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Ante un alzheimer incipiente... ¡Eche Ud. a correr!

30/07/2012 08:07 CEST | Actualizado 28/09/2012 11:12 CEST

Hace apenas unas semanas me llamaron unos amigos de Madrid, con la desesperanza en la voz, para decirme que a su padre, no muy mayor, le habían diagnosticado la enfermedad de Alzheimer. Que su padre se encontraba bien, pero que tenía fallos serios de memoria.

"¿Qué podemos hacer? -me preguntaron- ¿Hay algún tratamiento nuevo, aunque sea experimental, que no conozcamos? ¿Podemos llevar a nuestro padre a algún hospital de Estados Unidos para que reciba algún tratamiento cueste lo que cueste?"

Y la contestación, también con desesperanza, pero esta vez en mi propia voz, fue decirles que no. Que la enfermedad, efectivamente, no tiene hoy tratamiento curativo. Sin embargo sí les comenté algo que, aunque parezca increíble, está resultando muy positivo, tanto a nivel experimental en animales modelos de la enfermedad, como con pacientes que sufren de Alzheimer. Y esto es la práctica del ejercicio físico aeróbico, es decir, correr o caminar a un paso en donde el consumo de oxígeno sea el suficiente como para no quedar en débito de oxígeno durante la carrera. Esto está resultando ser un instrumento terapéutico efectivo, en muchos casos, con el que algunos pacientes han logrado ralentizar la progresión de los síntomas de la enfermedad (J. Am. Med. Dir. Assoc. 9:390-405 (2008)).

Ya sabíamos que el ejercicio físico moderado es una de las conductas más efectivas que existen para poder mantener la salud de todo el organismo, incluido el sistema osteomuscular, cardiovascular y respiratorio, y desde luego el bienestar psicológico y los efectos antiestress que produce. Pero hoy sabemos además de sus efectos sobre el cerebro y en particular sobre el cerebro envejecido. Los estudios más actuales demuestran claramente que la actividad física, junto a otros cambios en varios de los parámetros que constituyen eso que venimos hoy en conocer como estilos de vida, puede contribuir a retrasar el declinar mental que ocurre con la edad y retrasar el comienzo de un proceso de demencia. Pero es de modo más reciente que empezamos a conocer también que la actividad física puede retrasar el curso de la enfermedad de Alzheimer así como aumentar la capacidad de reparación del cerebro tras daños producidos por accidentes o enfermedades neurodegenerativas tales como el Parkinson, demencias, ataxias cerebelosas y también enfermedades mentales, como la depresión severa. (Science 334, 606-607 (2011)).

En pacientes con la enfermedad de Alzheimer, aparte de ralentizar la progresión de los síntomas cognitivos, la actividad física puede también prevenir o aminorar muchas de las complicaciones que aparecen en esta enfermedad como caídas o incapacidades motoras de todo tipo. Sin duda que todo ello requiere de un inusitado esfuerzo de cuidadores y familiares pero nadie discutiría que paralelamente y a largo plazo, se trata de un tratamiento barato y de bajo riesgo comparado con cualquier tratamiento farmacológico. Es más, se comienza ya a hablar de que posiblemente en el futuro, uno de los tratamientos en la prevención del Alzheimer y también en la progresión de los síntomas de esta enfermedad y en general en muchas otras enfermedades neurodegenerativas, sea el cambio en los estilos de vida, no como "consejo médico", sino como tratamiento médico real, lo que incluye cambios en la dieta, la cantidad y patrones de ingesta de alimentos, actividad mental intensa programada y dirigida, y la actividad física aeróbica.

Hoy los datos disponibles nos indican que el ejercicio físico en estos pacientes de Alzheimer puede ir desde una duración de 150 minutos, 5 veces a la semana hasta 20 minutos 3 veces a la semana. Evidentemente todo ello en función de la persona y sus condiciones médicas, lo que incluye edad, el estadio de la enfermedad y el impedimento mental o físico que exista. Sin duda que estos conocimientos que acabo de señalar se han obtenido de pacientes que han practicado el ejercicio físico reglado en Residencias. Pero también se han visto los beneficios de programas más sencillos de ejercicio físico aeróbico, como es caminar varias veces por semana, tanto en el aspecto cognitivo como en las capacidades funcionales de estos pacientes.

Y esto es lo que les dije a mis amigos. Si fuera mi padre, yo le haría un chequeo médico exhaustivo y comprobaría el estado de su sistema cardiovascular y respiratorio y tras ello pediría consejo médico acerca del programa de ejercicio físico aeróbico mas idóneo para él. O yo mismo, si fuera médico, consultaría la Guía del American College of Sports Medicine (ACSM Guidelines for Exercise Testing and Prescription. Kenney, W.I. (Ed) Williams and Wilkens, Baltimore (1995) para ver cual sería el tipo, frecuencia e intensidad del ejercicio adecuado a la edad y condiciones físicas ya evaluadas. Y lo pondría a andar o correr suavemente en un tapiz rodante todos los días. En el peor de los casos pocos daños podría hacerle y sí tal vez mucho bien.

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