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¿Hasta 2017 provocando cáncer sin rubor por no gastar 50 euros?

08/06/2014 09:57 CEST | Actualizado 07/08/2014 11:12 CEST

2014-06-01-gt86redux580014.jpg Foto por Guille García Alfonsín.

Las grandes compañías no tienen moral. Es algo que uno aprende a base de experiencia y tiempo. De trabajar con ellas, de trabajar para ellas y de dedicarse a cubrir su actualidad. Pero a veces nos cuesta percatarnos de sus realidades más oscuras, porque nos tragamos su propaganda, donde siempre nos cuentan lo buenos que son.

Meses atrás os conté la historia de cómo los fabricantes diseñaban los coches por y para EuroNCAP y los test de la IIHS, despreciando los datos de accidentes reales. Así, cuando se cambiaban ligerísimamente los parámetros de accidente a unos fuera de los ensayados, la gran mayoría de los coches que brillaban, pasaban a ser poco menos que ataúdes sobre ruedas. ¿Por qué? Pues porque la marca da lo que el cliente le reclama, y el cliente reclama que el coche brille en EuroNCAP, no que sea seguro en el mundo real, porque eso, desgraciadamente, es difícil de demostrar objetivamente.

Hoy te traigo un tema todavía peor, más oscuro, y del que ya habíamos hablado aquí tiempo atrás, pero sobre el que vuelvo con nuevos datos, y sobre el que creo que tenemos que tomar la iniciativa para cambiar la cruda realidad que tenemos entre manos: las emisiones de partículas de nuestros coches.

El pasado mes de noviembre os expliqué en un artículo (que podéis ver aquí), cómo los motores de inyección directa de gasolina están contaminando nuestro aire. Resumiendo por la vía rápida, te contaré que la idea de los fabricantes para cumplir las normativas de emisiones cada vez más estrictas que impone la Unión Europea pasa por comercializar motores de inyección directa de gasolina.

Efectivamente, estos motores emiten menos gases de efecto invernadero y consumen menos combustible. Las marcas hablan de ellos como una solución ecológica, pero la realidad es completamente distinta. Si bien es cierto que reducen las emisiones de CO2 y el consumo, no menos cierto es que tienen un peaje considerable: emiten gran cantidad de partículas microscópicas PM2,5 y PM10.

En el pasado, cuando los motores diésel se pasaron a la inyección directa, tuvieron éste problema de las emisiones de partículas disparatadas. La Unión Europea estableció un nivel máximo de emisiones de partículas a estos motores, y los fabricantes tuvieron que optar por instalar filtros activos de partículas en los sistemas de escape de estos coches para cumplir con las nuevas normativas.

Desgraciadamente, la Unión Europea no legisló instantáneamente el límite de partículas microscópicas, o aerosoles, al mismo tiempo para los coches de gasolina, lo que resultó ser un craso error.

Son dañinas y nos rodean

Está más que demostrado, y así lo reconoce la Organización Mundial de la Salud, que las partículas microscópicas PM2,5 y PM10 generan enfermedades. De acuerdo con la OMS, la alta concentración de partículas microscópicas está relacionada con enfermedades del corazón (infartos), ataques cerebrales y también enfermedades pulmonares como el cáncer de pulmón. Hay más datos sobre daños a nuestra salud explicados en éste artículo oficial.

El nuevo dato que manejamos desde hace pocos días es lo que ha publicado la OMS sobre medidas, ofrecidas por los propios Ayuntamientos de 46 localidades españolas, que nos han descubierto cómo casi todos nosotros estamos expuestos a niveles considerados dañinos para nuestra salud de este tipo de partículas.

La OMS coloca la barrera del riesgo para la salud en cualquier ambiente que supere los 10 microgramos por metro cúbico de aire de partículas microscópicas PM10 y PM2,5 en suspensión. La Unión Europea establece por ley un límite de 25, lo que resulta... curioso. Y es que está científicamente demostrado que cada incremento de 5 microgramos por metro cúbico de estas partículas incrementa un 7% el riesgo de muerte prematura por todas las causas arriba citadas. Vamos, que la Unión Europea considera legal un nivel de contaminación por partículas que, de acuerdo con el estudio científico de la OMS, genera un riesgo extra de muerte prematura de un 21%.

La lista de la polución en el aire de las 46 localidades españolas que entregaron datos para el estudio (medidos en 2011, cuando no había tantos motores de inyección directa de gasolina), es la siguiente:

Niveles de partículas PM2,5 en microgramos por metro cúbico de aire (los sistemas de medición son variables y no están estandarizados, pero los datos son concluyentes):

  • Albacete, 11
  • Alcorcón, 12
  • Alicante, 11
  • Badajoz, 9
  • Barcelona, 16
  • Benidorm, 9
  • Bilbao, 13
  • Burgos, 14
  • Cáceres, 8
  • Cartagena, 14
  • Castellón de la Plana, 13
  • Ciudad Real, 11
  • Córdoba, 13
  • Elche, 12
  • Elda, 11
  • Ferrol, 12
  • Gijón, 12
  • Granada, 16
  • Guadalajara, 12
  • Jaén, 16
  • Jerez de la Frontera, 14
  • Logroño, 16
  • Madrid, 11
  • Majadahonda, 12
  • Málaga, 17
  • Marbella, 7
  • Mataró, 14
  • Móstoles, 12
  • Oviedo, 12
  • Palma de Mallorca, 8
  • Pamplona, 14
  • Salamanca, 12
  • San Fernando, 12
  • San Sebastián, 10
  • Santander, 13
  • Santiago de Compostela, 8
  • Sevilla 16,
  • Talavera de la Reina, 12
  • Telde, 8
  • Toledo, 17
  • Torrejón de Ardoz 13
  • Valencia, 14
  • Zaragoza, 12

Como se puede observar, en casi todas las localidades españolas citadas en el estudio se supera el límite marcado como saludable por parte de la OMS, lo que nos tiene que hacer reflexionar.

El tráfico rodado es, en gran parte, culpable

A algunos les sorprenderá ver ciudades que no son tan grandes y épicas como Barcelona o Madrid entre las más contaminadas. De hecho, he dado con familiares y amigos que daban hasta por malos los datos y no se los querían creer. Pero desgraciadamente, aunque el avestruz esconda la cabeza bajo el suelo, estos datos no sólo son reales, sino que encima los ofrecen las propias localidades, que deberían trabajar para mejorar la calidad de su aire.

Dentro de las fuentes de las partículas PM2,5 y las partículas PM10, podemos encontrar desde el polvo en suspensión (arena del desierto que viene en el aire en el sur de España), hasta pequeñas partículas de hollín resultantes de la combustión de diversos combustibles.

Efectivamente, contra la arena del desierto es difícil luchar, más en ambientes secos con poca lluvia. Pero es que gran parte de la cantidad de partículas PM2,5 y PM10 son resultado de la actividad humana (hasta más del 80%, de hecho). Y dentro de esa actividad humana, el tráfico rodado es el principal factor de aporte para esas localidades.

De esta manera, las emisiones de los tubos de escape de automóviles, camiones y autobuses se convierten en el principal factor contaminante de todas estas ciudades, con las excepciones de algunas pequeñas como La Línea de la Concepción, donde se agrega el tráfico de barcos y la industria muy cercana al núcleo urbano.

Desde que la Unión Europea obligó a los fabricantes de automóviles a integrar en los motores diésel filtros de partículas, por medio de una normativa que apenas permite que se escapen partículas al aire, los modernos coches diésel apenas son un factor de aporte para esta contaminación.

Pero los autobuses, los camiones, y sobre todo, los coches modernos de inyección directa de gasolina, se están convirtiendo ahora mismo en los grandes artífices del incremento exponencial de estas emisiones, causando un enorme perjuicio y riesgo para nuestra salud.

La Unión Europea retrasa la solución hasta 2017

El problema es que la Unión Europea no actuará en contra de esta situación hasta 2017, cuando se implemente una nueva normativa de emisiones (Euro 6c) que contemple emisiones de partículas para los motores de gasolina.

Será entonces cuando los fabricantes reaccionen, para poder seguir vendiendo sus coches, aplicando soluciones a estas emisiones.

Los fabricantes ¿no tienen moral? ¿por 50 euros?

Pero lo que a mi me enerva, lo que me deja anonadado, es ver cómo los fabricantes carecen de cualquier principio moral, en aras de la salud pública de todos los ciudadanos, y no sólo de los que compran sus coches.

¿Por qué digo esto? Pues por una sencilla razón: de acuerdo con datos del ADAC, instalar un filtro de partículas en el sistema de escape de un coche de gasolina costaría, de media, entre 50 y 60 euros por coche. Vamos, que incrementaría el coste de producción en esa cantidad, que bien podría ser trasladada al comprador final del coche.

Actualmente no sólo es que exista la tecnología para fabricar filtros de partículas para instalar en masa en los coches con motor de gasolina de inyección directa, sino que apenas se necesita modificación alguna en estos motores para aplicar estos filtros. Los experimentos de diversos investigadores (como éste de aquí) demuestran que se puede reducir hasta mil veces la emisión de partículas con la simple instalación de estos dispositivos.

Vamos, que hoy por hoy, la técnica permite aplicar una solución barata, completamente efectiva y probada, que solucionaría de golpe y porrazo toda la problemática generada.

Pero entonces, ¿por qué los fabricantes no se animan a instalar ya estos filtros "de buena voluntad" en lugar de esperar a que se lo exija la ley? Pues la respuesta es clara: Porque quieren seguir ganando más dinero.

Les da igual nuestra salud. Así de claro. Y lo demuestran cuando les intentas proponer una entrevista para hablar de este tema. A micro cerrado y sin identificar nombres, varias personas de la industria me comentaron que mientras no hubiera alarma social ningún fabricante se iba a involucrar en gastar dinero en instalar algo que no les aporta rédito económico. Por tanto, esperarán a que les obligue la ley.

El problema para mí es obvio: vamos a esperar hasta 2017. Vamos a dejar que se fabriquen millones de coches durante tres años que no cumplirán esa normativa. De hecho, todos los coches que mantengan su homologación tras esa fecha límite, estarán acogidos a normas previas, por lo que más allá de 2017, estaremos expuestos a que muchos fabricantes sigan sin instalar filtros de partículas hasta el fin de ciclo del producto, que bien puede ser ocho años (¡2025!).

Y esto va a generar millones de coches rodando sin filtro de partículas, emitiendo partículas contaminantes, generando cáncer, generando ataques cardiacos, generando infartos cerebrales... Y todo por ahorrar 50 euros por coche vendido.

¿Qué clase de moral tienen las marcas? Ninguna. Y eso, para mí, resulta patético. Y que quede claro: esto es aplicable a todas, todas las marcas y grupos que actualmente tienen coches de inyección directa de gasolina en comercialización, y a pesar de saber el problema que representan, esquivan su responsabilidad para con nuestra saludo.

Y como del dicho hay que pasar al hecho, me pongo en plan social y te pido que, si estás de acuerdo con que los fabricantes atajen el problema con soluciones desde ya mismo, sin esperar a que la ley les obligue a ello, firmes la petición que hemos montado en Change.org para ello. Pincha aquí.

Fuentes y referencias: Organización Mundial de la Salud,Transport & Enviroment, Estudio sobre el impacto de las partículas de los motores de gasolina por el doctor Axel Friedrich, Artículo de El Mundo sobre el incremento de riesgo de muerte prematura por las partículas microscópicas.

Adaptación de un artículo publicado originalmente en Autoblog en Español.