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Defraudar a una institución española, vivir feliz en EEUU

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Ojalá esta historia terrible de Amy Martin terminase, pero no lo hará y me siento obligada seguirla. Después de salir en todos los medios por escribir artículos bajo un pseudónimo y cobrar decenas de miles de euros de la Fundación IDEAS, Carlos Mulas-Granados e Irene Zoe Alameda, en vez de tener que esconderse en su casa, están viviendo bien en mi país, en EEUU.

He estado indignada como exempleada de la Fundación IDEAS y como residente de España, pero ahora estoy indignada como estadounidense.

No están divorciados, a pesar de que en su comunicado a los medios Alameda indicaba una separación "sentimental y física". De hecho, están muy unidos en Estados Unidos, y un contacto de IDEAS me dice que por eso Mulas tenía ganas de ir a trabajar a Washington el verano pasado. Quería estar cerca de su esposa que evidentemente vive en Nueva York donde lleva su empresa de producción. Empezando en agosto, Mulas fue un privilegiado, tenía su trabajo como director de la Fundación IDEAS y aceptó otro en el FMI. Más de 6 millones de parados en España y Mulas con dos sueldos. ¡Qué suerte! No entiendo muy bien cómo han sido compatibles dos trabajos en lados opuestos del Atlántico. Parece que es solamente para gente muy especial.

Por defraudar y efectivamente destrozar la Fundación IDEAS, esta pareja solamente se jugaba su reputación en España. Lo que pasa en España, se queda en España, ¿no? Da igual que haya muchos exempleados de IDEAS buscando trabajo en una economía con un 26% de paro y con sus currículos manchados por el escándalo de Mulas. Estos dos han salvado sus propios culos y han escapado del gran desastre que dejaron atrás en su país. Unos Bonnie y Clyde modernos e internacionales.

Según un contacto en IDEAS, Mulas dice que va a devolver el dinero. Genial. ¿Y? Los dirigentes de la Fundación IDEAS no han informado de acciones legales, algo que sería una gran injusticia. También es injusto que el defraudador de una institución nacional se traslade a otra institución internacional aun más importante. Vivimos tiempos en los que estamos todos cuestionado la legitimidad de nuestras instituciones democráticas y no hay espacio para los que nos defrauden. No estoy diciendo que los defraudadores no deban volver a trabajar, claro, en principio todos deberíamos tener el derecho de trabajar. Pero que se vayan a hacer otra cosa no financiada por fondos públicos. No serán los primeros que han tenido que dar un giro difícil en sus careras profesionales. ¡Vamos, defraudadores, ánimo!

El FMI tiene un código de conducta para sus empleados publicado en su página web que dice "que todos los que trabajan para la institución observan los estándares más altos de la ética profesional". Pues no son exactamente las primeras palabras que aparecen a la mente al pensar en Mulas. Pero me parece más curioso que el código dice que no se puede tener un cargo político mientras se trabaja por el FMI. Curioso porque cuando le contrataron en agosto, Mulas ya llevaba varios años al frente la Fundación IDEAS, una organización con la mayoría de su financiación pública y abiertamente ligada al PSOE.

Pero para la gente muy especial, siempre hay soluciones. Y ese es el gran problema de estafar una institución por 50.000 euros; hasta la corrupción institucionalizada durante años que alcanza millones es terreno exclusivo de un club internacional de privilegiados.

La única respuesta es sacar a la luz esos casos y denunciarlos a través de e-mail, llamadas y las redes sociales.