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La mujer como botín de guerra

31/03/2016 07:02 CEST | Actualizado 31/03/2016 11:27 CEST

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Mujeres víctimas de violaciones y abusos sexuales en un hospital de la República Democrática del Congo/REUTERS

"El avance de una sociedad se mide por el grado de atención a las mujeres". John Stuart Mill

Los conflictos bélicos son devastadores, deshumanizan, aniquilan poblaciones, provocan éxodos masivos, miles de refugiados en travesías a ninguna parte y destruyen un ecosistema de todos. Lleva décadas reponerse del impacto de unas armas, cada vez más sofisticadas en destruir más y mejor en menos tiempo. Pero hay un arma secreta en todo conflicto armado que se reproduce sistemáticamente bajo la mirada anodina del planeta, cuya crueldad debiera escandalizar la moral del mundo civilizado: es la violencia sexual extrema que se inflige sobre las mujeres. Una batalla que se perpetra en el cuerpo de ellas, que son el botín de una guerra decidida, financiada y ejecutada por hombres.

El genocidio de Ruanda (1993-1994) fue juzgado por el Tribunal Penal Internacional de Ruanda (TPIR) en 1995, condenándose a más de sesenta responsables de una guerra de crueldad sin precedentes, donde las mujeres fueron salvajemente violadas. De ahí que el Tribunal dictase una resolución pionera y sin precedentes, reconociendo la violencia sexual contra las mujeres como un acto constitutivo de genocidio -como una forma de tortura- y las violaciones masivas como una estrategia para impedir nacimientos dentro del grupo. En sociedades donde la etnia se adopta por la identidad del padre, violar a la mujer para dejarla embarazada puede impedirle dar a luz a su hijo en el seno de su propio grupo.

Según el veredicto del Tribunal Penal Internacional para la ex Yugoslavia (TPIY), durante la guerra de Bosnia (1992-1995), las fuerzas serbias practicaron violaciones masivas entre las mujeres bosnias musulmanas, que pudieron ser entre 20.000 y 50.000. Estas violaciones se produjeron principalmente en Bosnia oriental, durante las masacres de Foca, Grbavica, y el sitio de Sarajevo(1). Las violaciones y la vejación sexual se perpetraron en esta guerra bajo un organizado sistema de campos de concentración repartidos por todo el territorio, verdaderas casas del terror donde miles de mujeres y niñas vivían en condiciones infrahumanas, con extremas carencias higiénicas, sometidas a maltrato físico y violaciones sistemáticas por parte de policías y militares, como parte de sus servicios.

"Solíamos venir en grupos de dos o tres. Entonces nos sacaban a una chica para los tres. La obligaban a desvestirse. Las chicas tenían muchos moratones por el cuerpo, de unos quince días de antigüedad. Ya habían sido violadas. Callaban, Ni siquiera lloraban. No hacían nada" (2).

Elizabeth Odio, vicepresidenta del Tribunal Penal Internacional para la ex Yugoslavia (1993-1995) señaló: "La violación de las mujeres no es una consecuencia, más o menos inevitable o intranscendente , de un conflicto armado, sino que es una política aplicada sistemáticamente, para destruir grupos humanos, además de a la propia víctima directa".

La Guerra del Congo (1998-2003), catalogado como el conflicto más sanguinario desde la Segunda Guerra Mundial, con aproximadamente cuatro millones de muertos, es el paradigma del conflicto olvidado. A pesar del espejismo de un acuerdo de paz, la guerra sigue muy presente en esta zona a brotes esporádicos de violencia, donde la migración forzada de la población continúa desangrando la región. En la República Democrática del Congo (RDC), calificada como "la capital mundial de las violaciones", se habrían cometido 500.000 violaciones durante la guerra civil, según datos de Naciones Unidas. Las estadísticas arrojan números difíciles de comprender. Cuatro mujeres violadas cada cinco minutos, según un estudio publicado en 2011, por el  American Journal of Public Health, que afirmaba que se producían unas 400.000 violaciones al año.

A finales del 2010, la Corte Penal Internacional emitió orden de arresto para el secretario ejecutivo del grupo rebelde Fuerzas Democráticas para la Liberación de Ruanda, Callixte Mbarushimana, sospechoso de crímenes de guerra y contra la Humanidad en la República Democrática de Congo. Según la fiscalía, "los crímenes de violencia sexual ocupan un lugar relevante en el origen de esta catástrofe".

La violación es una práctica particularmente eficiente para lograr el rechazo de la víctima, romper comunidades y extender enfermedades. Es efectiva para crear una catástrofe humanitaria duradera. La evidencia habla de violaciones masivas ejecutadas con una extrema brutalidad. Los abusos, a menudo cometidos por grupos de siete u ocho soldados, incluyen "mutilaciones, la desfiguración de mujeres y violaciones salvajes". 

Como ha expresado el relator especial para las Naciones Unidas sobre ejecuciones sumarias, Philip Alston, "se violaba de una forma tan brutal que las mujeres morían por las heridas producidas".

La tolerancia internacional de la más perversa violencia sexual contra mujeres y niñas de cualquier nacionalidad perpetúa la violencia de género y el rol de pertenecer a una ciudadanía de segunda clase.

Sin alejarnos de África, en Sudán del Sur asistimos a una guerra civil desde 2013, en la que el cuerpo de las mujeres es el salario con el que el Gobierno paga a sus milicianos (4). La violencia extrema contra las mujeres, la vejación sexual y las violaciones sistemáticas se han convertido en el arma de destrucción masiva más utilizada en esta guerra. Miles de mujeres y niñas han sido violadas, explotadas sexualmente u obligadas a casarse con los soldados que han asesinado a sus familias.

Naciones Unidas concluyó en su informe sobre el conflicto hecho público hace unas semanas, que "la prevalencia de la violación sugiere que su uso en el conflicto se ha convertido en una práctica aceptable para los soldados".

En Colombia, donde la guerra fluctúa en estado permanente, las mujeres y niñas viven acostumbradas a las desapariciones, torturas y violaciones. Todas las partes del conflicto son responsables de una violencia sexual endémica y, paradójicamente, ello ha servido para cooperativizar las esperanzas femeninas por una vida mejor, a través de uniones asociativas de hecho o de derecho, que funcionan como verdaderos laboratorios de paz en tiempos de guerra, tales como Narrar para vivir, donde las mujeres visibilizan mediante narraciones las violencias padecidas; Otros proyectos son: Mujeres campesinas, indígenas y negras de Colombia; Mujeres del oriente colombiano; o La ciudad de las mujeres, un proyecto de La liga de mujeres desplazadas, capaz de cultivar esperanza en terreno hostil.

Pero en ningún lugar de América latina o el Caribe se utilizó la violencia sexual como se hizo en Guatemala con las mujeres mayas, donde el terror sexual formaba parte del entrenamiento militar de los soldados, para fortalecer el espíritu de la tropa y estimular su sentimiento de omnipotencia. En la cultura maya, la mujer es la representación de la madre tierra. Por ello hubo violaciones sistemáticas, públicas y masivas, a mujeres, niñas y ancianas, esclavismo sexual, ejecución de niños y destrucción de los fetos extraídos de los vientres de las embarazadas. Las mujeres eran parte de la estrategia del genocidio para acabar con el pueblo desde la semilla.

En el marco de los Acuerdos de paz de 1996, se creó la Comisión para el esclarecimiento histórico (CEH), que determinó:

"Dichos actos se realizaron con extrema crueldad y dejando evidencias notorias de los mismos, como desgarramientos, estacas clavadas en los órganos genitales, descuartizamientos de fetos, etc. Las violaciones masivas estaban planificadas estratégicamente, no fueron meros actos de insubordinación o excesos de la tropa".

Ríos Montt, ex jefe de Estado de Guatemala, fue condenado por un Tribunal nacional en mayo de 2013 por genocidio, pero dicha decisión adoptó una perspectiva de género sin precedentes, al considerar los crímenes sexuales como elemento incluido en el delito de genocidio, gracias al testimonio de diez mujeres indígenas valientes que sobrevivieron a las atrocidades y fueron capaces de declarar ante el Tribunal guatemanteco, de la mano de la abogada Paloma Soria de Women's Link Worldwide. Esta misma organización ha presentado recientemente en Buenos Aires (Argentina) la primera querella por crímenes de género durante la dictadura franquista.

La tolerancia internacional de la más perversa violencia sexual contra mujeres y niñas de cualquier nacionalidad perpetúa la violencia de género y el rol de pertenecer a una ciudadanía de segunda clase. Las mujeres no mueren por las balas, sino por la indiferencia.

Según Zainab Bangura , representante del Secretariado General de las Naciones Unidas sobre la violencia sexual en los conflictos bélicos:

"Las violaciones durante las guerras no son inevitables, pero lo que realmente vienen a ser es el reflejo del estado de subordinación de la mujer en nuestra sociedad. La violencia sexual en tiempos de guerra parará cuando el estatus de la mujer cambie y cuando la vergüenza sea puesta en los violadores y no en las víctimas" (5).

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(1)- Es difícil determinar el número real de víctimas de las violaciones en Bosnia. El informe especial de Naciones Unidas del año 1994 (2R. 253 de U.N.Committee of Elimination of Discrimination against Women, de 8 de febrero de 1994) hablaba de 25.000 víctimas documentadas, pero el informe es anterior a la masacre de Srebrenica de julio de 1995, que incrementaría la cifra. Además, muchas de las víctimas no pudieron o no quisieron denunciar por temor al estigma y el rechazo social.

(2)- Entrevista de Borislav Herak, primer miliciano serbio condenado por genocidio. Filipovic, Zoran. Izlet u Pakao. Durieux, Zagreb, 1994, Pg. 39.

(3)- Datos aportados por el International Rescue Committee -IRC

(4)- Según datos incluidos en el Informe de las Naciones Unidas, hecho público el 11 de marzo de 2016, que hace referencia a más de 1300 denuncias de violación registradas entre abril y septiembre de 2015 solo en Unidad, uno de los diez estados del país.

(5)- War and rape, artículo de Aryn Baker de la revista Time (marzo 2016).

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