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Lo que necesitas saber sobre los resultados del informe PISA

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Las noticias sobre los resultados de los estudiantes estadounidenses sobre el último informe PISA los consideran "estancados", "rezagados", "planos".

El Departamento de Estado de Educación nos hace creer -una vez más- que estamos en una crisis sin precedentes y que debemos redoblar la estrategia de los últimos doce años de suspenso-castigo.

El mito de que nuestro país una vez lideró el mundo en los resultados de los exámenes internacionales persiste, aunque en los últimos años nos hemos caído de ese lugar de privilegio.

Mal, mal, mal.

Aquí está la historia y el contexto necesario para interpretar los resultados de PISA, así como el calculado empeño del secretario Duncan para avivar la histeria nacional acerca de nuestra posición en el ranking internacional.

EEUU nunca ha sido el número uno mundial. Ni siquiera ha estado cerca de la cima en las pruebas internacionales.

Durante el último medio siglo nuestros estudiantes han estado generalmente en la media o cerca de la media, e incluso en la clasificación inferior.

El exámen internacional de PISA comenzó a mediados de la década de los sesenta con una prueba de matemáticas. El Primer Estudio Internacional de Matemáticas examinó a niños de 13 años de edad y alumnos del último año de secundaria en 12 países. Los estadounidenses de 13 años obtuvieron puntuaciones significativamente más bajas que los estudiantes de otros nueve países y solo estuvieron por delante en una de las pruebas. En un exámen hecho solo entre alumnos matriculados en matemáticas, los estudiantes de EEUU fueron los últimos de la clasificación, por detrás de los de otras 11 naciones. En un exámen para adultos no matriculados en matemáticas, los estadounidenses, de nuevo, volvieron a ser los últimos.

El Primer Estudio Internacional de Ciencias se realizó en la década de los sesenta y principios de los setenta entre niños de 10 y 14 años y alumnos del último año de secundaria. A los niños de 10 años les fue bien, sólo por detrás de los japoneses, y los jóvenes de 14 estuvieron en la media. Entre los alumnos de último año de educación secundaria, los estadounidenses se volvieron a quedar en el último puesto de los 11 sistemas educativos.

El Segundo Estudio Internacional de Matemáticas (1981-1982) se hizo entre alumnos de 15 países. Los estudiantes eran adolescentes de 13 años y estudiantes del último año de secundaria. El grupo más joven puntuó cerca de la media en la mayoría de las pruebas. Los mayores se quedaron dentro o cerca de los puestos más bajos en casi todas las pruebas. "La media de los estudiantes japoneses superaba al 5% de los mejores estadounidenses en matemáticas para selectividad" y "el álgebra de nuestros alumnos más capaces (el 1%) fue menor que el del 1% de los mejores alumnos de cualquier otro país". (La cita es de Curtis C. McKnight et all, The Underachieving Curriculum: Assessing U.S. Mathematics from an International Perspective, p. 17, 26-27). Yo resumí las evaluaciones internacionales desde mediados de 1960 a principios de 1990 en el libro National Standards in American Education: A Citizen's Guide (Brookings, 1995).

Lo que intento destacar es que los estudiantes de EEUU nunca han sido los mejores en los rankings internacionales. Nuestros resultados en PISA son parecidos a los que hemos tenido en el último medio siglo.

¿Importa esto?

En mi reciente libro, Reign of Error (El imperio del error), cito mucho un brillante artículo de Keith Baker, titulado Are International Tests Worth Anything? (¿Valen para algo las pruebas internacionales?), publicado por Phi Delta Kappa en octubre de 2007. A Baker, que trabajó durante muchos años como investigador en el Departamento de Educación de EEUU, se le ocurrió investigar qué había pasado con los 12 países que participaron en la prueba Internacional de Matemáticas de 1964. Observó el Producto Interior Bruto per cápita de esos países y encontró que "los países con mejor puntuación en PISA 40 años atrás tenían ahora peores resultados económicos en este indicador de la riqueza nacional; lo opuesto de lo que habían augurado los agoreros alarmistas sobre el pobre resultado de los exámenes de los niños estadounidenses". Baker no encontró ninguna relación entre la productividad económica de un país y sus resultados en las pruebas. Los resultados tampoco guardan ninguna relación con la calidad de vida o de las instituciones democráticas. Y cuanto a la creatividad, EEUU le daba "una paliza al mundo", con más patentes por millón de personas que cualquier otro país.

Baker escribió que un determinado nivel de logros educativos pueden ser "una plataforma para lanzar el éxito nacional, pero una vez que que se alcanza la plataforma, hay factores mejorables más importantes que las puntuaciones. De hecho, una vez que se llega a la plataforma, puede ser una mala estrategia tratar de impulsar mejoras en las clasificaciones, porque centrarse en estas desvía la atención, el esfuerzo y los recursos para otros factores más determinantes del éxito nacional". Para el éxito económico, cultural y tecnológico de EEUU, dice, ha sido más importante un cierto "espíritu", que él define como "la ambición, la curiosidad, la independencia, y quizás lo más importante, la ausencia de una obsesión por los exámenes y sus resultados".

La conclusión de Baker fue que "la clasificación en las pruebas internacionales no sirve para nada".

Estoy de acuerdo con Baker. Cuanto más nos centramos en los exámenes, más matamos la creatividad, el ingenio y la capacidad de pensar de manera diferente. Los estudiantes que piensan de otra forma consiguen puntuaciones más bajas. Mientras más nos centramos en las pruebas, más se premian la conformidad y el cumplimiento, el obtener la respuesta correcta.

Hace treinta años, un informe federal llamado A Nation at Risk advirtió de que estábamos en una situación desesperada debido al bajo rendimiento académico de nuestros estudiantes. El informe fue redactado por una distinguida comisión, designada por el secretario de Educación. La comisión señaló que los resultados de los exámenes internacionales eran horribles y se quejó de que "en 19 exámenes académicos los estadounidenses nunca quedaron primeros o segundos y, en comparación con otros países industrializados, fueron los últimos siete veces". "Con estos resultados tan terribles", dijo la comisión, "las bases educativas de nuestra sociedad están siendo erosionadas por una marea creciente de mediocridad que amenaza nuestro futuro como nación y como pueblo". Sin embargo, aquí seguimos, al parecer, como la economía más dominante del mundo. Vete a saber.

A pesar de que se ha demostrado que han estado equivocados durante el último medio siglo, la Industria de las Malas Noticias está en pleno apogeo, armada con los resultados de PISA, expresando alarma, y miedo, y advirtiendo de un inminente declive económico y un colapso.

Nunca explican cómo es posible que EEUU obtenga tan malos resultados año tras año en las pruebas internacionales durante el último medio siglo, y aún así continúe siendo la primera economía del mundo, con la cultura más vibrante del planeta y con trabajadores altamente productivos.

Desde mi punto de vista como historiadora, esto es lo que opino de los resultados de PISA:

Lección 1: si algo muestran los resultados de PISA es el fracaso de los últimos doce años de la política pública de Estados Unidos. Los miles de millones invertidos en los exámenes, la preparación de las pruebas, y las correcciones no han mejorado los resultados de los test ni la posición relativa de nuestro país en los rankings. Las iniciativas No Child Left Behind (Que ningún niño se quede atrás) y Race to the Top (La carrera hacia la cima) son fracasos manifiestos en el cumplimiento de su objetivo: mejorar los resultados en los exámenes.

Lección 2: las calificaciones de PISA explotan la burbuja del supuesto "milagro de la Florida", promocionado por Jeb Bush. Florida fue uno de los tres estados -junto a Massachusetts y Connecticut- que participaron en las pruebas PISA. Massachusetts consiguió resultados por encima de la media de la OCDE y de EEUU, como se podía esperar del estado mejor posicionado en la NAEP (National Assessment of Educational Progress, el sistema estadounidense que evalúa el progreso educativo). A Connecticut también le fue bien. Pero a Florida no le fue nada bien. Resulta que el "modelo de Florida" de evaluación no era competitivo, si nos inclinásemos a tomar las puntuaciones en serio. En matemáticas, Florida puntúa por debajo de la media de la OCDE y por debajo de la media de EEUU. En ciencia, Florida queda por debajo de la media de la OCDE y de EEUU. En comprensión lectora, Massachusetts y Connecticut puntuaron también por encima de la media de la OCDE y de EEUU, pero Florida también estuvo en la media de ambos.

Lección 3: Mejorar la calidad de vida de casi un cuarto de los estudiantes que viven en la pobreza mejoraría sus resultados académicos.

Lección 4: Solo medimos lo que se puede medir. Medimos si los alumnos eligen la respuesta correcta en un exámen tipo test. Pero lo que no podemos medir es más importante. Los resultados no nos dicen nada sobre la imaginación de los niños, sus pasiones, su capacidad para hacer las preguntas adecuadas, su profundidad, su inventiva, su creatividad. Si continuamos con las políticas de las Administraciones Bush y Obama en educación, no solo no conseguiremos mejores resultados (los países asiáticos son muchísimo mejores que nosotros en esto), sino que aplastaremos las cualidades que han posicionado a este país durante años como un lugar donde se cultiva el talento y las nuevas ideas.

Dejemos que sean otros los que tengan las mejores notas. Yo prefiero apostar por el espíritu creativo y resolutivo de los estadounidenses, su caracter, perseverancia, ambición, trabajo duro y grandes sueños, nada de lo cual puede ser medido por exámenes estandarizados como PISA.