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Zapatero sucumbe al síndrome del 'ex'

02/03/2015 07:18 CET | Actualizado 01/05/2015 11:12 CEST

"Aunque haya ganado las elecciones, jamás olvide que al final va a perder el poder.

Prepárase usted.

La victoria de ser presidente desemboca fatalmente en la derrota de ser ex presidente.

Prepárase usted.

Hay que tener más imaginación para ser ex presidente que para ser presidente.

Porque fatalmente dejará detrás de sí un problema con nombre: el suyo".

Lo explicó con precisión el escritor mexicano Carlos Fuentes en La Silla del Águila, una visión critica y desoladora del poder -"el arte de la política es la forma más baja de todas las artes"-. Y, sí, lo de ser ex no debe ser sencillo. Vean si no lo ocurrido con José Luis Rodríguez Zapatero, el quinto presidente de la democracia española, que parecía de entre todos los ex el más preparado para dejar el poder y que, al final, también ha sucumbido al maldito síndrome. Aunque mil veces se conjuró para ser el mejor ex en su doble condición de secretario general del PSOE y jefe de Gobierno, hace tiempo que no para quieto.

En lo que respecta a su partido, enredó como nadie antes, durante y después del congreso federal del PSOE del pasado julio: primero para regalar el oído a un tal Eduardo Madina, al que traicionó sin contemplaciones para impulsar la fallida 'Operación Susana'; más tarde para aupar a Pedro Sánchez a la secretaría general y ahora para "tumbar" al mismo al que ayudó a subir al podio y elevar de nuevo a las alturas a la presidenta andaluza. Es a ella y a nadie más a quien el ex presidente ve capaz de sacar al PSOE del ostracismo al que le ha relegado Podemos con la inestimable ayuda del infausto recuerdo que los españoles tienen aún del último gobierno socialista.

Hace meses que Zapatero entona el "mea culpa" por su actuación en el congreso de julio ante empresarios, políticos y periodistas y hace meses que anda metiendo la mano en la crisis de liderazgo del PSOE. Vamos, que los que le conocen bien saben que Zapatero y enredar es una redundancia. Realmente, nunca ha parado de hacerlo. Lo peor es que cada vez que da un paso en dirección al sur, hay quien recuerda que los socialistas nunca hubieran llegado a Sánchez "sin doce años de banalidad zapateril" y que el actual secretario general del PSOE es el producto destilado de un largo proceso de descomposición de un partido histórico, camuflado por dos victorias electorales, la de 2004 y 2008.

Así que, dicen, cuanto menos se inmiscuya en los asuntos internos del PSOE, mejor le irá al partido y a Susana Díaz, si ésta finalmente opta por dar el salto al ruedo nacional. Él hace oídos sordos porque está volcado en la segunda edición de la 'Operación Susana' y porque maquina con unos y con otros en favor de lo que considera sería un triunvirato invencible (Díaz, Chacón y Madina) para la reconstrucción de un partido a la deriva. Lo hace con ayuda de algunos de sus adláteres, pero con el rechazo de los tótem del PSOE, que ni entienden de su afán por la intriga ni reconocen sus cualidades como estratega. Le pasa a Felipe González y le ocurre a Alfredo Pérez Rubalcaba, con quien hoy el ex presidente no cruza palabra. Muchos saben que de su camarilla política y mediática actual se puede decir lo mismo que de la amplia galería de retratos con la que Fuentes escribió La silla del Águila: que tejen una tenebrosa red de intereses, mentiras, ocultos rencores, venganzas, traiciones y asesinatos políticos.

Con todo y más allá de los líos internos del PSOE, Zapatero había mantenido hasta ahora una ejemplar discreción como ex presidente del Gobierno. Pero esta pasada semana ha roto su propio molde también en este papel al entrevistarse en La Habana con Raúl Castro y desatar la ira del ministro Margallo por meter, sin previo aviso, las narices en los asuntos de la política exterior. Lo peor no es si Zapatero avisó o no al jefe de la diplomacia española de su encuentro con el presidente cubano, sino que su nombre se ha situado ya al lado de la de otros ex que se dedican al mundo de los negocios. Lo hizo Aznar con Murdoch o Gazprom y antes Felipe González con Carlos Slim.

De la mano de Miguel Ángel Moratinos y José Bono y con la pátina de su cruzada contra la pena de muerte y en favor de los Derechos Humanos, parece que el otrora jefe de gobierno ha entrado en el proceloso mundo del "lobbismo". Y que su visita a La Habana no tenía misión política alguna, sino un carácter meramente comercial. De ahí su entrevista con el ministro de Comercio Exterior e Inversión Extranjera, Antonio Carricarte. Y lo mismo se puede decir de su posterior paso por Bolivia o su viaje el pasado julio a Guinea Ecuatorial, donde Zapatero se entrevistó con el dictador Teodoro Obiang, aunque su agenda entonces no trascendió. En aquella ocasión acompañaban al expresidente y a Moratinos el exministro de Defensa José Bono, de quien en el PSOE hay constancia sobrada de su experiencia como "lobbista" desde que abandonó la primera línea de la política.

Que José Bono y Miguel Ángel Moratinos llevan tiempo dedicados a la intermediación profesional de grandes empresas que buscan oportunidad de negocio en países dictatoriales no es ningún secreto para los socialistas, que en ello ande también Zapatero, hasta ahora dedicado al Consejo de Estado y a alguna conferencia en Latinoamérica, no es sólo una sorpresa sino que acaba con el mito del exjefe de Gobierno que un día prometió desandar el camino del ciudadano que se convirtió en presidente para volver a ser ciudadano.

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