico ni tendría que recurrir a complementos vitamínicos en esta época. Sin embargo hay todavía mucha gente que no lleva a cabo una buena alimentación por lo que, según Sacristán, podrían necesitar de una ayuda extra en primavera. Esas personas podrían recurrir a los citados complementos "aunque siempre siguiendo las indicaciones de un facultativo ya sea médico o farmacéutico".

10. Sí a la jalea real

Si los complejos vitamínicos no son necesarios, sí es cierto que la jalea real o el ginseng resultan muy recomendables en esta época por ser energizantes sin tener efectos secundarios. "La jalea real es un producto que elaboran las abejas para dar de comer a la abeja reina y es muy útil para estimular a aquellas personas que con la primavera se encuentran más cansadas y abatidas porque actúa como revitalizante pare recuperar la actividad general y aumentar la resistencia del organismo a la fatiga y el esfuerzo”, señala Teresa Ortega, profesora de farmacología y presidenta de INFITO. Entre sus vitaminas destacan la C, E, A y del grupo B (B1,B2, B, B6 y ácido fólico) y entre los minerales se encuentran fósforo, hierro, calcio, cobre y selenio. Además, contiene aminoácidos como la lisina, leucina, metionina, fenilalanina, treonina, triptófano y valina. Como en el caso de los complementos vitamínicos es importante preguntarle al farmacéutico cómo tomarlo, cuándo y durante cuánto tiempo.

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