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La importancia de recreación en Haití

31/07/2012 10:18 CEST | Actualizado 29/09/2012 11:12 CEST

El tema del empleo y la ocupación de recursos humanos a nivel mundial es alarmante, pero en Haití la situación es realmente crítica: este país tiene alrededor de 40 por ciento de desempleo y dos tercios de quienes son afortunados por trabajar no cuentan con un empleo formal. Aquí es común ver a mucha gente en las calles deambulando sin nada que hacer. Es parte de la escenografía cotidiana.

Me he dado cuenta que la gente está desesperada por no tener un ingreso estable debido a que me piden constantemente ayuda para encontrar trabajo; son tantas que ya he perdido la cuenta. A esto se suma el hecho de que las oportunidades de recreación son escasas. El haitiano promedio tiene pocas actividades para llenar su día.

En Arcahaie, una ciudad costera ubicada una hora al noroeste de Puerto Príncipe, se estableció la organización Hope on a String cuyo principal propósito es crear participación comunitaria a través de clases de música. La organización proyectó tener alrededor de 200 alumnos el primer año de operación, pero fue tal el éxito de convocatoria y mayor su sorpresa cuando en menos de 15 días recibieron 600 aplicaciones.

Los pobladores de Arcahaie mostraron la gran necesidad que tienen de actividades recreativas. Poco a poco, Hope on a String comenzó a expandir su currículo, abriendo clases de idiomas y de baile. Una de las condiciones para poder participar en la dinámica es que el alumno debe retribuir ofreciendo algo que beneficie a su comunidad.

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Imagen tomada de la web de la ONG: http://www.hopeonastring.org

Carl Henry, un electricista, comenzó a asistir a las actividades en el centro comunitario de Hope on a String y decidió que ayudaría a la comunidad dando clases de electrónica. En poco tiempo se convirtió en una de las clases más populares y quienes más demandaron poder aprender electrónica fueron asombrosamente amas de casa que quería aprender e implementar los nuevos conocimientos en sus hogares.

Hope on a String se encontró con una comunidad sedienta por nuevos conocimientos para mejorar su calidad de vida y mostró que los pobladores están dispuestos a compartir con sus vecinos las herramientas para hacerlo.

A unos 200 metros del centro comunitario, sobre la misma calle terrosa, se encontraba abandonado un terreno de buen tamaño. Un líder comunitario de Arcahaie convenció a las dueñas del lugar para que permitiesen a la comunidad construir una cancha de fútbol. Con el permiso de ellas, la comunidad se unió un día para recoger la basura, cortar el pasto y dejar el terreno listo para un juego. Las porterías se armaron con unos troncos amarrados y enterrados en el suelo. Un grupo de jóvenes del lugar tomó la responsabilidad de cuidar el campo y administrar su uso. Días después, en junio de este año, organizaron un partido entre un equipo de miembros de Hope on a String y unos jóvenes de otra parte de la ciudad. Asombrosamente, la convocatoria fue de más de mil personas.

Los jóvenes decidieron cercar la cancha de fútbol para poder organizar más partidos y cobrar 10 gourdas (alrededor de 25 centavos de dólares americanos) para entrar a disfrutar del evento. El entusiasmo de la comunidad se ha convertido en una oportunidad para que los jóvenes se animaran a emprender un negocio que les permitirá financiar sus propios proyectos para apoyar a la comunidad.

Mientras caminaba en Arcahaie con la persona responsable de que el terreno se pudiera usar, alguien lo detuvo para preguntar cuándo sería el próximo partido. En el "país de las ONGs" es muy especial ser testigo de proyectos pequeños que están teniendo impacto importante en los miembros de la comunidad. Sobre todo cuando dejan atrás la caridad y la limosna e impulsan actividades de integración y la detonación de fuentes de trabajo.