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Sánchez vuelve a la casilla de salida

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En el juego de la oca, cuando un jugador cae en la calavera, debe volver a la casilla de salida. Pedro Sánchez lleva semanas agitando el cubilete; ha lanzado los dados; ha saltado de oca a oca, ha vuelto a tirar; ha pasado por el laberinto, sorteado el pozo y la cárcel... Pero nada indica, de momento, que esté a punto de conseguir la llegada al jardín del ganso que le otorgaría la victoria.

El acuerdo firmado con Ciudadanos le ha servido para avanzar en el tablero de juego, pero no le proporcionará la suma necesaria para salir investido. Y el "sí" resultante de la consulta a su militancia sobre el pacto con el centro-derecha, tampoco.

Así que a partir del viernes cuando el tablero electrónico del Congreso ilumine más "noes" que "síes", el candidato socialista regresará a la casilla de salida, a un cuadrado en el que las opciones para desbloquear la actual situación institucional siguen siendo las mismas: gran coalición (PSOE-Cs-PP), pacto de izquierdas (PSOE-Podemos-IU-Compromis) bendecido -por acción u omisión- por nacionalistas vascos y catalanes, o elecciones.

Con una participación de más del 50 por ciento, las bases del PSOE han bendecido la entente de su secretario general con el centro derecha de Albert Rivera, pero eso no le resuelve la partida, al menos la que libra en el Parlamento. La aritmética juega en su contra porque 90 más 40 siguen sumando 130, y la cifra no da para una exitosa investidura. Si acaso, como pretenden en Ferraz, para mantener viva la negociación a partir del 7 de marzo. Claro que hay quien acaricia el sueño de una abstención "in extremis" de Podemos entre la primera y la segunda votación.

En Ferraz se trabaja ya en una oferta sobre la base del documento que la formación morada redactó con las ocho razones por las que su partido no podía aceptar el acuerdo con Ciudadanos. Sánchez ya tiene preparados los dados y su próximo lanzamiento pasa por doblar la presión sobre Podemos. Todos sus esfuerzos se centran en ponerle muy difícil el "no" a Iglesias y poner en práctica lo que en economía se conoce como el "coste de oportunidad". Lo dijo ayer en La Vanguardia: "Lo que se paga por no hacer algo. El coste de oportunidad que tiene la izquierda si vota contra un candidato socialista es perpetuar a Rajoy".

El secretario general ha desterrado de su relato, como hizo Podemos hace un año, el eje izquierda-derecha por la "lógica del cambio". Atrás quedó el viaje a Lisboa en busca de un pacto a la portuguesa, ahora toca uno transversal sobre el acuerdo con Ciudadanos al que se pueda sumar el partido de los círculos. El apremio a los herederos del 15-M, donde también se respira división interna, ha empezado.

Así que Podemos está dispuesto a volver a la mesa de negociación, pero no antes de la segunda votación ni sobre el documento firmado con un Rivera que, presionado por el PP, empieza a temer por el coste electoral de haberse echado en los brazos de la izquierda a primera de cambio. Así que está por ver que Ciudadanos acepte estar en un acuerdo junto a Podemos, y viceversa, por más que lo pretenda Sánchez.

¿Para qué ha servido entonces la consulta a la militancia si la investidura sigue siendo imposible?, se pregunta un veterano socialista. La respuesta es sencilla. Y hay que buscarla no en la política sino en la pugna por el liderazgo que hace meses libra el PSOE. Sánchez convocó el referéndum en respuesta a las reticencias de algunos barones a un posible acuerdo con Podemos y los independentistas, pero sobre todo en clave plebiscitaria. Su mirada siempre estuvo en el congreso federal del próximo mayo y en que la consulta le sirviera de blindaje frente a sus críticos.

Hubo quien pensó que la treta se le podía volver en contra; que una baja participación pondría en cuestión su liderazgo y que un acuerdo con Ciudadanos tendría contestación entre las bases. Nada de eso ha ocurrido. Unos dicen que por responsabilidad; otros, que por cultura de partido. Lo cierto es que el resultado le da oxígeno para seguir su camino, pese al exiguo apoyo de los principales secretarios generales, entre quienes por cierto ha tocado a rebato para que acudan a su discurso de investidura.

Si antes del 5 mayo logra ser investido, se acabó la pugna. Y si no es así muy pocos creen ya que se puedan dar las circunstancias para que Susana Díaz se decidiera a hacer lo que tantas veces en privado dijo que haría y nunca hizo: coger el AVE a Madrid sin billete de vuelta a Sevilla. Parece que la "reina del sur" ha vuelto caer en la casilla 31, la del pozo. No podrá volver a jugar hasta que no pase otro por delante de ella. Y ese otro todo indica que volverá a ser Sánchez, pase ya lo que pase hasta el 5 de mayo.