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Los sintecho de Madrid denuncian la criminalización de la pobreza y la marginación (VÍDEO)

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Chupano es el nombre del lugar donde los sintecho duermen en la calle, ya sean unos cartones o un colchón. Igual que esta palabra se enfrenta al desconocimiento de la gran mayoría de la gente, las personas sin hogar se enfrentan a la pasividad de los viandantes en el mejor de los casos, y a la humillación, en el peor.

Chupano también es el nombre de la asociación de personas sin techo de Madrid que convocó una concentración el pasado viernes frente al Ayuntamiento de la capital para “visibilizar la situación de pobreza severa que sufre este colectivo” y para “reivindicar una vida digna”.

Alberto, portavoz de la organización, no vive en la calle, pero colabora con ellos porque los conoce desde que se cruzaron en su camino “casi por casualidad cuando montaba una carpa contra la Ley Mordaza en la Puerta del Sol”. Cuenta que quienes vivían por la plaza empezaron a ayudarle a ponerla en pie y desmontarla. Allí conoció sus historias, sus inquietudes y la necesidad de darles visibilidad para que la sociedad haga algo por ellos.

Alberto es muy amigo del Papi —“uno de los rostros más visibles dentro de este colectivo”—, que lleva 24 años viviendo en la calle. El Papi duerme junto a los cines Ideal, en el barrio de Tirso de Molina, y hay noches en las que el frío es el menor de sus problemas. Son noches en las que la gente que sale por ahí le orina encima y le da patadas, pero el Papi prefiere esas vejaciones antes que irse a un albergue: “Son guetos”.

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El Papi, que dice que estar en la calle le produce “mal humor y hasta romanticismo”, leyó un poema durante la concentración compuesto por él mismo.


“Los sintecho odian los albergues”, corrobora Alberto. Para ellos, es como un “régimen carcelario” con horarios muy estrictos: “En pleno invierno, a las siete y media de la mañana ya les están echando”, explica el portavoz. Además, en muchos centros la higiene es mala y “se dan condiciones propicias para el contagio de enfermedades”.

Por eso, la asociación Chupano propone algo distinto: habilitar apartamentos donde las personas puedan autogestionarse siempre y cuando permitan la visita de un asistente social y no molesten a los vecinos. Esta iniciativa se llama housing first, una experiencia desarrollada hace 25 años en Estados Unidos, donde los resultados demuestran “un alto porcentaje de integración social”, asegura Alberto.

En España, la fundación RAIS ya ha aplicado este modelo y ha puesto en marcha 38 viviendas en Málaga, Barcelona y Madrid “junto con un riguroso proceso de evaluación de resultados”. Así lo presentan mediante un vídeo en su web:

“En Madrid, 5000 personas duermen y mueren al raso, cuando hay más de 150.000 pisos vacíos”, denuncia Lagarder Danciu, megáfono en mano. Este activista es uno de los manifestantes que acudió a la concentración del viernes organizada por Chupano. “¡No queremos gente sin casa ni casas sin gente!”, prosigue alzando la voz.

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Lagarder Danciu es una de las personas más activas de este colectivo.


A veces, lo que las personas de la calle buscan más es “un abrazo, un caldito”, defiende Lagarder, que no suele perderse este tipo de protestas y que hace unos días copó titulares por irrumpir en un acto del PP al grito de “¡sois la mafia!”.

Paula, otra de las asistentes, prefiere no posar ante la cámara. Esta periodista, que vive en la calle, critica que los políticos vean a los indigentes “como un imaginario” y que los centros sociales no estén adaptados a las necesidades de los usuarios. Por ejemplo, “no dejan que vayan niños”, cuenta. Paula lamenta que se meta a todos en el mismo saco, cuando las realidades personales de cada uno (familias, gente con trabajo pero sin casa, padres separados, etc.) son muy distintas.

Guillermo es abogado, pero lleva unos tres años viviendo en la calle “por motivos familiares”. Por caprichos del destino, hace unos años coincidió con Manuela Carmena en el ámbito profesional y le parece paradójico verse ahora protestando a las puertas del Ayuntamiento que dirige la jueza.

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Daniel (I) trabaja en el centro donde José Antonio (D) duerme.


José Antonio lleva diez años en la calle y, para él, lo peor es que la policía lo eche “a patadas del metro”. En la imagen, José Antonio posa junto a Daniel Reyes, trabajador en un albergue y delegado de Comisiones Obreras, que denuncia la privatización de los centros sociales. “Se han convertido en empresas que tratan de lucrarse a costa de los trabajadores y de los usuarios, donde las condiciones son precarias para ambos grupos”, critica Daniel.

Además de personas sin hogar y de trabajadores sociales, en la concentración había voluntarios que, motu proprio, ayudan a quienes pasan el día y la noche en la calle. Uno de ellos es Bene, que desde hace un tiempo comparte su cena con un grupo de sintecho. Él también acusa a los responsables de los centros sociales de tratar de forma indigna a las personas que acuden allí; por eso prefirió tomar la iniciativa, “romper la barrera entre ellos y nosotros” y, sin humillaciones ni paternalismos, compartir su tiempo, su conversación y su cena con personas “iguales que el resto” que lo necesitan. Así descubrió Bene que, como voceaba Lagarder Danciu, “en definitiva, todos somos personas”.

La asociación Chupano ha iniciado una propuesta dentro de los presupuestos participativos del Ayuntamiento de Madrid para proporcionar vivienda temporal a 40 personas sin techo, dándoles la oportunidad de gestionar por sí mismos el edificio. El Huffington Post se puso en contacto con el Ayuntamiento, que prefirió no valorar la propuesta argumentando que “es la ciudadanía quien debe decidir”.

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