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¡Qué interesante!

11/05/2013 09:59 CEST | Actualizado 10/07/2013 11:12 CEST

Nadie que no esté atento puede aprender nada de lo que se le enseña. Pero tampoco nadie puede estar atento a lo que se le enseña si ello no le dice nada, no es interesante y no tiene significado alguno para él. Y claramente, la experiencia demuestra, en demasía, que de nada sirve exigirle a alguien que preste atención a lo que se le enseña o se intenta compartir con él, si lo que se dice no lleva ese ingrediente de emoción que es la curiosidad y el placer. Y no he mencionado el dolor porque aun cuando en otros tiempos aprender con dolor era parte del proceso básico de aprendizaje, sobre todo en tiempos de jugarse la vida, hoy en nuestra sociedad, en la que hay que aprender no a luchar o defenderse ante un león, sino con abstractos y conceptos en los colegios o las universidades, ese ingrediente, el dolor o el sufrimiento, ya no sirve. La letra con sangre no entra. Lo que se enseña en los colegios o en los institutos de enseñanza media o en las universidades, sea escrito o hablado, en libro o en clase, letras, números, literatura, filosofía, derecho, medicina, química o matemáticas, solo enciende el foco de la atención si resulta interesante, si se transmite con emoción. Precisamente, la neurociencia cognitiva busca métodos y recursos capaces de evocar la atención de los alumnos en clase. Métodos que debieran eventualmente ser adaptados a los mecanismos cerebrales específicos de cada edad y las materias que se enseñan.

La atención es como un foco de luz que ilumina lo que sobresale en el entorno, un mecanismo cerebral que permite hacer consciente lo que se ve o se toca. Lo interesante es que ese foco de luz es singular, único y solo tiene una duración de tiempo que oscila, según entrenamiento, entre 65-200 milésimas de segundo. Cuando dura menos tiempo no somos conscientes de nada. Conocer es hilar en secuencia los distintos fogonazos atencionales como lo pudiera hacer una máquina fotográfica. De hecho la conciencia del mundo que nos rodea, incluidos por supuesto los demás, la construye el cerebro con esos fogonazos estáticos pero que, como en una película, se vuelven "realidad en movimiento" cuando en la pantalla de nuestra conciencia se suceden a una velocidad determinada. La neurociencia nos enseña hoy que aprender requiere de un cambio secuencial de ese foco preciso de la atención, siendo, como he señalado, cada acto singular y único. Y una lección importante se puede sacar de esto y es que no se puede aprender dos cosas diferentes al mismo tiempo.

Hoy la neurociencia nos enseña que la atención no es, como hasta hace poco se pensaba, un mecanismo cerebral único, sino que hay "atenciones diferentes" con circuitos neuronales diferentes. Y así hay, por ejemplo, una atención base, aquella que, cuando despiertos, conscientes, nos permite estar alerta o vigilantes pero sin foco preciso. Hay otros circuitos que codifican para una atención fija, obsesiva, cuando por ejemplo se pone en peligro nuestra vida ante un animal o alguien que nos ataca. Otra es orientativa, que se pone en marcha cuando en la plataforma de una estación cambiamos nuestro foco de atención hacia las caras de las personas que bajan de un tren, buscando en ellas reconocer a quien estamos esperando. Otra que es ejecutiva que es aquella que se utiliza en el estudio, bien ante un libro bien siguiendo una conferencia y sus contenidos. Otra que es virtual, global, inconsciente si se quiere, que permite la resolución de un problema tiempo después de dejarlo aparcado por imposible. Y también se comienza a hablar hoy de una "atención nueva", que es aquella que se pone en marcha con la navegación por Internet.

Lo que aquí ahora interesa es la atención para el estudio, la atención ejecutiva. Hoy ya sabemos que la redes neuronales sustrato de este tipo de atención son enormemente plásticas, es decir, capaces de cambiar su funcionamiento neuronal con el entrenamiento. Y esto es de importancia suma pues podría permitir adaptarlas mejor a los diferentes tipos y exigencias de ciertas materias o carreras de estudio y también a lo que se conoce como "tiempo atencional sostenido" que refiere al ajuste de tiempo que permite atender una clase de manera más eficiente. Y también para el tratamiento de ciertos síntomas atencionales en los niños. Precisamente ya hay estudios mostrando que el entrenamiento para este tipo de atención ha sido efectivo en mejorar procesos como el Síndrome del déficit de atención e hiperactividad en los niños o el mismo síndrome de Tourette (tics motores o verbales) y otros síndromes de déficit atencional más selectivos. Y esto ocurre de modo más efectivo cuando los tratamientos se hacen en esa ventana plástica que se abre y se cierra entre los 4 y los 7 años de edad. Neuroeducación significa adentrarnos en este nuevo mundo.

Francisco Mora acaba de publicar Neuroeducación. Solo se puede aprender aquello que se ama.

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