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El día en que Motivada se batió en duelo con Esforzada

08/05/2017 07:29 CEST | Actualizado 08/05/2017 07:29 CEST

Photo by Wintersixfour at Morguefile.com

En el condado medieval del éxito vivían y trabajaban Motivada y Esforzada, dos mujeres que, si bien de jóvenes habían sido amigas, habían acabado por enemistarse. Y no exactamente porque hubiera pasado nada entre ellas, sino porque sus rumbos vitales se habían ido primero separando, luego distanciando, y finalmente oponiendo. Pese a ello, sus negocios estaban uno junto a otro, y ese era precisamente el hecho que disparaba la mayoría de sus disputas.

Motivada regentaba un herbolario en el que se podían encontrar todo tipo de remedios naturales. Era un espacio bellamente decorado, con frases motivadoras escritas en todas sus paredes, con aroma a lavanda, flores frescas y una pequeña fuente cuyo gorgoteo tenía la misión, a menudo frustrada, de envolver el lugar con un arrullo especial. Esforzada, por su parte, era dueña de un gimnasio donde se entrenaban guerreros y atletas de toda la comarca. Era un sitio parcamente ornamentado, muchas veces sucio, donde casi siempre olía a sudor. Los toscos aparatos donde los clientes entrenaban estaban situados justo al otro lado de la pared donde estaba la fuente del herbolario de Motivada. Para ella, el constante ruido que hacían estos armatostes era infernal, y de ahí el germen de sus frecuentes riñas.

Motivada y Esforzada tenían formas de ser y trabajar bien distintas. La primera solía pensar que la vida estaba hecha para disfrutar, y sostenía que para hacer las cosas había que tener la motivación adecuada. Por eso, sus ritmos de trabajo eran desiguales, y si bien cuando se sentía inspirada sacaba mucho trabajo adelante, cuando no lo estaba simplemente languidecía al fondo de la tienda. Eso sí, si pasaban días sin encontrar la energía adecuada, entonces recurría a leer frases motivadoras de un librito donde había ido coleccionándolas desde niña. Esforzada, sin embargo, era muy constante en su trabajo, y todos los días le dedicaba muchas horas, pasara lo que pasara. Si no tenía ganas se las apañaba para buscarlas, sobre todo dentro de sí misma, y tendía a empeñarse más en aquellas cosas que más le costaban.

Harto de sus constantes disputas, un buen día el Rey decidió que la única manera de zanjar su rivalidad era a través de un duelo. Eso sí, como ninguna tenía conocimientos de caballería o armas, el combate sería con armaduras, pero cuerpo a cuerpo. Con ello el monarca intentaba también evitar que se mataran. Y así fue como, una mañana de verano, Motivada y Esforzada se encontraron en Palacio a fin de prepararse para la justa. Y nuevamente ahí siguió notándose lo diferentes que eran.

La primera tarea fue ponerse la pesada armadura. Mientras que Motivada vio aquello como una ardua tarea y requirió que un asistente con un juego de poleas le ayudara, Esforzada no vio en levantar las pesadas piezas de la armadura nada diferente a los contrapesos y fardos que normalmente utilizaba en su gimnasio.

A continuación tuvieron que caminar la distancia que había entre el Palacio y el lugar donde tendría lugar el duelo, una larga cuesta de casi dos kilómetros de longitud. Motivada, de nuevo, tuvo que necesitar la ayuda de una de sus amigas que, a veces hablándole y a veces empujándola, se mantuvo a su lado todo el rato. Esforzada, por su parte, caminó a ritmo constante acompasando su respiración a su paso, exactamente como hacía cada mes cuando movía todos los pesados cachivaches de su gimnasio para intentar hacer limpieza. Había algo familiar en aquel esfuerzo que le hacía sentirse serena.

Pero lo malo vino cuando llegaron al campo de batalla. La temperatura era altísima debido a un sol insistente que no parecía querer aflojar. Lo peor fue que el Rey aún no había llegado, y Motivada y Esforzada tuvieron que aguantar aquel horrible calor dentro de sus armaduras. Motivada se imaginó que era invierno y nevaba, para así huir, al menos mentalmente, de la terrible situación que estaba viviendo. Sin embargo, esta estratagema no parecía funcionar demasiado bien y pronto comenzó a sentirse mareada y débil. Esforzada, sin embargo, no vio diferencia entre lo que estaba padeciendo y el calor y la deshidratación que experimentaba cuando algunos días de verano salía a ejercitarse en los bosques del condado.

Cuando por fin el Rey hizo su aparición, ambas contendientes se dispusieron al ataque. Y cuando finalmente dio la orden de carga, Motivada se apresuró a leer fugazmente una de sus frases motivadoras, que había escrito en el antebrazo de su armadura. Aunque estaba muy debilitada, aquél texto le dotó de un repentino vigor, y cargó contra Esforzada, en un intento desesperado por acabar con ella de una sola acometida, pues sabía muy bien que no podría aguantar mucho más.

Esforzada la vio venir, dio un paso atrás con la pierna derecha, arqueó la espalda, retrasó el brazo, cerró el puño, y cuando Motivada estuvo casi encima de ella le sacudió tal mamporro que la envió volando al condado vecino, donde se estampó contra el castillo del señor de aquellos lares. Cuenta la leyenda que aún están intentando despegarla de la piedra.

Finalizada la tarea, Esforzada regresó a su gimnasio y continuó trabajando durante todo el día.

Moraleja: la fuerza de voluntad se come a la motivación en el desayuno.