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Agita tu presente

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Si vas a inconformarte con tu presente, es necesario que causes pequeñas revoluciones, que lo sacudas, que hagas aquello que otros no harían, que lo agites. Si ves que todo el mundo camina hacia el oeste, por esta vez camina tú hacia el este. Si llevas un año enviando currículums de la misma manera, esta vez llama al presidente de la compañía. Si ninguno de tus amigos habla ruso, decide ser tú el primero. Haz cosas que nunca has hecho y que, de no ser por el cambio de mentalidad al que te invito, tal vez nunca harías: corre una maratón, cambia tu forma de vestir, hazte un corte de pelo que rompa con la línea anterior, viaja a un país al que nunca irías, aprende un baile que nunca hayas bailado, entra en sitios que siempre has descartado, conoce a gente que no entraría en tu radar, aprende algo que jamás te planteaste, practica un hobby que te ponga los pelos de punta. Agita tu presente y observa la recolocación de todas las piezas que lo componen. La acción es algo mágico, y sacudir el presente es multiplicar el impacto de tu magia.

En mi vida he estado perdido durante años sin saber qué iba a hacer exactamente con ella. No tiene nada de malo estar perdido... siempre y cuando estés activo, sacudiendo, haciendo vibrar tu entorno, haciendo que sucedan las cosas, agitando tu presente.

Lo peligroso no es estar perdido. Es quedarse quieto.

Cada acción que emprendas ahora, aunque en este momento no tenga un objetivo final claro en tu mente, será un puente hacia un destino que ahora desconoces. Agitar tu presente cuando estás perdido no te dará información sobre cuál es ese destino, pero sí de que te estás acercando a él, porque agitar es cambiar, es avanzar, es crecer.

Estela y Agatha eran dos periodistas desempleadas ansiosas por encontrar trabajo. Estela no sabía cómo conseguirlo y pasaba los días pensando en ello. Agatha tampoco lo sabía, pero dedicaba sus días a dinamitar la pasividad de su entorno. Salía a la calle, asistía a eventos, hablaba con la gente, se ofrecía para puestos que surgían en las conversaciones y en los que ni siquiera había reparado, informaba a toda su esfera de influencia de que estaba en búsqueda activa de empleo, escribía artículos sabiendo que probablemente no serían publicados, comentaba los artículos de otros profesionales del sector, contactaba con varios empresarios influyentes, la mayoría de los cuales no respondía a sus correos, y hasta echaba una mano sin remuneración a Alberto, un señor mayor amigo suyo dueño de una empresa de juguetes que estaba pasando por un momento difícil económicamente.

(¿Adivinas cuál de las dos tenía más posibilidades de encontrar trabajo?)

Un día, sin esperarlo, Agatha recibió una llamada. Era la secretaria de D. Esteban, el director general de Hispacem, una empresa productora y exportadora de cemento. No era ninguna de aquellas con las que Agatha intentó contactar. Ni siquiera alguien con quien había coincidido en alguno de los eventos. Don Esteban tenía un cliente en Italia que le requería desplazar a alguien a Milán para controlar todas las gestiones y liderar la apertura de ese nuevo mercado. Alberto y D. Esteban eran amigos de sus años de estudio y este último había comentado a Alberto sus buenas perspectivas y la urgencia que tenía por encontrar a una persona competente y de confianza que dominase el italiano y que pudiese supervisar toda la operación y conseguir nuevos clientes.

Alberto lo tuvo claro: "Tengo a la persona que buscas. Se llama Agatha y es amiga mía. En teoría es periodista, pero le he descubierto una faceta como vendedora sorprendente. Yo diría que ni ella sabe lo buena que es. Es encantadora, con don de gentes, de absoluta confianza y a mí me vende hasta las estanterías. Además habla italiano. Yo esto no lo sabía, pero casualmente, hace quince días entraron unos turistas italianos en la tienda y ella les atendió en un italiano perfecto". La mudanza y los papeleos le llevaron cuatro días. Una semana después Agatha estaba instalada en Milán, con un contrato bajo el brazo y muy ilusionada de tener un nuevo reto que afrontar.

Agatha encontró trabajo porque sacudió su presente. Estela no lo encontró hasta que dos años más tarde abandonó su sillón para sacudir el suyo.

Sacudir el presente es poner en marcha una serie de acciones que van engendrando otras que a su vez producen otras nuevas. Es activar una cadena de reacción en la que el número de variables se multiplica de forma incontrolada hasta que se produce el resultado deseado. Lo que muchos no entienden es que ese resultado final es completamente impredecible e inimaginable desde el sillón de su casa. Si se acabó produciendo, es por una serie de multirReacciones que sólo tuvieron lugar porque tú saliste a la calle y las provocaste.

Haz que sucedan algunas cosas... y sucederán muchas.